Nuestros políticos resultaron más papistas…

Imposible dejar de lado el suceso. Desde luego que la visita papal acaparó los medios del país en una cobertura que en seis días llegó a lo más elevado en los pronunciamientos del Pontífice pero que, sinceramente, también constó de larguísimos intermedios en los que los conductores de televisión resultaron lo más tedioso y aburrido de la semana. Pero, al margen de todo, ni duda cabe que a los mexicanos y al mismo Papa les recetaron los políticos y algunos artistas y personalidades, lo más granado de su oportunismo y, sobre todo entre mandatarios, incongruencias y poco respeto institucional.

En esto último se fueron las cosas al otro extremo de cuando se cuidaban al menos las formas para mantener una postura que correspondiera a la identidad de un estado laico. Entiéndase que nada tiene de reprochable que muchos de nuestros actores políticos profesen la fe católica o cualquier otra pero la verdad pareciera que encontraron el momento de aprovecharse para "hacer puntos" en favor de su desgastada imagen pública.

Tampoco es extraño que un mandatario luzca sus creencias ante el público pero ¿realmente era necesario que el Presidente de la República acudiera a recibir la comunión en una multitudinaria misa? ¿Lo hará igual en la parroquia más cercana a Los Pinos? Cierto que quizá ya pasaron los tiempos en que la separación Iglesia-Estado obligaba a una distancia entre prelados y pontífices y los gobernantes mexicanos, pero lo visto en estos días manifiesta un exceso de protagonismo más que su acendrada religiosidad tan espontánea. Esto sin contar los consabidos revolcones de Benito Juárez en su tumba.

El laicismo -que no es anticlericalismo-, pasó a la historia. Ya lo vimos. Sin embargo, ninguno de los políticos quiso pasar inadvertido ante tantos millones de fieles que seguían las transmisiones. Había que figurar y la ocasión no era para desperdiciar oportunidades. Vamos, el mismo Presidente con todo y recepción "de Estado" y en Palacio Nacional, soltó aquello de que México es "un pueblo orgullosamente Guadalupano". Ahí, donde normalmente se llevan a cabo honores de ordenanza a los jefes de Estado, ahora se dieron cita políticos y figuras sociales de todos colores y sabores, como en informes de gobierno y cosas por el estilo. No faltó el gobernante que procuró desde el beso al anillo papal hasta tomarse una "selfie".

Y en los estados que visitó el Papa no fue nada diferente. Al contrario, Eruviel Avila proclamó ser "católico, apostólico, mexiquense y guadalupano" y al gobernador verde -en muchos sentidos- Manuel Velasco Coello, no le cayó el veinte de los llamados papales a acabar con la discriminación de todo tipo a los indígenas chiapanecos, mientras apartaba filas completas "vip" para su familia y allegados en la visita del Papa. Con detalles como estos estuvieron llenos todos los eventos: niños Vips infiltrados en hospitales, fotos familiares y el exceso de participación de autoridades en la visita pastoral del Papa Francisco.

Ni qué decir de César Duarte en Chihuahua y aunque realmente el más formal en su papel como gobernador, Silvano Aureoles fue tal vez el que más gastó en preparativos y propaganda para la visita de Francisco a Michoacán, dicen que en el orden de los 330 millones de pesos. Y eso que se queja constantemente de una deuda heredada por más de 30 mil millones de pesos. Renglón aparte merecería el ya habitual oportunismo de Andrés Manuel López Obrador, quien a distancia se la pasó echando porras al Papa porque, según dice, vino a restregar a los políticos mexicanos los perjuicios de sus corruptelas.

Y aunque da hasta flojera mencionarlos, no fueron pocos los artistas que igual "lucieron" su profunda fe católica. Algunos de ellos, previamente convocados por la Primera Dama para el famoso canto de la "Luz" que nunca prendió, también sirvieron de comparsa a un intento más de la esposa del Ejecutivo por abrir espacios en el mundo de donde ella misma provino, a su hija Sofía Castro. Y a ello no faltaron las estrellas de Televisa (¿por qué será?) y algunos vetados de la misma como Pedro Fernández y Lucero, quienes dieron la bienvenida al Papa a su llegada y hasta con insistencia después, como Belinda que se hizo la graciosa luego de abrirse paso ventajosamente entre sillas de ruedas para "estrechar" la mano del pontífice.

Vamos, no hubo recato ni siquiera en los entusiastas que esperaban afuera de la Nunciatura pero que, salvo excepciones muy contadas, no eran sino grupos de privilegiados que ostentaban sus uniformes de escuelas de ricos de la capital y que cuidadosamente eran seleccionados para acceder al área de la lujosa casa del representante papal en la colonia Guadalupe Inn.

Mejor, claro, es quedarse con las imágenes y mensajes del Papa Francisco a quien muchas cosas seguramente no le parecieron pero que, él sí, dentro del protocolo y la diplomacia, cumplió con su misión pastoral, bastante importante en tiempos en que el catolicismo se ve amenazado por otros credos en el país.

Pero de lo que él habló, tan vital de acometer como la lucha contra los peores males del país, e incluso la necesaria unidad episcopal a la que aludió (¿lo oirían bien Onésimo y Norberto?), al despegar el avión del aeropuerto de Juárez, quedaron atrás muchas cosas donde mismo, mientras los políticos hacen oídos sordos, que hacen parecer que la virgen les habla, guardaban bendiciones y rosarios en espera de la próxima oportunidad de figurar y hacer protagonismo, a costa de lo que sea y de cualquier tipo.

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