Los empresarios y la política

Aunque en ocasiones parece que el sector privado tuviera vetado incursionar en política más allá de ciertos límites, lo cierto es que la experiencia ha demostrado que la participación de empresarios en el ejercicio público arroja más beneficios que los inconvenientes que frecuentemente se señalan. Vamos, no es raro que la intervención en esta clase de actividades por parte de elementos de dicho sector es motivo de censura y en ocasiones hasta de escándalo.

Nos cuentan que hace unas tres o cuatro décadas el entonces omnipotente PRI decidió incluso formalizar la participación privada en el seno de ese partido, con una organización interna que, para efectos de su estructura, vendría a integrarse nada menos que la Confederación Nacional de Organizaciones Populares. Dada la naturaleza conceptual y doctrinaria del organismo político, las reacciones no se hicieron esperar y, por supuesto, muchos creían que “quienes ya tienen el poder económico, no tienen por qué tener también el poder político”. Y, sin embargo, a pesar de lo que entonces ya era objeto de una “satanización” de los empresarios en la política, la verdad es que el propio PRI sintió que su corporativismo obrero y campesino no era del todo suficiente para garantizar lo que estaba acostumbrado: ganar de todas, todas.

Con todo, empezó a haber muchos ejemplos de que el empresariado era importante para tenerlo dentro del gobierno y, de alguna manera, empezaron a darse los elementos para ofrecer esa participación de manera totalmente abierta y hasta a manera de una “cuota” especial. Esto sucedió de distintas formas en todo el país y, de manera muy interesante, en ciudades como Guadalajara y luego en forma extensiva en varios municipios importantes de la entidad jalisciense, el segundo puesto en importancia del Cabildo se otorgó, sin más, a representantes privados. Así, dado que entonces existía la fórmula con una vicepresidencia, esta última era regularmente ocupada por un empresario.

Y vaya que no lo hicieron nada mal. Trienio tras trienio fueron escogidos elementos de la iniciativa quienes ocuparon tal cargo, muchos de ellos de manera incluso muy destacada. Muchos todavía tienen presentes en tales funciones a Luis Enrique Williams, Carlos González Lozano, Fernando Pérez Jiménez, Javier Arroyo Chávez y varios más que no solamente dieron brillo a las Administraciones municipales sino que contribuyeron decididamente a la realización de tareas que todavía se recuerdan.

Es decir, fueron sin duda el ejemplo palpable de que la participación privada en política resultaba altamente benéfica y positiva.

Con el tiempo las cosas y las leyes cambiaron, pero no el interés de los empresarios en continuar en la actividad. Así, por hablar de lo reciente, Guillermo Martínez Mora, Sergio García de Alba, Aurelio López Rocha, Alejandro Elizondo, José Palacios, Enrique Ramos Flores y muchos más, han figurado no solamente en los cabildos sino en funciones determinadas del aparato gubernamental o en las legislaturas. Nada mal ha resultado, pues, tal figura y es que, después de todo, dicha intervención es catalogada como una presencia valiosa cuando se requiere de garantes de la transparencia y de otros valores.

Empero, muchos de los ataques que suelen hacerse a los empresarios con aspiraciones a participar en política provienen desafortunadamente de su propio sector. A algunos parece todavía un acto contrario a su identidad cuando, definitivamente, cualquiera sabe que la mejor manera de cambiar las cosas es desde adentro y no siempre desde la barrera.

Perdón que tenga que ejemplarizar esto con un caso personal. pero el que esto escribe, siendo presidente de la delegación Jalisco de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, tomó la decisión personalísima de buscar la candidatura a la Presidencia Municipal de Guadalajara. No fue fácil la determinación ya que implicaba dejar la zona de confort y privilegios profesionales que naturalmente representa el liderazgo de tan importante organismo sino, obvio, con los riesgos de los vaivenes políticos que no resultaron favorables. Las consecuencias peores vinieron del mismo gremio, al grado de que el poder fáctico que controla la cámara, su consejo consultivo, llegó a borrar de un plumazo el antecedente de una presidencia legalmente electa como si nunca hubiera existido. Y todo, como si fuera motivo de censura o castigo, por el anhelo que seguramente ha animado a muchos: simplemente participar.

Es difícil pensar que el sector privado pueda realmente jugar un papel importante en la vida política cuando de sus propias entrañas se generan esta clase de actitudes. Está claro que lo mejor para el empresario, que de alguna manera tiene su vida, de cierta forma, más segura en el aspecto económico, vaya en busca, si así lo desea y tiene la capacidad para ello, a participar directamente en las transformaciones que busca. Esto, desde luego, si también tiene la aptitud y disposición para predicar con el ejemplo.

Ahora que se aproximan los tiempos electorales es bueno reflexionar en todo ello y pensar que la política no está vedada al empresariado. Este, al contrario, ha demostrado tener gran éxito en ese terreno y contribuir a la sociedad a la que desde la empresa ha contribuido generando empleos. La política la hacemos todos, de una forma o de otra y siempre hay que recordar que sólo participando podremos tener un mejor lugar para vivir.

 

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