La hora de la verdad

Este es el momento crucial de la reforma educativa. Aunque pareciera que su clímax se dio cuando se lograron los consensos que permitieron que la reforma transitara en el Congreso, la verdad que ello no era sino un listado de buenas intenciones que podrían parar –esa ha sido la suerte de tantas leyes– en el cajón de lo inaplicable. Las declaraciones del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, en el sentido de que más de 3 mil maestros serían cesados de sus trabajos por no haberse presentado a dar clases por más de tres días seguidos, no debe de tener ningún claroscuro. Se debe proceder sin ambages a materializar la sanción, tal y como lo prevé esta ley, si no, será cosa de tiempo darla por muerta.

Me alienta saber que para este tema, el señor Nuño es un hombre con un plan. Evitar los chantajes pasa por saber, como al parecer él tiene claro, con quién se habrán de sustituir a los miles de docentes que causarán baja. Ayer hizo un inventario al respecto declarando como prestos a tomar el gis y la regla a los aspirantes a profesores que habiendo pasado el examen no consiguieron una plaza en el sistema educativo público. Listos se reportan también centenares de maestros jubilados que estarían dispuestos a continuar temporalmente con sus servicios. Se dispone también de horas muertas en los horarios de algunos profesores actualmente en servicio. Vamos, por maestros no paramos.

Lo intenso de la movilización de ayer en Morelia que impidió al profesorado michoacano presentarse a hacer su evaluación deja claro que los docentes insurrectos han percibido que ha llegado el momento de jugarse el todo por el todo. Esperemos que la misma lectura del asunto tengan las autoridades y que entiendan que en este punto no pueden retroceder ni siquiera para tomar impulso. Vale la pena hacerlo en nombre de los maestros que, ante la huelga, dieron el mejor ejemplo de patriotismo impartiendo sus clases incluso afuera del plantel.

Politóloga* 
miriamhd4@yahoo.com