Una 3 de 3 tan mocha como los moches

Miguel de la Madrid, presidente de México 82-88, tocó lo más sensible de la población en su tiempo prometiendo una lucha sin tregua a la corrupción. Bajo el lema de la “renovación moral de la sociedad”, tuvo iniciativas importantes que, finalmente, fueron fracasando una a una y este mandatario -que entre los “ex” era el único que podía salir a comer o al cine sin escoltas al salir de su gestión-, fue superado por el abrumador peso de un sistema que simplemente no funcionaba sin las prebendas, contubernios, robos al erario y todo tipo de artimañas para saquear al pueblo y a la nación. De este tamaño es la importancia histórica del combate a un mal que nos ubica entre los peores del mundo y que ahora tuvo su oportunidad de cambiar pero que, como en aquel entonces, merced a los intereses mezquinos políticos, queda corta en una ley que nace fallida y con defectos graves, sustanciales, que abortan el fondo de su intención.

Nos queda claro que la 3 de 3 no era fácil de aprobar en todos sus términos y que, de alguna manera, representa avances importantes cuya contundencia será probada ya en la práctica. Sin embargo, sin duda era consustancial a su eficacia el clamor social que se tradujo en cientos de miles de firmas ciudadanas con la petición muy concreta a los legisladores para que la nueva ley se convirtiera en un instrumento de transparencia real, no fingida ni mucho menos encubierta bajo pretextos de seguridad personal y otras cosas. La verdad vuelve a salir a flote: hay un mar de fondo en el origen y desenvolvimiento de las fortunas que poseen nuestros políticos y, claro está, por ello no todos los partidos estuvieron de acuerdo en evidenciar sus dineros, patrimonio, intereses múltiples ni cumplimiento con el mismo Fisco. El PRI y sus satélites se encargaron, una vez más, de acabar con las aspiraciones de probidad en el ejercicio público, como lo merecen ya todos los mexicanos.

De suyo las cosas estuvieron muy cerca de posponerse para el “siguiente” periodo ordinario y se tendrá presente que las presiones fueron lo único que obligó a las cámaras legislativas a convocar a uno extraordinario. Y es aquí donde hay que reconocer que un organismo empresarial, la COPARMEX, fue quien primero impulsó la urgencia de la citada ley, luego exigió se cumpliera el compromiso de que se tratara en el pasado ordinario -lo que pese a las promesas no sucedió-, que se convocara al extraordinario pero, ¡oh desilusión!, finalmente las cosas no salieron como se esperaba y, claro está, tanto esfuerzo se pulverizó ante las características de una ley que terminó a modo para que los “servidores públicos” sigan gozando de impunidad.

Y llama mucho la atención que solamente la COPARMEX haya estado de pie en esta lucha desde el principio. ¿Y las demás cámaras y cúpulas? ¿Las organizaciones civiles, colegios, comerciantes  y representaciones organizadas? ¿Los empresarios que suelen brincar cuando se trata de impuestos y cosas por el estilo? Nada, salvo ahora que los legisladores se fueron al contraataque para que no nada más los servidores sino también las empresas y personas físicas caigan en la obligatoriedad del 3 de 3 cuando participen de alguna manera de los fondos públicos. Y no es que esté del todo mal que también se dé transparencia a las empresas que licitan o realizan trabajos para el gobierno ya que hay muchas, muchísimas sorpresas en cuanto a su autenticidad, origen legal y profesional, verdaderos dueños y socios, etcétera, pero el sentido de aplicación de la 3 de 3 está vinculado directamente a romper el círculo vicioso impuesto a trasmano por el gobierno.

Sin embargo, muy a pesar de la importancia y trascendencia de este tema para los ciudadanos -el genuino promotor de la ley- y los organismos empresariales, sociales, etcétera, realmente no deja de causar molestia y hasta sospecha que otros simplemente hayan “nadado de muertito” en todo el proceso de la propuesta. Tibios, timoratos, cuando no solapadotes, se vieron varios de estos organismos mientras los del “sindicato patronal”, no tan acostumbrados a hacer papel de comparsas, gritaban casi solos en el desierto.

De los políticos, no quiero ni hablar. De los políticos jaliscienses, menos. ¿Con qué cara nos vendrán otra vez a pedir votos los senadores Arturo Zamora, Jesús Casillas o el “ausente” José María Martínez? ¿Con qué cara los diputados priistas e incluso algunos panistas que fueron los que promovieron se incluyera a ciudadanos en la “venganza” de la 3 de 3, nos podrán venir a hablar otra vez de sus esfuerzos contra la corrupción? Por lo menos parece, por ahora solo parece, que en Jalisco se atenderá la cuestión mejor localmente, pero el daño, la decepción a nivel nacional será enorme si el Presidente de la República promulga una ley tan mocha como los moches que pretende evitar.

El mismo Miguel de la Madrid decía al lanzar iniciativas de reformas constitucionales para la renovación moral que para prevenir y sancionar con efectividad la corrupción no bastan leyes idóneas, por buenas que sean, sino que, además, hacen falta una gran voluntad política y, sobre todo, una administración eficaz. De otra forma, decía, “la voluntad será derrotada y el camino será cerrado”. A la 3 de 3 le queda aún vida. Sólo falta que a éste de por sí tan deteriorado gobierno, que tanto le debe a los ciudadanos, le den las ganas de hacerlo.

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