De la buena a la mala política

Diferentes, sin vinculación alguna, pero sin duda buenos ejemplos de la forma de hacer buena o mala política, dos sucesos han sobresalido recientemente en el medio jalisciense. Por un lado, una figura que en principio no se consideraba capaz de hacer algo más que haber ganado una diputación por la vía independiente y, por otra, un empresario que, según parece, desde la atalaya de un organismo público-privado-social, se apronta de manera intempestiva a sumarse a las filas del morenismo y, desde luego, no se descarta para nada de figurar en la papeleta como aspirante a la gubernatura del estado.

Veamos primero el caso de José Pedro Kumamoto Aguilar. Nieto de un inmigrante japonés de la pre-guerra y quien osó desafiar el partidismo jalisciense para convertirse en el primer diputado independiente del Congreso del Estado. Sin embargo, cuando se pensaba que no sería más que un peregrino en el árido desierto infestado de toda clase de alimañas y alacranes, pues lanza una iniciativa que, por razón lógica, tenía que poner a pensar y quizá a temblar poderosas estructuras que sostienen a los organismos políticos más importantes de México. Un tanto difícil de asimilar para la mayoría por su simple nombre, la iniciativa “Sin voto no hay dinero”, entraña quizá un reclamo de lo más ferviente entre los ciudadanos: que acabe ya la exacción y saqueo que hacen los partidos de los fondos públicos.

Y, efectivamente, dicha iniciativa no hace sino claras, muy claras las cuentas de lo que deben recibir tales partidos. En vez de seguir la fórmula distributiva basada en el padrón de votantes registrado, se daría en función de los votos reales y válidos recibidos. La verdad, los organismos no tendrían por qué ser beneficiarios de todos sino de aquellos que les manifiestan su apoyo. Aplausos, generosos respaldos morales, sonrientes y gratos con el joven legislador, en el Congreso de la Unión se las han ingeniado para darle la vuelta ya que esto implica algo muy simple: los partidos que reciben hoy 4,500 millones de pesos de los mexicanos, acaso recibirían menos de la mitad. Según la actual fórmula, así a los partidos hasta les conviene que la gente no vote, es decir, que mejor cunda el abstencionismo.

Esto, naturalmente, no le quita a Kumamoto haber emprendido su quijotesca pero muy consciente empresa, habida cuenta de que, para él, no es nada nuevo ya que ganó en campaña su posición con un apoyo oficial de 18 mil pesos contra 240 mil que le otorgaron los ciudadanos directamente. Así de bien y de buena, realmente, debería ser la política.

En otro sentido, el empresario Jaime Enrique Michel Velasco, en uso sin duda de todo su derecho ciudadano, proclamó hace poco su intención de sumarse al morenismo y, de plano, contender en su momento bajo la sombra lopezobradorista, a la gubernatura del estado. A Michel todo mundo lo conoce y sabe que es capaz de muchas cosas producto de un cierto temperamento excéntrico que le permite su prosperidad económica pero la cosa no sería tan seria a no ser porque casi cumplirá como presidente ocho de los doce años que tiene el Consejo Económico y Social del Estado. Organismo al fin de sobra cuestionado por vivir de fondos públicos y más que nada por sus escasos, muy escasos resultados reales, el CESJAL prácticamente entró en crisis con tal anuncio.

Y no es que todo haya sido culpa de Michel. En verdad el CESJAL está muy lejos de cumplir los objetivos planteados desde su fundación el 13 de mayo de 2005, bajo el gobierno de Francisco Ramírez Acuña, pero con la promoción intensa de algunos de los organismos empresariales que ahora promueven su desaparición. Lo cierto es que el CESJAL nunca ha sido desvinculado del tema político, aunque anteriores presidentes como Eduardo Orendáin Giovanini, al que prácticamente empujaron a la puerta de salida o -en los buenos tiempos del consejo- Tomás López Miranda, sean también empresarios.

Cuando empezaba el gobierno de Aristóteles Sandoval, las cosas pintaban muy bien para el CESJAL. El mismo Gobernador lo apuntalaba no sólo con el respaldo presupuestal sino con la esperanza de fuera un factor real para la competitividad y desarrollo del estado. Vamos, qué otra cosa podría esperarse si se trata de un organismo único, en el que participan todas las cúpulas, centrales obreras, principales universidades y organismos no gubernamentales. Pero, ahora el panorama se enturbia, las declaraciones de Michel llevaron a COPARMEX, Consejo Agropecuario, Unión de Comerciantes de Abastos y otras que andan en esas, a separarse del CESJAL. Asoma, quizá la reestructuración, o la muerte.

Michel, antiguo baluarte priista en Tlajomulco y quien fuera incluso galardonado hace un par de años por el propio Gobernador por su labor de empresario, ahora da el giro al timón, se adelanta, sabrá Dios si con el conocimiento del propio López Obrador quien para variar se beneficia de todo, a una determinación política, irrebatiblemente personal pero, naturalmente, tan mala que está a punto de hacer zozobrar el de por sí dañado CESJAL que  no por ineficaz, deja de ser para siempre, porque en verdad lo fue en su momento, una buena idea.

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