Articulista invitada

Saber perder

El saber perder es de las partes más admirables cuando hay una victoria.

Se pierde un día, pero se gana otro, así de simple es, pero las sociedades se han vuelto más competitivas y en un afán de establecer su dominio se desdibujan los bordes del control y van aumentando las expresiones que se vuelven violentas.

Así sucede en tiempos recientes en áreas como el futbol, una actividad deportiva y familiar que lleva a los regios contra los regios al punto de desconocer que somos conciudadanos y termina un partido con una afición que agrede a sus "hermanos" de manera artera y sin escrúpulos.

Lo significativo es que no son sucesos aislados, porque esas situaciones se repiten en muchos otros campos.

Una persona puede confundir a sus propios compañeros y atacarlos, o bien, entre colaboradores en el área laboral, quienes pueden ensañarse con sus subordinados para hacerlos trabajar de manera desbordada sin respetar sus derechos.

Otro ejemplo son las parejas que terminan con el amor para continuar en batallas cual si fueran luchadores "máscara contra cabellera", olvidando que se asociaron por amor; sin embargo, terminan dándose con todo: insultos, manipulaciones y buscando hacer alianzas utilizando a los hijos, familiares y amistades.

Debemos tomar en cuenta que perder es también un momento de concluir algo que no fue bien en ese momento. Pensar que hay que continuar con una opción diferente.

Algo que se pierde es algo que termina y es la manera de iniciar cosas distintas, buscando no repetir las mismas fallas, enfocarse en soluciones para establecer una sociedad respetuosa de la diferencia y tolerante al fracaso, porque nada es para siempre.

El ser un buen perdedor es una sensación liberadora. El cuerpo, la mente y el alma se recuperan. Es aquí cuando la vida sana las heridas y se comienza a perdonar.

Desde una perspectiva madura, el triunfo pertenece en un momento a alguno y nadie gana ni pierde totalmente, siempre queda algo y con ese resto construimos lo nuevo y diferente.

Así que lo único que no hay que perder es la memoria, con eso ganaremos la oportunidad de no repetir nuestros errores.

MIRIAM COLÍN Y VANESSA AGUILAR