La legión de los asesores


En la vida moderna los asesores y consultores constituyen ya un sector fundamental para los sectores público y privado, sobre todo cuando se trata de analistas con la debida ciencia y experiencia que llevan a la toma de decisiones fundamentales. Sin embargo, esta práctica profesional tiene lamentablemente remedos en la realidad, principalmente en el gobierno que ha terminado por emplear el término para encubrir nóminas paralelas destinadas a favorecidos que nada tienen que ver con el conocimiento de determinadas áreas.

Además, algunas esferas del gobierno incurren en la contratación de empresas extranjeras para servicios de asesoría o realización de supuestos estudios, pagando cifras millonarias –por supuesto en dólares y hasta en euros- pero que, a la postre, arrojan resultados incipientes cuando no inútiles para las necesidades locales. Esto, claro, en razón de que los criterios empleados por dichas empresas casi nunca concuerdan con la realidad de nuestro medio.

Tomemos algunos ejemplos de lo anterior. Fue el caso de la polémica contratación del anterior alcalde de Zapopan, Héctor Vielma, a una empresa inglesa para la realización de estudios de movilidad en la zona metropolitana por más de 20 millones de pesos y cuyos resultados nunca fueron dados a conocer, quizá en razón de su carencia de novedades. Y lo mismo podría decirse del caso de la anterior gestión del SIAPA en la que se autorizó la realización de coordinación y supervisión a una empresa española para obras multimillonarias y que a fin de cuentas lo único que propició fue un descontrol enorme en el mercado de la construcción. También del sexenio anterior llegaron a contratarse empresas nacionales para la realización de estudios sobre drogas y cosas por el estilo, que costaron millones pero que no tuvieron trascendencia alguna.

En otro orden de cosas, efectivamente los pseudoasesores llenan nóminas completas en el sector público y de ello los jaliscienses se han percatado porque se trata de cifras de verdadero escándalo. Volvemos a los ejemplos. Solamente en el Ayuntamiento de Guadalajara existen cinco veces más asesores que regidores a los que supuestamente apoyan. Y no son baratos puesto que algunos tienen sueldos de alrededor de 60 mil pesos. Del Ayuntamiento de Zapopan la situación empeora puesto que el mismo alcalde ha reconocido que hay 157 asesores, 82 de ellos solamente de la fracción panista y que en conjunto cuestan más de 42 millones de pesos anuales.

Del Congreso ya lo que se diga parece obvio pero no puede pasarse por alto que tiene 80 asesores, o sea el doble que de diputados, y que cuestan alrededor de 24 millones de pesos que se agregan tranquilamente a las cifras en rojo de la Legislatura.

Por ello es importante restaurar la figura del consultor y del verdadero asesor y que el gobierno, en sus distintos niveles, cuente con opiniones técnicas confiables. Hace unos días, al conmemorarse el vigésimo aniversario de la delegación Jalisco de la Cámara Nacional de Empresas Consultoras, el propio gobernador, Aristóteles Sandoval, estableció premisas al respecto para, sobre todo, utilizar servicios de auténticos consultores locales.

Está visto, definitivamente, el desperdicio de recursos que se realiza en asesorías que quizá no sean sino el modo de pagar cuentas políticas o de favorecer a amigos y parientes, cuando no, un vehículo de corruptelas. Sin embargo, la labor es necesaria y se torna incluso indispensable, naturalmente cuando se realiza por auténticos especialistas y no por improvisados, charlatanes o hasta extranjeros que desconocen la realidad que vivimos.

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