San Francisco y las próximas elecciones

Por sabido se daba que la realización de la Línea 3 del tren eléctrico tenía sus tiempos medidos principalmente para que fuera una obra a debutar dentro de esta administración federal, generadora y realizadora de los trabajos, lo cual naturalmente se muestra congruente, pero… el punto es cuando también influyen en el esquema programático otros tiempos, los políticos. Y es entonces cuando ya no se trata solamente de concluir para entregar en la gestión sino, paralelamente, obtener de ella el usufructo político correspondiente. Los votos, dicho sea claramente.

Con todo y las diferencias y críticas que los ciudadanos jaliscienses tienen y sienten con el gobierno de Enrique Peña Nieto, hay y habrá agradecimiento indudable por el esfuerzo para que la zona conurbada cuente con un transporte de primer nivel que venga a paliar las penurias vividas en este crucial aspecto durante décadas de descuido y hasta olvido. Si, como está previsto, los trabajos culminan puntualmente, digamos antes de la elección del 2018, una vez hechos los protocolos inaugurales del servicio, al menos en teoría el gobierno priista esperaría una positiva respuesta de los agradecidos beneficiarios, en las urnas por supuesto.

Y el gobierno de Peña no esperaría menos ya que, de paso, dicho provecho electoral también tendría –otra vez en la teoría-, consecuencias en las elecciones locales para gubernatura, municipios y diputaciones federales y estatales. En la mercadotecnia política, habría que subrayar que lógico para el PRI lo importante es ganar votos a nivel federal. La suma de los sufragios obtenidos en este estado, terminaría siendo muy relevante para la contienda y, como se ven las cosas de difíciles para el tricolor, una de las entidades “salvadoras” sea posiblemente Jalisco por su importancia poblacional.

Ahora veamos, ¿qué tiene que ver todo esto con lo que pasa o puede pasar al templo de San Francisco? ¿Por qué vemos preocupación más allá de lo normal entre los funcionarios federales y estatales en torno a que nada, pero absolutamente nada, retrase las obras del tren?  El asunto pasa a ser crítico. Hay que terminarla y ponerla en operación sea como sea ya que, cuando se planeó dicha línea, nunca se pensó en la debacle en imagen pública del gobierno peñista como, hasta cierto punto, tampoco se advertía el grave riesgo del PRI en Jalisco de un contrincante que tiene todo para arrebatarle el gobierno estatal, más ayuntamientos y los demás puestos de elección popular, quitando así la oportunidad de sacar partido de una obra reconocida y apreciada por los jaliscienses pero ya no tan posible de que tenga para el Revolucionario Institucional el efecto anhelado.

Pareciera que este aspecto es lo que mueve al director del Siteur, Rodolfo Guadalajara, quien, como quien quiere quitarse una mosca, pretende dar carpetazo a los daños ya sufridos y otros más temidos, en la estructura del templo que, como todo mundo sabe, se encuentra encima precisamente del túnel excavado para el tren eléctrico. Minimizando unas veces, otras con tono incluso de burla, el funcionario parece ante todo cumplir la consigna de que “nada ni nadie” puede entorpecer –a su manera de ver las cosas-, la continuidad en unos trabajos que, en cualquier modo, se antoja bastante complicado entregar “a tiempo”.

Sin embargo, una vez que el licenciado Guadalajara que por su desempeño administrativo por parte de la autoridad estatal ya se siente con la calidad profesional para menospreciar el juicio -no de su servidor si no- de reconocidos técnicos, que no son de ninguna nómina y sin los compromisos políticos que invaden la conciencia de otros, han mantenido puntos de vista muy difíciles de refutar y que responden a las inquietudes y preocupaciones de los monjes franciscanos sobre la consistencia del templo –que mantienen todavía cerrado al público-, con un sentido de responsabilidad que en apariencia ni siquiera ha mostrado el mismo Arzobispado de Guadalajara. Están solos en esta profunda inquietud los franciscanos, como lo están también los ingenieros y especialistas que coinciden en que el tema no es fácil, ni se acaba de un plumazo como pretende el director del Siteur, que no hace sino evidenciar que acabar a toda costa y sin demoras es orden directa de Peña Nieto, de Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT y  también del gobernador Aristóteles Sandoval.

Si fuera solamente por cumplirle a los jaliscienses, cabría apreciar su actitud como lógica pero, más bien, en el caso del templo de San Francisco la politización salta a la vista. Y lo grave de todo ello es que avanzando la tuneladora, lo que a estas alturas ya sucedió, “minimizar” el problema estructural que existe y justificar la situación con la argumentación de que “es un templo viejo, muy viejo y los daños los trae de tiempo”, paradójicamente entraña irresponsabilidad si precisamente por sus características habría que haberle dado la protección pertinente. Pero no se pensó así en su momento y, ahora, hay que seguir “a como dé lugar” para cumplir con los tiempos pero ojo, mucho ojo pues ahora como una superficial manita de gato hay propuestas donde pretenden  colocar un simple calafateo, sellado e impermeabilización  en grietas de modo provisional, esto significa que no sería resuelto el problema y borraría  los registros que se tienen en el exterior que marcan la evolución de las fisuras, la verdad es que se están exponiendo a un evento contundente que no deje entonces lugar a duda acerca de la incompetencia con la que se ha llevado este asunto.

La línea tres es de innegable importancia para los jaliscienses pero quizá la premura haga correr riesgos a San Francisco, o provocar una tragedia. Esto, porque la política interesada no conoce razones y por ello menosprecia la verdad aunque la tenga enfrente.

miguel.zarateh@hotmail.com

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