Cassez: El regreso

Que el "affaire Cassez reaparezca en la escena mediática mexicana puede resultar un arma de doble filo para Peña Nieto"

Hace dos años el capital de legitimidad con el que contaba el presidente Enrique Peña Nieto era otro, mucho más amplio.  No importaba si había llegado a Los Pinos con el mote de ser el candidato de Televisa, a final de cuentas, era el abanderado del revire de los mexicanos que en doce años se desencantaron de la alternancia y decidieron devolverle al PRI el poder. Parecía que la estrategia calderonista hubiera jugado contra su autor y que, al subrayar de la forma en la que lo hizo el tema de la inseguridad en la agenda nacional, haya, en su detrimento, invocado a los demonios que encarnan el temor y que nos guían, como el canto de las sirenas, al refugio del conservadurismo y el autoritarismo.

Sólo con ese capital de convicción de los mexicanos de que una huida hacia atrás representaba, paradójicamente, el futuro, es que se pueda comprender que Peña Nieto haya salido sin raspones de la impopular decisión tomada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación de liberar a Florence Cassez, la francesa acusada de secuestro y asociación delictuosa en nuestro país y condenada a sesenta años de prisión. Es cierto que fue el Poder Judicial y no el Ejecutivo el que la liberó, pero también es cierto que son pocos los mexicanos capaces de diferenciar entre una y otra de estas instancias y, sobre todo, capaces de creer que algo escape en nuestro entramado político, a las infinitas influencias del señor Presidente. Siendo así, pagar la factura de la liberación de Cassez y no descapitalizarse debe ponerse en la contabilidad del entonces recién electo Presidente de la República.

Hoy, en pleno intento de explicar lo inexplicable con respecto al caso de Ayotzinapa, la bolsa de legitimidad de la que puede valerse el Presidente para transitar en el entramado político mexicano está bastante mermada. Hoy no podría darse el lujo de liderar un país en el que se priva a los nacionales de ver podrirse en prisión a una extranjera acusada de secuestro. 

Por ello, que el affaire Cassez reaparezca en la escena mediática mexicana puede resultar un arma de doble filo para Peña Nieto. Por un lado, la narrativa de la francesa y de su abogado apunta directo al corazón de la administración de Felipe Calderón. Lo acusa de haberla “matado en vida” (como si fuera posible matar en algún otro estado) y de tutelar el montaje del que fue objeto y que es el argumento central de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, en votación mayoritaria, ordenó su liberación inmediata. Son objeto también de la demanda de quien fuera acusada de secuestro, el otrora director de la Agencia Federal de Investigaciones —y que tras la detención de la banda a la que presuntamente pertenecía Cassez fuera promovido a secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna— y su más cercano colaborador, así como la empresa que transmitió una puesta en escena que se hizo pasar como la versión en directo de la liberación de los rehenes y captura de quienes los privaban de su libertad. Visto así, algún beneficio para el gobierno de Peña Nieto pudiera traer el remembrar que el tema de inseguridad no fue menos grave durante la administración de Calderón, ni sus colaboradores menos cuestionados.

Sin embargo, recordar lo ocurrido con Florence Cassez también puede poner en perspectiva la potencial tutela o, peor aún, buenos oficios que haya desplegado el actual Presidente para que una mujer a la que víctimas de secuestro señalaron como parte del grupo de quienes los mantuvieron cautivos y torturaron, haya sido liberada, repatriada y, si su demanda llega a prosperar, indemnizada con 36 millones de dólares. El Peña Nieto de hoy no aguanta lo que el de hace dos años.

Politóloga

miriamhd4@yahoo.com