Los paladines de la moral

Hace poco llamó mi atención un análisis de Liébano Sáenz en su columna “Paralaje” sobre el hecho de que la “doble moral” se ha instalado a plenitud en la política nacional (Milenio 25/marzo). Cita varios casos, pero, a fuerza de contemplar nuestra realidad presente, efectivamente el tema no es nada aislado sino terriblemente frecuente. Noticias recientes corroboran la actitud que asumen los políticos para endilgar culpas a otros sin recato ni reconocimiento de las propias. Veamos al gobierno de México, cada vez más hundido en el descrédito, pero, eso sí, levantando las banderas de la democracia ante la debacle de una nación como Venezuela.

Y no es que estemos ajenos a la intención evidente de formalizar una dictadura, sólo que nuestro régimen está lejos de ser el que pueda lanzar las primeras piedras. Nos duele profundamente lo que allá acontece, más lo que se anticipa; sin embargo, a los gobernantes mexicanos no les queda vestirse de paladines. Además, dado que México fue de hecho el forjador de la célebre “Doctrina Estrada”, que entraña el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, pues no le queda andar a medias tintas: o rompe relaciones -lo que sería más congruente-, o mejor se calla. Ya no digamos con la otra nota espectacular sobre la revelada primera entrevista telefónica de Peña Nieto con Donald Trump. En general, ciertamente se ve al Presidente mexicano más coherente y conciliador que su homólogo estadounidense pero de que éste quiso humillar, exigir, condicionar y hasta amenazar y extorsionar, con la suavidad que se le quiera ahora dar, ni duda cabe. Precavido Peña con los grandotes, muy macho con los más pequeños, dirían en la escuela.

Ahora veamos otro caso más que evidente. Al mesiánico aspirante presidencial por Morena, Andrés Manuel López Obrador, ya le andaba por salir al “rescate” de su delegado en Tláhuac, Rigoberto Salgado, lanzando su flamígero ataque a la “mafia del poder” por estar tratando de desprestigiar a su impoluto movimiento, esta vez encarnado en dicho funcionario. Pero, al paso de los días, mientras más se le encuentran cochupos y malversaciones al delegado, propiedades inexplicables, etcétera, resulta más creíble que, a su amparo, la verdadera mafia, la de los capos capitalinos, trabajara libremente en su regazo. Pero López Obrador, líder indiscutible de sondeos y encuestas, apartó su mirada de caudillo hacia otro lado, mejor practicando sus dotes de gran diplomático en Chile y en Ecuador. Pero no es raro que esta amnesia le llegue al “Peje” cuando ya no le conviene. Se le olvidó ser el promotor en su momento del tristemente célebre ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca y hasta de su amiga diputada morenista Eva Cadena, la famosa “recolectora” de sus campañas.

Pero en Jalisco también hay abundantes ejemplos de los que resulta difícil escoger. Para variar, los tentáculos de la mil veces impune SCT y su titular, Gerardo Ruiz Esparza, no se quedan en la malhadada obra del “paso express”, de la que el supersecretario se siente tan moralmente solidario hacia las víctimas, y se hacen presentes en la construcción de la línea tres del tren ligero. Y ahora se le agrega el INAH de la Secretaría federal de Cultura. Con el asunto de los daños al templo de San Francisco, ya mandaron a volar a la Provincia Franciscana que no se cansa de señalar los riesgos de un derrumbe del viejo inmueble, además de inmoral es desastroso el estado en que tienen a una de las mejores portadas del arte barroco del siglo XVII, fracturado y agrietado en su estructura, inundado pues cada que llueve brota el agua del piso tal cual manantial, pisos abombados por la presión que ejerce el agua, con socavones de más de 3.5 metros de diámetro y profundidad desconocida pues la SCT y el mismísimo Rodolfo Guadalajara ocultan información además que mienten cada vez que hablan del tema, la desfachatez llega al grado de poner en manos de Lutero, perdón del responsable de verificación de obras con valor patrimonial que afecta la construcción de la línea 3, Carlos Xavier Massini, quien además de su comprobada ineptitud simplemente está de parachoques del “coordinador” de monumentos históricos del INAH, Arturo Balandrano. Claro, todos estos funcionarios son muy morales en sus actuaciones.

Tal vez ya sin que resulte novedad, los probos diputados de nuestro Congreso local se vieron más que listos, pero para el disimulo, a efecto de no mostrarse tan enérgicos para rechazar la ratificación del magistrado Leonel Sandoval como lo hicieron antes, ya que éste logró amparo y sentencia protectora sin que legisladores de distintos colores, con muy morales que se abstuvieron, movieran ni un dedo para hacer valer sus propias decisiones. Sandoval, así, llegará más lejos en tiempo que su propio hijo. Pura moral.

Debería haber un recuento más amplio de todo el espíritu tan moral de los actores políticos. A lo mejor el pueblo es ingrato al juzgarlos con severidad. ¿Cómo es posible, cuando tenemos tantos paladines de la moral de los que deberíamos sentirnos orgullosos? ¿Por qué? ¿Por qué?

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