Articulista invitada

Dignidad en crisis

Estando en una conferencia, un grupo de estudiantes me preguntó a qué se debía que con frecuencia algunos directivos o profesores tratan de manera indigna a sus alumnos o personal de menor rango en la institución.

Mi respuesta fue parafrasear a Confucio, quien señaló que cuando estés frente a personas dignas, debes intentar imitarlas, pero cuando estés frente a personas indignas, debemos mirar hacia el interior y corregir los errores. Esto es tener conciencia de lo que cada uno hace.

Esta interrogante me llevó a otras, ¿por qué si todos nacemos iguales en dignidad y derechos, unos abusan de la dignidad de otros?

¿Cómo podemos como sociedad acercarnos a un comportamiento más respetuoso, en el cual no busquemos someter al otro degradando sus méritos?

En pleno siglo 21, la máxima aristotélica que señala que la dignidad es el reconocimiento de merecer lo que tenemos, es un reto prácticamente imposible, pues ser humilde, discreto y equitativo puede considerarse hasta un defecto. Se debe de pensar en el mensaje que la falta de respeto pudiera dejar a los jóvenes, al advertirles que les espera un ejército armado hasta los dientes para mermar ese ímpetu de vida, su briosa mirada y sus brazos ávidos de oportunidades.

El péndulo que oscila entre una moral sin cuestionamientos y una ideología sin moral es el pan con el que cada día sortean sus capacidades, su confianza, su entrega en tantos ámbitos, alumnos, maestros, familias, compañeros, amigos.

Así también los enamorados van cayendo cegados en tratos indignos en los que pueden pasar años antes de tomar conciencia.

Pero algo más indigno es que alguien de manera indiscriminada y ostentando un poder lleno de soberbia deja a su pueblo sin una estación de radio que era su único punto para difundir cierto tipo de cultura y se confunda de manera equívoca entre ser un servidor público a ser el propietario de un medio de comunicación.

Ser gobernante no autoriza a adueñarse del Estado y sus instituciones, mucho menos creer que es dueño de un pueblo.

De nuevo me viene a la mente la frase de Confucio. Ante este trato indigno debemos mirarnos y reflexionar como sociedad y corregir nuestros errores, pues un gobernante no debe despojar a sus conciudadanos de su patrimonio cultural.