La movilidad inmóvil

No sé si por falta de coordinación o simplemente por las circunstancias o quizá arribo a destiempo de recursos, pero los tres niveles de gobierno parecen haberse puesto de acuerdo en emprender casi al unísono obras por toda la ciudad que han puesto en jaque la circulación por todos los rumbos de la metrópoli jalisciense. Claro que nadie cuestiona la importancia de que se realicen trabajos de mejora urbana, pero la verdad es que el caos se advierte mayúsculo.

Y no es que se trate simplemente de falta de organización para desahogar el tránsito citadino sino que es en estos casos cuando convergen todos los demás factores negativos de la movilidad y que se tornan crónicos. Para empezar, hay que tomar en cuenta la acumulación de vehículos, fenómeno imparable y que suma alrededor de 400 unidades cada día, o el estado deplorable de los pavimentos que combinados con lluvia y encharcamientos prolonga por horas enteras cualquier traslado.

Claro que lo ideal sería pensar en desalentar el uso de los automóviles privados, pero junto a ello hay otra serie de cuestiones que distan mucho de resolverse, como el tan traído y llevado asunto del transporte público que no mejora ni da visos de mejorar pese a las promesas del gobierno y, ahora, las posturas de redención que adoptan los permisionarios seguramente para que la autoridad se apiade de ellos y les otorgue el incremento en la tarifa que casi se da por hecho llegará pronto.

Sin embargo, valdría la pena empezar por dos puntos esenciales: el primero es examinar si los reglamentos de vialidad y tránsito son realmente operativos y prácticos; el segundo, claro está, es atender al hecho de que el sentido común no es precisamente el fuerte de las autoridades responsables de aplicarlos. Hay muchos casos cotidianos que confirman que la planeación en materia vial es punto menos que un desastre. Simplemente se advierte falta de criterio y hasta de simple observación para resolver todas esas “pequeñas” fallas que cualquiera puede ver a diario desde que sale de su casa: sentidos y contrasentidos de las calles que nadie entiende, semáforos que no amparan nada porque no hay circulación y a veces ni calle, topes que cada quien pone donde le viene en gana, prohibiciones y más prohibiciones que solo alimentan la voracidad de los agentes para extorsionar y, también, límites de velocidad irreales, contradictorios en señalamiento y hasta absurdos que ahora solamente sirven para enriquecer las arcas públicas gracias a ese gran atraco en despoblado en que se han convertido la “foto-infracción”.

Y si se quieren ejemplos, baste señalar que el gobierno hizo bien en apretar tuercas de intereses privados para abrir a la circulación Juan Palomar, pero que se ha encargado también de quitarle gran parte de su atractivo e incentivo para desviar hacia ese rumbo la circulación. Pocos quieren transitarla porque, a fin de cuentas, los límites de velocidad marcados no están dentro de lo lógico –claro, con la amenaza de la famosa fotoinfracción-, cosa promovida por los escasos habitantes de los cotos de la zona que, además, pusieron e impusieron topes que no solamente molestan sino que dañan suspensiones.

Incluso hubo grandes inversiones para permitir vía libre en arterias como en el llamado corredor Lázaro Cárdenas-Vallarta pero, particularmente en este último tramo, todo parece irse por la borda cuando un simple alcance vehicular sin mayores consecuencias –lo que se puede ver casi todos los días y a todas horas-, inhabilita a veces hasta por horas uno de los dos carriles. A esperar la llegada del seguro, de tránsito, etcétera y, mientras, un accidente de este tipo puede parar la circulación kilómetros. Hay que ver si tránsito y sus arcaicos peritajes permiten que bastaría unas cuantas fotos tomadas con celular dieron cuenta del percance para resolverlo, claro si los afectados tuvieran con ello certeza de proteger su interés. O la falta de decisión para forzar al transporte de carga a utilizar el llamado Circuito Metropolitano Sur, que en mucho aliviarían la tan pesada carga vehicular en Prolongación López Mateos y anillo periférico.

Pero, volviendo al caos que se vive actualmente, hay varias muestras de que no se está haciendo lo debido. Desde luego que de lo más significativo está el tema de la construcción de la línea tres del tren ligero. Y hay que atender a esto porque pocos han caído en la cuenta de que se trata de un problema que persistirá a lo largo de los próximos cuatro años. Aquí, como sucede en muchas cosas, no se toma en consideración el punto de vista experto. La sana consultoría ayudaría en mucho a una planificación adecuada para paliar los efectos de una construcción de tales proporciones en el tránsito cotidiano. Hay que imaginar que no es cosa menor, ya que tal planeación involucra todo lo concerniente, incluyendo naturalmente las rutas camioneras y otros.

A veces el problema se gesta desde el principio. Así sucede con la planeación de obra en Acueducto en donde seguramente la contratación de empresas más capaces sin duda hubiera evitado la tardanza prevista para su realización. Lo bueno es que de vez en cuando a alguien se le prende un foco y se aplica, efectivamente, el sentido común. Hay que ver el gran alivio que significó, ante el natural desorden vial causado por el cierre de Acueducto, la simple medida de dar doble sentido al paso a desnivel que conduce del periférico y Juan Palomar a la avenida Servidor Público. ¡Vaya!, a alguien se le ocurrió algo, pero como esto hay muchas otras cosas que no tienen complejidad alguna, ni se hace magia ni gran gasto para resolver problemas.

Lo peor, claro está, es que a temas como el de la movilidad se le agreguen factores políticos y de esto hay que dar por cierto abundará ante la inminencia de la temporada electoral. Lloverán propuestas, soluciones prefabricadas no en escritorios técnicos sino propagandísticos, además de que el propio gobierno toca sus piezas en el sentido de congraciar voluntades. Ojalá y mejor se concentraran esfuerzos en la mejor planeación y coordinación en todos los niveles y que se diera un perfil más técnico y sensato a las soluciones. De algo pueden estar seguras las autoridades: la población está harta de tanto desorden y de lo inmóvil que resulta su “Movilidad”.

 

miguel.zarateh@hotmail.com

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