Empapados

Lo relevante de las afirmaciones papales viene más adelante en la misiva, cuando dice que algunos obispos con los que ha hablado le dicen que la cosa está de horror.

Estudié la maestría en Relaciones Internacionales en la época en la que el vocablo de moda era balcanización. Creo que los habitantes de los Balcanes estaban demasiado ocupados asesinándose entre sí como para ocuparse de limpiar el nombre de su región, de la cual, de hecho, en cierto sentido abjuraban.

Así que, como nadie se quejaba porque le hacíamos mala prensa a los Balcanes, a la menor provocación decretábamos con aires eruditos que tal o cual región se estaba balcanizando, lo mismo si se trataba de las ex repúblicas soviéticas, que de una junta de vecinos alterna a la que solía encabezar algún barrio.

Cuando un término así se acuña, se evidencia también el carácter de trascendencia que los acontecimientos han adquirido. Convertirse en un genérico de la jerga internacional sólo se logra a través de eventos que hacen historia, en el más amplio y, a veces también, más doloroso sentido del término.

Por eso nos “entristece y preocupa” —de acuerdo a los términos de la Secretaría de Relaciones Exteriores— que el papa Francisco haya recomendado a su amigo, un diputado argentino, que tuviera cuidado de que no se les fuera a mexicanizar el país. En ese momento dejamos de ser un caso para convertirnos en un referente. Las palabras de Su Santidad nos dieron el banderazo de llegada en la carrera por convertirnos en la nueva Colombia.

Ciertamente un jefe de Estado no se puede expresar así de ningún país, pero aquí no era el líder del Estado Vaticano el que hablaba, sino el cuatacho del diputado. Y eso es lo que debería de dolernos: no somos parte de una expresión protocolaria del pontífice, sino de un buen deseo para un amigo. “Que no se te mexicanice el país” es un voto bastante aceptable como muestra de buenos deseos hacia quienes queremos. Porque, que se mexicanice un país, significa que esté atrapado en la corrupción, en la violencia, en la impunidad, en el desasosiego social, en la educación de mala calidad. Quiere decir que las personas desaparecen para luego reaparecer en forma de cenizas que luego, valga la coincidencia, peritos de un país que no quiere mexicanizarse te indican que no son siquiera los restos que buscabas. Que se te mexicanice el país significa que tus nacionales tengan logros sólo si hacen su carrera en el extranjero y que desde el podio en el que los reconocen externen su deseo de que México no se mexicanice.

Todo esto para decir, con toda sinceridad, que entiendo la resonancia que el que el Papa haya acuñado este término tiene en la sociedad mexicana. Sin embargo, eso no es lo más grave. Lo verdaderamente relevante de las afirmaciones papales viene más adelante en la misiva, cuando dice que algunos obispos con los que ha hablado le dicen que la cosa está de horror. Allí ya no es un simple amigo que le habla a otro, es un amigo con “contactos”, con “información de primera mano”, con, en síntesis, ganas de advertir al otro lo que pasa si no se cuida lo que se tiene.

Y es que de horrores el Papa seguro sabe. No viene de familias acomodadas ni hizo su carrera en barrios asépticos y pacíficos. El que habla es el obispo de a pie al que sus colegas le han contado que están pasando por una situación muy complicada.

Si yo fuera diputada argentina me gustaría tener un amigo como el papa Francisco. Y no porque fuera Papa, sino porque me habla con la verdad, se preocupa por mí, piensa primero en mi bienestar que en el qué dirán, y me brinda información que me puede ser de utilidad.

Pero como soy mexicana y estoy mexicanizada, lo que más quiero es que alguien que sabe ser buen amigo como Francisco sea Papa, conozca por lo que estamos pasando y rece por nosotros; ya que, a decir de los obispos, esto es un horror.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com