'Las Broncas'

Mucho se habla de El Bronco. Mucho también de sus broncas. Pero casi nada se dice de Las Broncas. Y no me refiero con ello a los problemas mayúsculos que pueda estar enfrentando el recién electo gobernador, sino a las mujeres que, como él, en nuestro estado, optaron por la vía independiente para presentar sus candidaturas a algún cargo de elección popular. ¿Cómo les fue en el proceso? Con ese tema participé el jueves pasado en el XXVI Congreso de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales, y les presento aquí una versión sintética de lo allí expuesto.

En el proceso de acceder a un cargo de elección popular por la vía independiente se evidencian tres fases: el registro como aspirante —para el cual lo único que se requiere es tener las ganas y la papelería mínima necesaria—. La obtención de las firmas de apoyo suficientes— con lo cual se alcanza el derecho a aparecer en la boleta— y, por último, ganar la elección correspondiente.

Hubo apenas 11 mujeres que decidieron registrarse como aspirantes (una para gobernadora, una para alcaldesa y las demás para diputaciones en diversos distritos). El número de hombres que optaron por este camino fue de 21, es decir, prácticamente el doble (uno para gobernador, diez para alcaldes y diez más para diputados). Entre las mujeres, la tasa de éxito en la obtención de firmas fue de 45 por ciento, toda vez que apenas cinco lograron su cometido: una encabezando planilla para el Ayuntamiento de San Pedro Garza García, y cuatro más en los distritos 9, 14 18 y 19. En el caso de los varones, la tasa de éxito en la recolección de firmas se eleva a un 80 por ciento, quedándose sin derecho a aparecer en la boleta apenas un aspirante a presidente municipal y tan sólo tres aspirantes a ser candidatos a diputados.

Como podemos observar, las mujeres evidencian una presunta falta de lo que los teóricos llaman "ambición política", toda vez que, aunque ellas y su registro como precandidatas no media sino su voluntad de hacerlo, su número es inferior al de los varones. Por otro lado, ya registradas, su capacidad de obtención de firmas no es equiparable a la de sus compañeros del otro género. Esto pone de relieve que la adopción de medidas legales que fuerzan a los partidos políticos a respetar el principio constitucional de paridad para todas las candidaturas que presenten, resulta mucho más efectiva para la inclusión de candidatas que si sacamos a los partidos políticos y dejamos a una suerte de laissez faire las postulaciones femeninas.

Si bien es cierto que las candidaturas independientes masculinas tuvieron una tasa de éxito de un 9 por ciento al lograr el triunfo en la gubernatura y en una alcaldía, mientas que esta cifra para las mujeres es igual a cero, creo que para obtener resultados válidos para el estudio es importante que los dos triunfos de los hombres no se tomen en cuenta en el análisis, toda vez que se trata de candidaturas fraguadas desde largo tiempo atrás con estructuras de apoyo tan grandes o iguales a las de los de los partidos. Hecha esta aclaración, podemos considerar que las mujeres que lograron prevalecer en su proyecto de ser candidatas, tuvieron una rentabilidad política prácticamente idéntica a la de sus compañeros hombres: mientras que ellas alcanzaron una rebanada del pastel de preferencias de los votantes equivalente a un 11.2 por ciento en promedio, ellos lograron un 13.1 en la misma variable. Mientras la brecha entre ellas y el candidato triunfador en su circunscripción fue de un 31.8 por ciento, la de ellos fue de 28.9 por ciento.

Siendo así, resulta evidente que las medidas para incentivar la participación de las mujeres como candidatas independientes deben focalizarse en resolver la discriminación social y la violencia política de género que permita romper la autocensura en el registro de aspirantes mujeres.


Politóloga*  
miriamhd4@yahoo.com