Los dueños de la ciudad

El diferendo del ayuntamiento de Zapopan con los colonos de Valle Real, o con sus fraccionadores, en realidad no es sino la punta de una madeja muy enredada desde hace tiempo, dentro de un fenómeno lamentable y bastante frecuente de quienes, al amparo de arreglos y componendas, simplemente se han adueñado de la ciudad y de su porvenir. Si el caso fuera, habría que atender problemas similares en muchísimas otras partes de la metrópoli.

El desmedido afán de conservar enormes predios al clásico estilo tapatío del negocio de engorda, sin importar que ahí topen calles o avenidas –ejemplos saltan a la vista de todos y se ven como lunares sin urbanizar en cualquier plano de la ciudad– o, peor todavía, la complicidad perversa entre algunas autoridades y desarrolladores para forzar el cierre de grandes cotos pasando por alto leyes y reglamentos, han terminado por acentuar el caos en el crecimiento urbano.

Desde luego que no es ilegítima la aspiración de contar con un espacio protegido para vivir y en el que el acceso tenga cierto control al menos para sentir un poco de garantías en la seguridad personal y familiar. Sin embargo, los “cotos” no siempre corresponden a este lineamiento sin agredir un ordenamiento y deber fundamental: las áreas de donación. Para ello, desarrolladores de “lujo”, convenían con la autoridad que tales áreas queden dentro de su perímetro, a manera incluso de calles y camellones, y listo.

Es decir, realizan sus proyectos a costillas de la ley ya que bien podrían asumir el cumplimiento de tal propósito de privacidad si dichas áreas donadas –que deberían ser efectivamente públicas– quedaran fuera de los cotos, lo cual equivaldría a costear ellos lo interno y no con cargo al espacio público. Los casos se han repetido tantas veces que ya se consideran hasta normales y de ahí que no nos sorprenda, por ejemplo, lo de Valle Real ahora que está por vencerse su “convenio” con quién sabe la autoridad que se los firmó.

La ciudad crece pero el trazo normal de sus arterias se ve interrumpido por bardas o casetas de control que regulan el paso a discreción. Hay quienes, de suyo, se han apoderado de este derecho al tránsito de las formas más arbitrarias y lo han convertido en parte de su propiedad. Conocida universidad privada hace gala de tal apoderamiento desde hace mucho y, de suyo, no pasa nada. Igual sucedió en su tiempo con los predios donde se juega golf y se vive en privado. Lo único cierto es que sí parece existen ciudadanos de primera y de segunda en nuestra ciudad.

Ojalá y en Zapopan se dé una muestra ejemplar de ejercicio y aplicación de la legislación de la materia. Que los responsables respondan a los que les compraron engañados con tales anomalías y que la autoridad se haga sentir ejemplarmente para que no se siga dando tan injusto e inequitativo fenómeno. De que se puede, se puede; si no, aunque en un caso algo diferente ¿cuándo se hubiera logrado abrir la avenida Federalismo? Había un interés público de por medio y se aplicó la ley, firme, cabalmente, conforme a derecho.

No es nada lejano a la verdad que pareciera que la ciudad tiene dueños, aquellos que por la vía de la especulación, del arreglo ilegítimo y de las posesiones dudosas, truncan la circulación del cuerpo urbano y llegan a infartar arterias que deberían abrirse a todos para permitir el desarrollo ordenado, el tránsito expedito y una mayor igualdad social.

Necesitamos gobernantes valientes, que quieran y conozcan la ciudad, que trabajen en pro de ella y que no les tiemble la mano a la hora de tomar decisiones que beneficien a las mayorías, a pesar de las presiones que tendrían de los poderosos y encumbrados afectados.

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