Ya, por favor, trabajen juntos

La cuestión no está para deslices políticos. Se antoja increíble que ante un estado de cosas que se avizora muy complicado, autoridades estatales y municipales insistan en posturas antagónicas y escarceos de lo que podrían ser con el tiempo cada vez más serios enfrentamientos. Ahora sí que como decían nuestras abuelas, ven la tempestad y no se hincan. Esto, claro, agudizado por decisiones que en otras circunstancias no serían tal vez tan importantes, pero que el panorama próximo hace notar más los errores y las determinaciones controversiales.

Un vistazo rápido a lo que se puede percibir para el año que viene nos da idea de los problemas que se ciernen. Para empezar, ya sabemos que no se contará con un presupuesto a la medida de los deseos. La caída en las aportaciones federales aunada a la restricción en el gasto público para Jalisco se hará sentir severamente en materia de servicios como salud, educación, seguridad y otros, además de un inminente impacto en el empleo y la derrama económica derivada de la construcción. Un ejemplo lo será el denominado Fondo Metropolitano cuyos recursos se verán mermados en algo así como un 70 por ciento, y miren que llegué a pensar y aplaudir que tanto el alcalde como el gobernador peleaban juntos ante la federación por la no reducción del mentado fondo.

Ya el presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción en Jalisco, Benjamín Cárdenas, apuntaba el “panorama negro” del 2017 para ese sector y vaya que si hay bases para pensar así. Excepto las obras llamadas “magnas” –como la Línea 3 del Tren Ligero-, el bajón del presupuesto solamente en las acciones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes será del 35 por ciento, así que seguramente algunas de sus obras en proceso se verán afectadas en esta entidad y otras ni siquiera se emprenderán. Eso quiere decir que el caos vial originado por las inconclusas ¡seguirá!

En el nivel estatal, con todo y lo rimbombante del presupuesto cercano a los 100 mil millones, la verdad es que de momento se debaten todavía unos 500 millones para satisfacer el reclamo de algunos organismos como el Hospital Civil que, a decir de su director, está ya en una condición de inoperancia. En tanto, también hacen presión otros como el Instituto Electoral, el ITEI y hasta el Consejo de la Judicatura por allegarse más fondos cuando, especialmente en este último caso, se aprecia evidente la mala o pésima administración de los recursos. Pero, como siempre, unos pagan por otros y aquí es donde habrá que ver qué tanto arrastra el peso político de los partidos en el Congreso.

Así que, ya sin hablar de la incertidumbre en la economía general por el cambio de gobierno en Estados Unidos –que ya nadie duda inhibirá inversiones externas–, afectará el empleo, atizará la devaluación, acelerará la inflación y otros muy posibles efectos negativos que quiérase o no, también impactarán a los jaliscienses, los gobiernos, del estado y de los ayuntamientos, tendrían que estar más que encaminando sus tareas para que sea más factible superar los inconvenientes y enfrentar mejor los retos. Pero no. Más bien parece que lo más importante es pensar en el 2018 y acomodar las piezas arrancando desde ya sus respectivas estrategias electorales.

Los diferendos salen ya a la luz por cualquier tema. El gobierno de la entidad acusa al municipio tapatío por la forma de actuar “arbitraria” de la policía contra unos comerciantes de calzado que se apostaban, dice el Ayuntamiento, irregularmente. “Nostálgico” llamó Enrique Alfaro a Aristóteles Sandoval, aludiendo al “clientelismo” de los gobiernos priistas entre ambulantes y comercio informal. Lo que no es un asunto menor es que, efectivamente, existe ya cierta preocupación, incluso al interior del equipo municipal, sobre el desempeño del Comisario de Seguridad, Salvador Caro, quien en realidad era visto como un operador político más que un experimentado funcionario en tan delicado ramo.

Luego, y a propósito de las restricciones presupuestales, el gobierno de la entidad justifica, a su manera claro, un gasto de 30 millones de pesos destinados a un festival de rock para el 2017. Aunque efectivamente el “Lollapalooza” adquiere perfiles internacionales (se ha realizado en Chicago, Santiago de Chile, Berlín, Buenos Aires y Sao Paulo), lo preocupante es que a fin de cuentas es un negocio privado y que, con todo y el respaldo de la Oficina de Convenciones por la “derrama económica que atraerá”, debería en tal caso no acreditarse como gasto de la Secretaría de Cultura (no quiero ni pensar en el coraje acallado de la propia titular Myriam Vachez Plagnol), sino, efectivamente, por ejemplo, a fondos como el del famoso impuesto hotelero del que nadie da cuentas a nadie. ¿O sí?

Hay muchas cuestiones inciertas en el futuro próximo. De lo único que estamos seguros es que será sin duda un año difícil. Si nuestras autoridades estatales y municipales no se ponen de acuerdo, si insisten en los golpes por abajo o por encima de la mesa, si simplemente están buscando desgastarse unas a otras con la mira puesta en la futura sucesión y el posicionamiento político, no saldremos bien librados de ésta. No trabajar juntos en este momento, en verdad, es no pensar en Jalisco.

miguel.zarateh@hotmail.com

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