Para rescatar el Corona

Reducido casi a un simple terreno plano, el mercado Corona sobrevive a su propia destrucción y clama, desde el fondo de su historia y tradición, por una resurrección más congruente con el momento que vive la ciudad y con la oportunidad de ser factor en las aspiraciones de densificación y reordenamiento del centro histórico.

Ya la tragedia fue suficientemente digerida y los afectados directos, locatarios en su gran mayoría, ubicados mal que bien al alcance de las posibilidades impuestas por un hecho desde luego imprevisto y sin precedente. Ahora falta que verdaderamente los dichos de la autoridad municipal se traduzcan en un resurgimiento con base a un proyecto con auténticas perspectivas técnicas, funcionales e incluso estéticas y también ambientales.

Ahora que se ha presentado tal situación, es de esperar que no se tome como una reconstrucción emergente, sin replantear antes todas las opciones para que dicho mercado constituya uno de los ejes en los que puede girar un plan general de renovación de la zona centro.

Fue el propio presidente municipal, Ramiro Hernández, quien lanzó la iniciativa para que la mencionada reconstrucción se haga a base de consensos, con la participación de técnicos y especialistas. Esto es definitivamente lo deseable y hay que confiar en que la propuesta vaya mucho más allá de la coyuntura política para convertirse en realidad. Pero, claro, para ello se requiere también la voluntad a fin de que la elaboración del proyecto definitivo se haga sobre principios claros y transparentes.

Para empezar, hay que considerar, además de lo anterior, el hecho de que el mercado Corona no fue un inmueble cualquiera. Vivió varias épocas históricas y arquitectónicas y, de suyo, pasó de esta manera a formar parte de la convivencia, de las tradiciones y de la identidad tapatía, como lo son otros edificios emblemáticos e icónicos en el centro urbano de la capital jalisciense.

Así que la tarea, por donde quiera que se le vea, no se aprecia nada fácil ya que, como lo apunta Ana Lucía González, también hay que tomar en cuenta los elementos culturales, la pertenencia, memoria, recuerdos, creencias y simbolismos. En otras palabras, es de advertir que el mercado en cuestión forma parte de la cultura y del patrimonio inmaterial de Jalisco.

Mejor hay que ver que el mercado “del centro”, constituye ahora y por la eventualidad de lo acontecido, en toda una oportunidad. Dicho de otra manera, las autoridades municipales pueden revertir una pésima impresión en cuanto al mantenimiento y otras cuestiones que provocaron un siniestro, aunque los problemas vinieran desde otros tiempos, para convertirse en una ocasión única para mostrar cualidades de decisión política y administrativa que bien pueden arrojar muchos puntos positivos a la presente gestión del Ayuntamiento.

Para rescatar el Corona habrá, entonces, que atender a los planteamientos que resulten del comité técnico que definirá el destino de este espacio. Además, por supuesto habrá que tomar en cuenta las condiciones financieras y, por si fuera poco, el tiempo que va un tanto a contracorriente del avance de la administración e incluso de los tiempos electorales del año próximo.

Este rescate, por ello, se convierte en uno de los más grandes retos del actual gobierno municipal del PRI pero hay que atenernos a que se evitarán las simulaciones y el proyecto emergerá de un comité que, desde ya, tendrá su parte en tan importante decisión que ahora se perfila hacia el futuro.

 

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