Hay de glosas a glosas

La experiencia de las "glosas ciudadanas" ha sido sin duda positiva. Al menos se trata de un ejercicio que, con todos los defectos que pudieran subsistir, resulta una interacción necesaria para encontrar –creo es la intención-, un análisis más objetivo de los resultados de un ejercicio gubernamental. Y es que, a pesar de su carácter representativo, las "glosas" efectuadas por otras entidades públicas, como el Legislativo mismo, no dejan de mantener criterios de subjetividad o hasta cierta intencionalidad en razón de las corrientes políticas que se manifiestan.

Claro que todas estas prácticas son válidas, siempre y cuando mantengan la voluntad de obtener un juicio justo de la marcha de la administración y lograr conclusiones de las que incluso la autoridad pueda obtener nuevos puntos de partida para conducir en la dirección correcta. Anteriormente, en los tiempos de la autarquía partidista, se recordará que las "glosas" no eran sino la continuación de una serie de autoelogios que en nada ayudaban y que solamente servían para justificaciones y halagos de la clase política más favorecida. A la inversa, en el pluripartidismo, otras glosas se tornaron ríspidos encuentros que carecían de propósitos objetivos y que, por tanto, se convirtieron en simples arenas de debate estéril y señalamientos a ultranza.

Por ello el formato que se ha estado empleando en Jalisco no deja de ser interesante aunque, por sabido se da, no siempre se logran conclusiones contundentes, principalmente porque los funcionarios participantes por razón lógica suelen resaltar sus datos e informaciones que beneficien su imagen y desempeño, mientras que encubren de alguna manera todo lo que pueda ir en su demérito o cuestionamiento. Empero, la verdad no hay duda de que las glosas participativas obligan a evidenciar hasta donde es posible las fallas o errores, lo mismo que valorar los auténticos logros.

Pero no todo depende de los funcionarios o programas gubernamentales analizados. También esto tiene mucho que ver con las características de los interlocutores, o sean los analistas o expertos invitados a efectuar preguntas con la expectativa de sacar a la luz una realidad, sin desviaciones ni sesgos. Y es aquí donde quizá el gobierno de Jalisco esté cayendo en una visión no del todo atinada. Se invita a expertos o especialistas nacionales y hasta internacionales para cuestionar u opinar sobre temas en los que no están inmersos. Es el antiguo vicio de dar mayor importancia a los juicios externos que a los internos. Esto, claro, no quiere decir que no valgan las opiniones supuestamente más imparciales que vienen de fuera pero, a decir verdad, al menos en estos ejercicios de "glosa ciudadana" solamente lucen visiones globales que nada tienen de aterrizadas en nuestra realidad cotidiana.

Para entender lo que pasa en Jalisco hay que vivirlo. La tendencia a traer expertos extraños a nuestro contexto puede ser muy interesante para, tampoco, encerrarnos en criterios limitados a nuestro entorno. Sin embargo, podríamos afirmar en forma categórica que en este estado lo que sobran son estudiosos, analistas, genuinos expertos en toda clase de temas, y que se han formado y desarrollado bajo este cielo, vivido sus problemas, con pleno conocimiento de sus actores y, lo más importante, con la mira puesta en las aspiraciones y deseos de sus coterráneos. Por más que un experto foráneo quiera ser objetivo y "abrirnos los ojos" al mundo, difícilmente entenderá los anhelos, propósitos, necesidades y metas de quienes comparten la misma ciudad y el mismo estado.

Ahora bien, para que estas glosas ciudadanas verdaderamente fructifiquen, será vital que los funcionarios dejen de estar a la defensiva, como frecuentemente lo muestran y, por otra parte, que hablen de lo que se ha hecho y no tanto de lo que tienen por hacer hacia el futuro -estamos ya a la mitad del sexenio-. Que los analistas locales cuestionen con toda la dureza –no rudeza innecesaria-, es bueno y mejor si los especialistas invitados de otras partes aportan puntos de vista que reflejen experiencias y soluciones viables obtenidas en otras partes. Así la mecánica podría funcionar más positivamente.

Los problemas de Jalisco ya los conocemos: inseguridad –públicamente reconocida hasta por el mismo Gobernador-, impunidad, transporte público deficiente y desordenado, ausencia de una auditoría social que controle el destino de los fondos públicos, las simulaciones en la asignación de obra que distan todavía de ser justas y ajustadas a derecho, una austeridad que muestra aún muchas dudas y muchas cosas más. Además, la glosa ciudadana no debe terminar en un acto que, con la mejor intención, no deja de tener tintes políticos. Lo importante es que los análisis continúen, que alcancen el nivel de colegios y universidades, de estructuras sociales, de juntas de vecinos, de organismos que mantengan el ojo puesto en la función pública.

Hay, en verdad, mucho por hacer en este aspecto pero, por ahora, hay que sumar y sumarse a la felicitación al gobernador de Jalisco, de que su gobierno decida poner la administración al alcance del verdadero escrutinio público.

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