Hacia una planeación metropolitana

La conurbación constante de la capital jalisciense y su área metropolitana ha sido motivo de algunos acuerdos intermunicipales para subsanar los graves problemas derivados del crecimiento desmedido. Sin embargo, en la mayoría de los casos se ha fracasado, como fue el intento de “metropolizar” la seguridad pública o la del manejo de residuos y, en otros, la politización ha también impedido consensos para encontrar soluciones a diversos puntos críticos derivados del propio desarrollo de la urbe, y sí hablamos de planeación urbana, eso se dejó de hacer hace ya varias décadas (o por lo menos se dejó de hacer como debería ser,  de una manera coordinada entre los municipios que conviven a diario, donde sus ciudadanos consideran que  viven y sufren una sola ciudad, la gran Guadalajara).

Hace poco más de tres años se despertó la inquietud que, en ese tiempo sembró la asamblea por la gobernanza metropolitana,  a efecto de que se lograra implementar lo que dice la ley –entonces recién aprobada–, en lo que toca específicamente a planeación y coordinación de las metrópoli, para lograr formar una institución capaz de planear, proponer, regular y abrir oportunidades a la atención de los problemas comunes. En ese tiempo las condiciones no se habían dado del todo, aunque sí se trató de que a esta intención se sumara el cuidado de que participaran básicamente ciudadanos y especialistas. Empero, en esa época, por cuestión    quizá de las diferencias políticas, sólo se logró iniciar con el trabajo de conformar lo que sería la base de este instituto; la tarea se dificultó al grado de que los primeros integrantes del proyecto original se fueran alejando del mismo.

Solamente la fuerza de voluntad mantuvo en firme el propósito, y esto debe atribuirse sin duda a Alberto Orozco Ochoa, quien está a punto de consolidar lo que hasta hace poco era tan sólo un anhelo: El Instituto de Planeación Metropolitano; para esto, ya se aprobó, en días recientes, el convenio y los estatutos correspondientes por los cabildos metropolitanos.

En los próximos días se reunirá así la junta de coordinación metropolitana, formada por los ocho alcaldes involucrados y el gobernador, a efecto de designar al secretario técnico del organismo y es de esperar que en ello se actúe con la justicia y conveniencia de que la encabece su forjador.

Oportunidades grandes podemos esperar si prevalecen criterios técnicos y sociales por encima de los intereses políticos, que suelen hacerse presentes en forma oportunista casi invariablemente. Los beneficios que pueden resultar de la nueva institución –que sin duda serán muchos-, pueden truncarse si, por ejemplo, los integrantes de lo que será el Consejo Ciudadano Metropolitano, dos por cada municipio, dieciséis en total, no son escogidos apropiadamente.

Esto implica que tales ciudadanos tengan requisitos básicos como representatividad genuina, o sea, cierto liderazgo que emana de los propios vecinos, la presencia de organismos empresariales o sociales, la profesión, etcétera. También ha de considerarse la identidad con el municipio representado, es decir, que realmente viva y sienta sus necesidades a partir de la territorialidad. Y por último, una condición no menor en importancia sería la especialidad, que parte del conocimiento técnico de los problemas.

Si en vez de ellos cada alcalde se propone alterar esta línea de intención, obedeciendo a criterios e intereses distintos a los de los ciudadanos, difícilmente se podrían lograr las metas propuestas.

Hay que tomar en cuenta que en el IPM intervendrían desde luego las autoridades responsables dentro del denominado Consejo Consultivo. Donde participarían los titulares de las secretarías estatales relacionadas y, naturalmente, dependencias municipales relativas, como las de obras y servicios públicos.

El éxito dependerá también de que sea factible la verdadera coordinación. Pero hay que recordar y tener presente que se tratan de alcanzar objetivos de interés general y, de igual manera, recordar que será tal instituto la última instancia para dictaminar, lo cual evidencia su alta responsabilidad, además de que habrá de gestionar recursos y establecer los mecanismos de coordinación correspondientes.

Es de desear que el Instituto de Planeación Metropolitana logre sus fines. Es lo mejor que le puede pasar a esta conurbación que ha sufrido los estragos del desorden histórico. Ante sí, ahora está la oportunidad de hacerlo eficaz para que sean viables sus beneficios, se aprovechen al máximo los recursos y el ciudadano, a fin de cuentas, obtenga mejores servicios y bienestar social.

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