El último “tango” en París

Desde luego nada que ver con la en sus tiempos más que famosa película de Bertolucci ni de sus escenas “hot” que escandalizaron a la sociedad setentera de todo el mundo por las actuaciones de Marlon Brando y sobre todo a su joven contraparte femenina, María Schneider que, dicen, llevó hasta su muerte apenas hace unos años, la “maldición” del film. Nada, solamente la referencia a otra clase de escándalo, esta vez protagonizado por Enrique Peña Nieto quien nos ha resultado gran aficionado a las pompas europeas y que, junto a su guapa y despreocupada esposa, insisten en pretender dar al país una imagen diferente a la de los brutales contrastes que aquí se viven.

De su reciente viaje a Francia podrán haber resultado algunas cosas buenas y ojalá y así sea porque las comitivas de centenares de cortesanos e invitados, como los que también fueron convocados a las fastuosas bienvenidas en Gran Bretaña, habrán de justificarse de alguna manera. París, sin embargo, fue el banco de niebla en medio de las turbulencias que se vivían en este lado del mundo tras la inexplicable e inexplicada y hasta ahora tan poco convincente fuga del capo de capos de México y quizá del mundo.

Así, mientras Peña Nieto y su agraciada consorte se esmeraban más en atuendos y etiquetas, mientras sonaban las fanfarrias de los “grenadiers” franceses por los Champs Elysées, el país sufría la terrible afrenta, una más, a la sociedad y a sus instituciones. Tal pareciera en ocasiones que se llevaran vidas diferentes y paralelas entre las aspiraciones palaciegas de los Peña y el mundo de la realidad. Casi como Maximiliano y Carlota desde la atalaya de Chapultepec observando abajo a los mortales sin tener idea de sus carencias y sufrimientos.

De algo hay que estar ciertos: le faltan consejeros al Presidente, de los buenos claro ya que abundan incondicionales que siempre le favorecen. La verdad es difícil creer que a estas alturas del sexenio exista tal deterioro en una administración. Que se recuerde, todos los presidentes llegan a ese punto de quiebre pero sucede generalmente en la parte final de la gestión, cuando asoma el desgaste, afloran los errores y, también, cuando las mentes están puestas en la sucesión y renovación de líderes. Nunca, tan pronto y, definitivamente, esto no sucede solamente por mala suerte.

No es únicamente el tema de la famosa fuga –un hito mundial que nos reflejará y estigmatizará eternamente– sino la serie hilvanada de crímenes a los que no se les ve fin, de la preponderancia del delito y los delincuentes sobre la justicia, de la inseguridad galopante. Cierto que el sexenio enfrenta inconvenientes inesperados como la baja del petróleo (Fox vivió en este tema casi en el paraíso) o las debacles financieras internacionales pero si a todos los males anteriores se suman la disfrazada devaluación del peso, las persistentes muestras de corrupción, la impunidad de los funcionarios pese a su ineptitud o deshonestidad, la culposa insolvencia del gobierno, la falta de circulante para atenazar la inflación, la desaceleración  de la industria, las fallas en las cacareadas reformas estructurales, para nada resulta extraño que la resultante sea que la pobreza crece. Y esto no se debe a que se reproducen las clases menos favorecidas, simplemente no es lo que nos prometieron.

Y bien podría agregarse que el Presidente no está solo, le hace seguimiento una de las peores clases políticas de todos los partidos y colores. No hay, no se ve por dónde este sexenio retome finalmente el rumbo. Si acaso las decisiones en torno a frenar los desmanes y latrocinios de la CNTE pudieran ser indicio de que hay voluntad de imponer el derecho y el orden. Claro, si es algo que se llega todavía a demostrar con los hechos pese a nuevas presiones y chantajes.

La vida del país no tiene el color de la vida en rosa parisina. Aunque hay que reconocer que la vida privada es un derecho de todos, incluido el Presidente, se perciben imprudentes las frecuentes manifestaciones de frivolidad en su familia. Su esposa no es funcionaria ni está obligada a cubrir tal rol pero la imagen que en un principio daba era sana y produjo la simpatía necesaria para apoyar la candidatura de su esposo. Ahora todo ha cambiado desde su desafortunada justificación pública de la “casa blanca”, de su esmero por las portadas de revistas del “jet set”, de sus frecuentes viajes al extranjero, de sus vestuarios, de algunas extravagancias, incluso hasta los caprichos de  acompañar a su marido a todo acto en el extranjero –prudente hubiera sido realizar el viaje a Francia sin la compañía de su esposa pues por  tan solo protocolo para  estar en igualdad de circunstancias que su homólogo el presidente  Hollande–. A nadie le importaría si compra en Beverly Hills, si se baña en Miami o si se toma un café en Verona. El problema es que todo un país la ve en su vida de telenovela –lo suyo, sin duda–, mientras la nación empobrece, entristece y desespera.

Nuevas generaciones están tomando nota de todo ello. En vez de buscar aliados en la onerosa publicidad de algunos medios, insistimos, el Presidente lo que necesita es consejos, opiniones válidas que le induzcan a mejores tomas de decisiones. Casi a un mes de que rinda su -¿apenas?- tercer informe, Peña Nieto enfrenta una situación difícil, complicada en muchas vertientes. Todo ello augura años en los que la respuesta que esperan los mexicanos a los problemas, no será fácil. A estas fechas, en 2014 las encuestas ya marcaban una reprobación del 51 por ciento a la labor del mandatario. Ahora ¿cómo andarán?

Ojalá y haya reconsideraciones y cambios drásticos. El país quiere un líder, no dictadores, caudillos ni profetas. Ojalá y el Presidente haya vivido ya su último “tango” en París porque al entrar en la segunda parte de su gestión cada vez será más difícil reencontrar el camino y cumplirle, como debe, a todos los mexicanos.

 

miguel.zarateh@hotmail.com  

Twitter: MiguelZarate_12