El “contra” que llevamos dentro

Aun con todo en marcha, tal parece que los jaliscienses optamos siempre por oponernos a todo. No es nada extraño que muchas obras, incluidos desde pasos a desnivel hasta apertura de más vías rápidas y nuevas rutas de macrobús, se hayan quedado en proyectos mientras la zona metropolitana se ahoga en problemas viales y de transporte dentro de un proceso irreversible y altamente preocupante. Apenas se vislumbra una solución cuando surgen por generación espontánea voces y paladines de toda clase de supuestos intereses comunitarios, para frenar y, si es posible, acabar con las propuestas. Lo grave es que, efectivamente, llegan a salirse con la suya.

La verdad es que muchas veces hay intereses ocultos que se disfrazan de causas, o simplemente el “contra” que todos llevamos dentro. El caso es que puede ser que no todo se haga pensando en minorías cuando hay necesidades colectivas definitivamente superiores. Un ejemplo palpable está en la atención al problema de transporte. Si bien muchos insistieron hasta la saciedad en que se ha dado preeminencia al automóvil sobre el transporte público –y no sin razón-, ahora resulta que los “contras” están al revés, y quieren echar abajo –materialmente abajo en todos sentidos-, la nueva línea del tren.

Y es que la población más necesitada –por no decir la ciudad en su conjunto-, que clama por transporte rápido y eficiente, ya no quiere las cosas a modo, ni piensa en que, según algunos, se atente contra cuestiones de tipo ecológico. Hay que reconocer que toda obra magna implica algunos inconvenientes.

Aquí la cuestión reclamada, de si la línea tres va por arriba o por abajo, parece discusión ociosa cuando todos sabemos que el punto es de recursos financieros. No sucede nada más aquí, en todo el mundo existe esa tendencia y es por la misma razón. La viabilidad de realizar una obra estriba en sus costos y ahí ni duda cabe que los intereses primarios son los que deben prevalecer. Otro concepto a considerar es tal y como lo dice el escultor Adrián Reinoso, la línea tres como las otras, transportara personas y ellas como todos los ciudadanos tienen el derecho de ir en sus traslados, contemplando el paisaje que genera el viajar a esas alturas y no siempre conducidos en un canal oculto y sombrío, tal como sucede en otros ciudades del mundo, como París por poner sólo un ejemplo.

Aquí lo importante es que, junto a la obra del tren, se realice un gran proyecto colateral, llámense parques lineales, infraestructura vial complementaria, ciclopistas, regeneración urbana y económica, etcétera, que terminen por arrojar más resultados positivos a la población involucrada, lo cual daría incentivos y, con el tiempo, plusvalías importantes. Además, es importante para la economía del estado, que estas obras, las de mayor dimensión –al menos en nivel de alta participación- y las menores, queden en manos de contratistas locales, lo cual arrojará beneficios consecuentes para la población en general. Las soluciones generales no se dan pensando en hacerle un poco de ruido a un campo de golf o a centros de fiestas y cosas por el estilo, se hacen para atender intereses sociales. En realidad la ciudad ya no está para menospreciar obra alguna, menos cuando el beneficio es tan claro.

No hay que prestar atención a la “contra” tan arraigada. No vaya ser que en una de estas demos razón y motivo para que, como ya nos pasó en otros proyectos, los fondos federales se vayan a otra parte, y solo nos quedemos mirando cómo en otras ciudades del país se resuelven problemas con el dinero destinado originalmente a los jaliscienses.

 

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