La seguridad y el 2015

Por más que se quiera no puede uno dejar de caer en la tentación de relacionar lo que pasa en el gobierno con lo que sucederá en las elecciones de 2015. Es frecuente que sea la única forma de explicar lo inexplicable, como la serie de reacciones “inmediatas” que se están observando ante los hechos que más impactan mediáticamente a la sociedad. Así sucedió con el tema del transporte y que, como consecuencia de una tragedia –de magnitud, pero la verdad nada rara anteriormente–, se provocaran tantos cambios y medidas que cabe la pregunta de si no hubiese sido mejor aplicarlas en forma preventiva.

Ahora bastó con saltar a las primeras planas de los diarios nacionales y a los encabezados de las cadenas de televisión del país con lo sucedido en el estadio Jalisco, para que nuevamente cayera parejo el guillotinazo y, además, se tomaran quién sabe cuántas medidas para impedir más violencia y vandalismo en el graderío. Bueno, al grado de que hasta los legisladores federales se ocuparan del asunto y presurosos lanzaron nuevas leyes al respecto. Sin embargo, sobre el aspecto de seguridad pública está demostrado que las cosas no se resuelven simplemente cortando las cabezas más visibles, obvias y disponibles a la mano. Mientras que las autoridades sacan sus espadas flamígeras, lo cierto es que los problemas de seguridad siguen tan vigentes como siempre y en ocasiones peor. Entonces, ¿a qué vienen tanta alharaca y acciones fulminantes? ¿Existe un plan municipal que de la cara a la delincuencia?

Bastó el escándalo provocado por una turba que victimó a un pequeño grupo de guardianes que no tenían ciertamente ni la menor idea de cómo acatar la orden superior –muy superior– de “paren las bengalas”, para que en forma súbita se descargara todo el poder, se armaran ahora sí gigantes operativos ahora sí preventivos y, desde luego, se destriparan los mandos.

Sin embargo, sin restar importancia a esos hechos, la verdad no es cosa menor lo que sucede a diario en las calles, delitos de toda especie que, por su falta de espectacularidad, quizá no llegan ni siquiera a ser considerados para notas de relleno en los medios pero que ofenden y lastiman más a la sociedad. Asaltos a establecimientos, atracos de todo tipo, robos de vehículos, actuación todavía casi impune de los motoladrones, número creciente de robos a casas habitación, narcomenudeo, además de daños de muchos otros tipos al patrimonio y a las personas.

Lamentablemente son tan cotidianos todos esos delitos que, pese a su pasmoso incremento en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), no llegan a los titulares principales ni salen en el noticiero nocturno y, a veces, ni siquiera son objeto de investigación alguna por el Ministerio Público. Tal parece que brilla por su ausencia cualquier tipo de planeacion o estrategia para combatir lo que sucede día a día. Para esto no hay actuaciones protagónicas de la autoridad que, más bien, se evidencia en sus recelos y contradicciones como pasó entre la Fiscalía General del Estado y el Ayuntamiento de Guadalajara con el caso del estadio. Tal pareciera, a fuerza de rebuscar interpretaciones, que el gobierno en sus distintos niveles solamente actúa con firmeza cuando tiene encima la presión de cierta clase de opinión pública, como si se temiera al futuro, como si preocupara más una imagen que tuviera consecuencias en las urnas del 2015.

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@MiguelZarate_12