Presidente, esta película ya la vimos

Parece que todos ya habíamos visto la película. Las afirmaciones con respecto a que se toman decisiones “dolorosas, pero necesarias” constituyen todo un estribillo que al menos vienen repitiendo los presidentes desde el cuarto informe de Miguel de la Madrid, en 1986, cuando los precios del petróleo andaban por los suelos y habían pasado los sismos devastadores de México. Pero ahora la indignación generalizada queda muy lejos de ser superada por las “amplias explicaciones” de Enrique Peña Nieto sobre los motivos para el histórico “gasolinazo” con el que estrenamos año.

Nos dice, ahora hasta censurando a sus críticos, que los precios eran insostenibles ante el alza del crudo internacional. Y, en efecto, estas cotizaciones han ido aumentando afortunadamente para el erario, captador principal de tales divisas ¿qué no se supone que eso nos conviene? Sin embargo, quedan flotando dudas. De acuerdo a tal lógica, ahora que el petróleo mexicano ronda los 50 dólares, ¿por qué no bajaron los precios al usuario cuando andaba en menos de 30? Así sucedió en todas partes, incluso en Estados Unidos donde la oferta y la demanda determinan con puntualidad tales precios en las estaciones de servicio.

Definitivamente Peña Nieto no nos convenció. Menos todavía las declaraciones de sus demás funcionarios, empezando por un seguramente atribulado José Antonio Meade, los líderes de las cámaras, el bastante gris (ahora más gris) presidente del PRI y hasta nuestro apreciable senador por Jalisco Arturo Zamora, quien hizo uso de una columna en un periódico capitalino para justificar las sabias razones de tal incremento. Lo peor, claro está, es querer barrer para atrás y echar la culpa de las desgracias a las “anteriores administraciones”. Quizá efectivamente Fox y Calderón hayan cometido muchos errores pero, que se sepa, no argumentaron el alza con los precios mundiales del petróleo, inclusive cuando la mezcla mexicana llegó a alcanzar más de 100 dólares. Imagínense si esto vuelve a pasar, ¿a cómo nos costará el litro?

¿Hay que manifestarse? Por supuesto que sí, pero nadie puede, desde luego, ni remotamente estar de acuerdo en las manifestaciones violentas, menos en el pillaje que, ante la pasividad de las autoridades responsables, sufrió el comercio en días pasados. Cientos de establecimientos padecieron saqueos mientras también manifestantes de desconocido origen se lanzaron muy al estilo de la CNTE a bloquear carreteras, tomar casetas, etcétera, como si no hubiera suficiente pesar por el aumento.

Pero volviendo al “mensaje” presidencial, la pieza pasa a formar parte de la triste antología de discursos vacíos y sin credibilidad alguna. Había una ligera esperanza que se tratara de anuncios importantes. La decepción no fue sorpresa. Era difícil que el Presidente dijera que esta situación nos involucra a todos y no el “¿qué hubieran hecho ustedes?” con el que nos salió. Más grave resulta ahora la molestia y el enojo, pues salvo el ridículo “descuento” del 10 por ciento a los funcionarios de “primer nivel” del gobierno federal, no se habló de otras medidas más trascendentes y anheladas.

Si el gobierno junto con el país está en crisis, es el primero que debe dar la muestra. En vez de eso, lo perturbador e incitador a la ira es que la casta privilegiada sigue intacta. Un Congreso obeso y dilapidador, sueldos increíbles para magistrados, ministros, consejeros electorales y de otros rubros, partidos políticos (algunos de propiedad familiar o personal) que usufructúan cientos de millones, amén de todas las corruptelas, “moches” y saqueos de fondos públicos, ¿no le parecerán mejor al Presidente para combatir los despilfarros hechos con el dinero de los mexicanos? ¿no será mejor un plan de austeridad general como lo ha venido pidiendo el sector privado? ¿hasta cuándo se seguirán respaldando los programas llamados sociales con más sacrificios a la población?

Es cierto que la coyuntura se presta para el populismo. El “se los dije” de López Obrador (ganancioso de todo lo que pase), las posturas más extremas y sin duda tendenciosas de distintos dirigentes de partido, incluso los políticos locales, alcaldes encaramados en la cresta del problema y convocantes (¿serán ellos los más indicados?) de manifestaciones por la inconformidad social, mientras de seguro el Gobernador del estado recibe líneas de su partido para que le “baje” a aquello de solidarizarse con el enojo colectivo. Aquí la cuestión se ve muy clara. Como toda crisis, es buen campo –lo ha sido en otros tiempos-, para tomar posiciones, para “adelantar” pseudocampañas para incriminarse unos a otros ya en busca de próximos procesos electorales.

Nos toca esta desfavorable situación en tiempos de incertidumbre. Estamos a unos días de un cambio mundial que no será bueno para México. Ya Donald Trump no deja espacio a dudas sobre ello. Ni el cambio de titular de Relaciones Exteriores con el “retorno” de Luis Videgaray al cónclave oficial, podría servir de mayor cosa ante una época de cuando menos cuatro años en los que habrá que remar a contracorriente en muchos aspectos, especialmente el económico, ante una nueva actitud de quienes insisten en voltear a México como su patio trasero, de chantajear el pago de un inútil y obsoleto muro con las reglas del comercio internacional cuando no les favorecen.

¿Que qué haríamos nosotros señor Presidente? Bajarnos del pedestal, hacer un gobierno más sensato y sensible y preocuparnos más por los demás y no por lo “mucho que cuentan” sus acciones. Esta película, ya la vimos.

miguel.zarateh@hotmail.com

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