La “línea Tres” y la cesta de los cangrejos

La línea Tres del tren ligero, está visto, seguirá siendo motivo de polémicas pero de algo hay que estar seguros, no es una obra común. A veces da la impresión que las autoridades promotoras casi exclusivamente la han contemplado como un trabajo de alta ingeniería y ya, pero no está por demás observar que los reclamos sociales han ido por el rumbo de que se planeó en forma centralista y sin tomar en cuenta la diversidad de factores que influirían en su entorno. Los responsables de ejecutarla parece que acatan con esa misma visión su ejecución. Claro que muchas cuestiones ya están a destiempo y lo importante ahora es que ojalá los trabajos se realicen y terminen lo más pronto posible y considerando todos los factores. Si no, pregúntenselo a los que desde ahora y durante meses se las verán negras en prácticamente el corazón de Guadalajara.

Esta obra, efectivamente, llega algo así como dos décadas retrasada desde su proyecto inicial que terminó frustrado y que data de la época del gobierno de Carlos Rivera Aceves. Revivida por los gobiernos priistas nacional y local, naturalmente enfrenta condiciones muy distintas a las de entonces. Sin embargo, los cambios sociales y urbanos registrados a lo largo de los últimos lustros, no se han visto del todo reflejados en la realización de la obra. De ahí los fuertes brotes de inconformidad y el deseo que se transforma en exigencia de que sean consideradas acciones paralelas para que, en vez de perjuicio, la obra genere, como propaga el gobierno, un mayor bienestar.

A esta tarea precisamente se han dedicado esfuerzos por parte de organismos profesionales e intermedios entre la sociedad y el gobierno. De ahí la creación   del Consejo Técnico de la Línea Tres. Que ante la unilateralidad de criterios con la que se planeó y encaminó su ejecución la mencionada obra por parte del gobierno de la República, ha derivado a que ahí se expongan dudas e inconformidades, se atiendan las aportaciones de los grupos mencionados, o al menos es de esperar, exista la toma del punto de vista de los propios ciudadanos.

Esto está bien en el papel, pero la verdad es que no todo ha resultado tan bien y ello a pesar del esfuerzo y el trabajo que muchos de los integrantes que participan en el consejo han puesto para aportar ideas y criterios, así como para hacerlos valer ante la autoridad responsable. Lo malo es que unos pocos de los que participan simplemente han caído en la tentación de arrogarse la tarea de los demás, tomar liderazgos que por ahora no corresponden, hacer creer a la autoridad que en sus zapatos está el consenso de todos, la verdadera opción de sacar adelante la ciudad y pretender sacar algún provecho particular de ello. En palabras más llanas, simplemente llevar agua a su molino. Y los que ahí participan saben que estos protagónicos tienen, por supuesto, nombre y apellidos.

Así las cosas, esta actitud desmerece por un lado la solidez de los criterios emitidos y, por otra, debilitan la posibilidad de que realmente tengan impacto en las decisiones de la autoridad. Como enlaces entre la comunidad ciudadana y el gobierno, el mencionado consejo corre así, de no privilegiarse la unidad y el trabajo en conjunto, perder fuerza y autoridad moral para promover más vigorosamente acciones que respete y siga la estructura gubernamental.

Y vaya que si es importante conseguir tal propósito. Por ejemplo, en el caso de la línea Tres, es necesario contar con estudios para que la obra no vaya en deterioro de los negocios de la zonas afectadas y de los moradores de tales áreas sino precisamente lo contrario. Se trata, como ya se ha insistido, de aprovechar la ocasión para detonar las actividades productivas, así como dotar de vivienda adecuada, abrir los espacios disponibles para la convivencia y la recreación. Que esto coadyuve al repoblamiento de nuestra ciudad. Naturalmente que encontrar el vocacionamiento en este sentido de las zonas involucradas no es tarea sencilla ni fácil de llevar a la práctica, pero sí hay condiciones para conseguirlo.

Esto se lograría con mayores posibilidades de éxito si el  consejo mencionado Técnico, no perdiera un tanto la brújula ni su cometido final. De ahí que las posturas individualistas o con objetivos egoístas, constituyan el riesgo de convertirlos en un  organismo primero ineficaz y después desdibujado y hasta inexistente. Un consejo que no integra y toma en cuenta a todos sus integrantes, simplemente no es consejo.

La línea Tres no es, como parecen verlo las autoridades federales, una vía férrea urbana y sus estaciones. Hay mucho más que atender en el entorno de ella. Las críticas y hasta demandas sociales hasta ahora se han dado casi en forma aislada, con muy pocos resultados reales. Entonces, habrá que esperar que los consejos participantes hagan realmente lo que les corresponde, de manera que las opiniones vertidas se transformen en decisiones oficiales, que las autoridades de los tres niveles se esmeren en la búsqueda de recursos para los estudios, proyectos e infraestructura complementaria requerida, y que a su tiempo se contraten las consultorías y empresas especializadas para que se logren objetos concretos y tangibles.

Nadie duda de los beneficios que arrojará la línea Tres a la ciudad pero, al igual que ella, también es necesario voltear a las otras dos ya existentes, así como al Macrobús y lo que venga, para que, entonces, el beneficio social sea más amplio e incluyente, se ordene de una buena vez el transporte público. Es también una oportunidad para ponernos todos de acuerdo y demostrar que aquí se pueden superar diferencias y dejar de ser ya el arquetipo del absurdo actuar en la cesta de los cangrejos. 

 

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