¿Para dónde van ahora las cucarachas?

La expresión del Fiscal General y del gobierno de Jalisco con respecto a los fuertes operativos de seguridad federal de hace tiempo en Michoacán para combatir al grupo criminal de los Templarios, tuvo cierto aire arrogante: “hay que blindar los límites del estado para evitar el efecto cucaracha”. Se temía, claro, que en su huída de las acciones antidelictivas, los hampones “de allá” se “filtraran” a esta entidad. La verdad es que olvidaron, o quizá disimularon nuestras autoridades que Jalisco tiene sus propios cárteles.

Lo que es más, no faltaron aquí los funcionarios, y especialmente los más proclives a la adulación, que se rasgaron las vestiduras al anuncio del gobierno de la República de que Jalisco estaba incluido en las acciones se seguridad prioritarias, junto con otros cuatro estados considerados de más alto riesgo en el país. Incluso en ese momento se argumentó que se trataba simplemente de una tarea “preventiva”, como si nuevamente se omitiera el conocimiento de que aquí tiene sede y opera desde hace varios años uno de los cárteles más violentos del país.

Desde luego que está bien que el gobierno haga llamados a la calma, pero ¿cómo tenerla cuando la población parece ser el objetivo y blanco de lo que ha sucedido? En el ánimo de los jaliscienses existe ahora una sensación de total indefensión. Se dice fácil pero para que el hampa se “luzca” con casi cuarenta bloqueos simultáneos en 25 municipios, además de incendiar más de una docena de bancos y negocios, destruya 36 vehículos y paralice 12 puntos carreteros, rutas urbanas y casi toda la transportación foránea, prácticamente sin encontrar respuesta pronta de las autoridades de seguridad estatales, en realidad es que está definitivamente cada vez más y mejor organizada.

La autoridad estatal se ha quedado corta, demasiado corta y ha sido lenta en el reclutamiento y capacitación del personal. Incluso la esperanza puesta en la denominada Fuerza Única de Jalisco parece desmoronarse tras la forma en que los sicarios del hampa pudieron emboscar y asesinar a mansalva a quince de sus elementos hace apenas unas semanas.

Generalmente se habla de los problemas como si Jalisco fuera solamente su capital y desde luego que esta clase de crisis se vive más en los medios de comunicación, pero, por otro lado, hay que considerar a los municipios foráneos, tantas veces olvidados, sobre todo aquellos que sin duda son más vulnerables puesto que ni siquiera cuentan con policías efectivas ni recursos para tenerlas. Ahí sí seguramente los delincuentes hacen de las suyas prácticamente sin obstáculo alguno. Y también lo demostraron en estos recientes ataques, muestra palpable del abandono regional.

Naturalmente que, se dirá, el hampa no nació en este gobierno, ni en el anterior o el anterior. La delincuencia, especialmente la dedicada al tráfico de estupefacientes, con sus variantes en homicidios múltiples, secuestros, extorsión, etcétera, llegó a arraigarse en Jalisco desde hace varias décadas. Solamente han cambiado cárteles, capos y algunas actividades pero hasta la población sabe de su presencia -en muchos casos la solapa- y la forma en que impone sus propias leyes para mantener la “convivencia” con la mínima interferencia de las autoridades.

Por otra parte, está visto que lo sucedido tendrá su propio impacto político, de manera directa en las campañas electorales, por ejemplo. Sin embargo, valdría la pena analizar que lo que se espera de los candidatos es ver la cuestión, no con el oportunismo de quienes podrían servirse del tema para atacar para sacar ganancia sino, mejor, de los que pueden valerse de ello para hacer verdaderas propuestas en torno a la seguridad.

También sería injusto reprobar totalmente a las autoridades locales aunque sí quedan muchas dudas e incógnitas por despejar en torno a la eficiencia de sus procedimientos. Lo lamentable de todo el alud de ataques perpetrados es que en ninguno de los casos existió prácticamente respuesta. Los “protocolos” de los que siempre habla la Fiscalía fueron sencillamente inexistentes. Y nada puede hacer sentir peor a la población que llegar a la conclusión de que se encuentra, así, llanamente, desamparada.

Lo inexplicable es que se trata de organizaciones criminales de sobra analizadas y detectadas. MILENIO da cuenta en sus páginas de cómo sus líderes llegaron a ser apresados y encarcelados en Estados Unidos y luego liberados; de la forma en que han establecido su base en Jalisco, de su rivalidad mortífera con los zetas desde su fundación “oficial” a partir de Nacho Coronel. El pasado día 8 se había alertado desde EU sobre su peligrosidad y apenas el día 19 siguiente se reconoció públicamente como “el cártel más peligroso del país”.

Así de grave es la situación. Las “cucarachas” locales eran bastante conocidas y ahora es Michoacán el que anuncia su blindaje con Jalisco. Por ello habrá que esperar que esos extraños “celos” y soberbias que afloran cuando se habla de la supuesta suficiencia estatal para enfrentar al hampa, cambien hacia una auténtica coordinación con las autoridades federales y en particular con las fuerzas armadas que, por su lado, también fueron sorprendidas y victimadas con el primero de los ataques de un primero de mayo que no olvidarán nunca los jaliscienses.

 

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