Construir desde el parque

Monterrey recibe la Semana Santa con un "menú" excelente de opciones para quienes se quedan durante las vacaciones, o para quienes nos
visitan.

A veces, criticar se convierte en una forma de vida. Y si se tiene la inmensa fortuna de contar con un espacio en los medios, se vuelve prácticamente una necesidad. Encontrar el prietito en el arroz, además, es tarea sencilla en un país como el nuestro con más de la mitad de la población en estado de pobreza, con gobernantes claramente más proclives a atender los mandatos de sus partidos que los de sus votantes, con ciudadanos poco propensos a participar activamente en los ámbitos comunitarios. Por eso esta colaboración es atípica, y busca más aplaudir que denostar.

Este aplauso, que creo merecido, es para la infraestructura recreativa con la que cuenta Nuevo León y, de manera muy señalada, la zona metropolitana de Monterrey. Contamos con espacios de esparcimiento al nivel de los de ciudades importantes de los de Estados Unidos a los que se suman (a diferencia de lo que ocurre en muchas de las metrópolis del vecino país), monumentos históricos que bien valen una visita detenida y que están, en muchos casos, bien cuidados y atendidos, lo que los vuelve un paseo bastante recomendable.

Monterrey recibe así la Semana Santa con un menú excelente de opciones para quienes se quedan durante las vacaciones, o para quienes las aprovechan para visitarnos. Solamente el Parque Fundidora encierra ya en sí mismo un cúmulo de atracciones tal, que no es factible agotarlas en una sola jornada. Verdaderamente el rescate que se hizo de un espacio que tanto renombre dio a nuestra ciudad, permite que ese orgullo regiomontano salga muy bien librado.

Sin embargo, nos toca ahora trabajar en la lista de tareas pendientes en torno a estos logros formidables. No podemos aceptar que estos espacios que tanto contribuyen a engrandecer el espíritu por la vía de un ocio constructivo como la visita de museos, la práctica de algún deporte o la contemplación de la naturaleza, se conviertan en un reflejo de la exclusión social que reina en nuestro país.

Para tal efecto, el tema del transporte es sin duda un elemento trascendente a considerar. Qué importa si estos espacios se encuentran a pocos kilómetros del centro de la ciudad, la realidad es que lo que está distante son las ciudades dormitorio a las que hemos confinado a un número importantísimo de nuestros conciudadanos. Para paliar esto, tenemos que trabajar en dos asuntos: una ciudad altamente conectada con transporte rápido, seguro, confiable y amigable con el medio ambiente, y espacios recreativos que constituyan remansos de esparcimiento entre los bloques multifamiliares en donde los residentes se hacinan en espacios que están lejos de reunir los requerimientos mínimos para el sano desarrollo de sus habitantes.

Asimismo, hay que asegurarnos de que el acceso a estos hitos geográficos no se vuelva prohibitivo por el precio de los boletos de entrada o, en el caso de los que son de puertas abiertas, no poblarlos con atracciones que por su elevado precio se conviertan en un escaparate de lujos ajenos al común de la población.

Debemos, además, estar atentos a las necesidades de las personas que sufren alguna discapacidad para que estos ámbitos públicos cumplan también con la función de integrarlos y permitirles su disfrute. Nos toca, en síntesis, construir una ciudad de todos y para todos, empezando por sus parques que habrán de abrir puertas para generar nuevos espacios que nos humanicen.

mhinojosa@udem.edu.mx