Alfaro, hacia un balance realista

Desde luego que nadie puede darse por sorprendido. Las intenciones de lograr la gubernatura del estado han sido manifiestas desde el principio. De manera que en el que será sin duda su último informe como presidente municipal de Guadalajara, había que sentar las bases sobre las que descansará su proyecto. No es el primer alcalde que lo hace (la lista de quienes han pasado de un palacio a otro es muy amplia al menos desde Juan Gil Preciado), ni será el último. Así que Enrique Alfaro hizo lo esperado, aunque, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, realizó un despliegue de fuerza política que trasciende lo local y que, de manera innegable, puede influir en lo nacional. La presencia de los líderes de los partidos que buscan ir en coalición no es sino evidencia del peso específico que tendrá en la votación nacional próxima.

De manera que la abrumadora carga política adicionada con un despliegue propio de una campaña más que de un mensaje protocolario y tradicional, de alguna manera viene a hacer a un lado los contenidos reales. A pesar del extenso discurso ilustrado con recursos audiovisuales (que por ser prolongado no dejar de ser por momentos tedioso), la atención estaba puesta en los tres grandes personajes invitados al acto en Expo, o sean los dirigentes nacionales del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano y, habría que agregarlo por su gran significado, el también líder de la comunidad de la UdeG, Raúl Padilla López. Claro que Anaya, Barrales y Dante Delgado vinieron a querer hacer suya una posibilidad clara de un triunfo factible que en mucho cerraría aquí espacios a Morena, pero Alfaro se dejó querer sin siquiera la promesa de un sí. Y es que él está más que seguro de lo suyo que nadie.

Sin embargo, si por un instante nos alejamos de la apreciación meramente política de lo que nadie duda fue un pre-lanzamiento, hay que ir a los hechos, al balance real de lo que ha hecho o dejado hacer Alfaro en lo que va de su administración, misma que dejará ya en los próximos meses. Hay críticas, y no todas sin fundamento, ya que la polvareda que levanta su actuación por sus aspiraciones gubernamentales, hace difícil apreciar lo bueno y lo no tan bueno de su ejercicio público. También hay que ser claros en cuanto que temas básicos como el de la seguridad pública siguen entre los pendientes -si no el que más-, que más lastiman a la sociedad. Producto de la suma de factores que involucran la carencia de una auténtica coordinación inter-policiaca, escala de la alta delincuencia en la localidad y la defectuosa aplicación de la justicia alternativa, tampoco hay que abonar mucho al quehacer del municipio que sigue sin grandes resultados en otorgar tranquilidad y paz a los tapatíos. Y es éste un tema inexcluyente en cualquier proyecto a futuro.

Pero hay otras líneas de trabajo que no pueden dejar de observarse como logros genuinos y dignos de reconocerse. Un caso es el de la obra pública propia que llegó a una inversión de 933 millones al término de la gestión municipal de Aristóteles Sandoval y que bajó a los 167 millones al finalizar la de Ramiro Hernández, pero que con Alfaro subió nuevamente a los 505 millones en su primer año y que para el presente llegará casi a los 2 mil millones. Y lo más trascendente, sin deudas. Tampoco es menos importante subrayar la forma en que tal obra se ha ejercido ya que en un 57 por ciento se ha aplicado por licitación, 33 por ciento por concurso menos del 10 por ciento por adjudicación.

Parece claro que Alfaro quiere demostrar no sólo ser buen político sino buen administrador de los recursos públicos como en recaudación que ha llegado a niveles históricos (7,547 millones el año pasado), disminución importante en gasto corriente contra presupuesto y ahorros importantes por otras eficiencias, además de una importante mejora regulatoria emprendida.

Pero también hay puntos un tanto oscuros o de escasa visión, como el manejo en general de los temas de comunicación social. Cualquiera sabe que la moderna comunicación está vinculada a procesos digitales, pero todavía no es lo único. La drástica baja en el gasto a medios tradicionales, junto a una política de pocos amigos con varios de ellos, no ayudan mucho al buen entendimiento del que Alfaro necesitará al momento de acometer su promoción en busca del voto. Aunque en dimensiones y contextos diferentes, hay que ver los problemas de Donald Trump precisamente por su disrupción con los medios. Está bien lo del ahorro en comunicación (de 105 millones anteriores a 43 millones ya en su gestión) pero necesariamente tendrá que ser más prudente en su trato, especialmente ante el cuestionamiento de aplicar más recursos a empresas digitales aparentemente privilegiadas.

Para alcanzar el fin de una reforma a fondo no es necesario “refundar”, que es partir de la nada. Lo obligado para un tan competitivo aspirante al gobierno es seguir demostrando su capacidad ejecutiva y su buen juicio, rodearse de mejores perfiles, apoyarse en las cifras y logros que son la base más sólida, reconocer incluso (pero también tratar de corregir) los rezagos y defectos. Alfaro será un buen candidato, todos lo sabemos, pero no debe olvidar que las victorias pueden ser predictibles, pero nunca seguras. Nadie tiene el triunfo en la bolsa. La historia lo ha demostrado.

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