Gobernanza

Y es que el doctor Aguilar explica la democracia de una forma que se parece a los tiempos que vivimos. No desde el ángulo del ogro-gobierno que nos impone todo lo que se le ocurre.

Tras casi 15 años de procurar una oportunidad así, el día de hoy (ayer para los lectores) tuve la oportunidad de conocer en persona a quien introdujo a México la perspectiva de análisis de las políticas públicas, el doctor Luis Fernando Aguilar.

Como una estrella de Hollywood, no lograba aproximarse a la sala en la que ofrecería su conferencia ya que sus múltiples admiradores lo rodeaban. Como si tuviera todo el tiempo por delante, cuidadosamente atendió a cada uno de los interesados y les escribió sendos mensajes en los libros de su autoría que ahora lo serán el doble por contar con esta firma estampada en la primera página.

Al escuchar su articulada conferencia, siempre dictada en el tono de un profesor que quiere estar seguro de que sus alumnos entienden los temas tan complejos que aborda como, en este caso el de la gobernanza, se comprende perfectamente que sea, en los estándares de la Ciencia Política, una especie de fenómeno de masas.

Y es que el doctor Aguilar explica la democracia de una forma que se parece a los tiempos que vivimos. No desde el ángulo del ogro-gobierno que nos impone todo lo que se le ocurre. No desde la perspectiva de un anarquismo trasnochado, ni siquiera desde la muy mexicana pasión por el tema electoral y la garantía de que sea el voto el que respalde al cargo público.

La perspectiva de la gobernanza, postulado central de lo planteado por el académico, parte de la corresponsabilidad entre gobierno y ciudadanos. Se sustenta en la capacidad del primero por entender que no se basta a sí mismo para resolver todos los problemas inscritos en la agenda pública. Y por el músculo participativo de los segundos que deben asumirse como protagonistas de la historia que escriben con sus autoridades electas.

En este México de disparidades cabe preguntarse cuál de estos dos ejes está más lejos de ser plenamente capaz de asumir su rol. De acuerdo con lo planteado por Luis F. Aguilar, todo depende del tema específico de que se trate o de la región en la que nos ubiquemos. Mientras hay espacios sociopolíticos en los que el reinado gubernamental es absoluto ante las evidentes carencias de habilidades ciudadanas de sus pobladores, hay otros terrenos en los que la conciencia cívica expresada en acciones concretas de parte de los habitantes deja un espacio francamente acotado al gobierno. La gobernanza moderna exige equilibrio entre ambas y son las dos rutas críticas que hay que recorrer, gobiernos más capaces, eficientes y competentes. Ciudadanos más responsables, comprometidos y activos —y no solamente en las urnas, sino lo que atañe a los asuntos públicos.

Qué dicha escuchar a un académico de esta calidad. Alegría sólo superada por atestiguar una sala abarrotada por jóvenes políticos y politólogos que, estoy segura, no pudieron salir de allí sin renovar su perspectiva.

Cajón de sastre:

Me encontré con esto que escribí hace seis años exactamente. Sigo sin respuesta:

Haga usted cuentas. Multiplique 5.85 millones, por dos mil. Nos da casi 11 mil millones. Obtenga ahora el porcentaje que de 2.8 billones representa dicha cifra. Se trata de una cantidad muy marginal, apenas el .004%. 

Los 5.85 millones son el número de analfabetas en México y los dos mil son los pesos que cuesta alfabetizar a cada uno. Los 2.8 billones corresponden a lo que el Gobierno Federal presupuesta erogar durante el próximo año y el .004% es, en consecuencia, la parte porcentual que de ese presupuesto nos costaría acabar con dicha problemática. ¿Por qué no lo hacemos?

Politóloga

mhinojosa@udem.edu.mx