Entre Trump, el “Pacto” y las gallinas

Las incertidumbres ante el inminente arribo al poder -ahora sí- de Donald Trump, ciertamente han cimbrado a México, su economía y a su gobierno, mostrando una vulnerabilidad no vista en otra nación. Japoneses, rusos o chinos han visto pasar las amenazas, insultos, amagos y desafíos del ya casi mandatario estadounidense desde distintas visiones que van de lo escéptico ante sus señalamientos hasta una posible confrontación militar (según el Global Times de Beijing ligado al Partido Comunista) ya que al magnate se le han pasado la mano, la boca y los “tuits” contra todo lo que se mueve.  Sin embargo, a los mexicanos nos han movido no solo el tapete sino el piso completo, mientras vemos parsimonia y muy “centradas” reacciones del gobierno ante los constantes ataques.

Ni “el muro que por supuesto no pagaremos” de Enrique Peña Nieto ante sus propios embajadores y cónsules (rabiosos aplausos del público asistente), ha podido cambiar la impresión de una actitud más que agachona y timorata mientras que Trump se ensaña con su “rival más débil”, a unos días de su coronación con las ínfulas de un dictador imperial. Pero ya no necesitamos esperar su mensaje inaugural. Los daños están a la vista ya que hasta una antigua aliada de México, la Ford (con noventa años de historia en nuestro país), retira inversiones y otras compañías más, incluidas no estadounidenses, lo piensan ante la posibilidad de perder lo que realmente buscan: aprovechar el enorme mercado del vecino país. Los aranceles son el arma que cualquier empresa teme, máxime cuando constituyen también un chantaje.

Todo indica que muchos de los beneficios del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TELECAN o NAFTA), tienen los días contados, ya que la “negociación” con México va de antemano preñada de amagos. Y vaya que lo que no dice Trump (difícil creer que no lo sepa), es que el propio Tratado sí le ha servido a su país en materia de empleo. Un dato puede servir de referencia: poco antes del TLC el índice de desempleo en Estados Unidos llegó a marcar el 10 por ciento, 7.1 por ciento a la firma del mismo; actualmente dicho índice ha descendido hasta el 4.7 por ciento. No obstante, los “triunfos” de Trump han sido en extremo modestos al hundir inversiones en México para recuperar unos cuantos cientos de empleos en Michigan o Indiana. Y, con todo, hay que entender el fondo de sus intenciones cuando en aquel país se requieren hasta 250 mil empleos mensualmente.

Así que la guerra, por lo menos económica, parece inevitable y, mientras tanto, Peña Nieto no termina de apagar incendios y continúa mandando a sus secretarios -especialmente al hoy occiso en la sucesión presidencial José Antonio Meade-, al foso de los leones, para tratar de contrarrestar la tremenda debacle pública provocada por el “gasolinazo”. De ahí, claro, el “pacto” -muy al estilo de Salinas- sacado prácticamente de la manga y que pomposamente fue nombrado “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”, que ya visto con detenimiento no es sino una lista de buenas intenciones pero casi ninguna acción concreta. Vamos, ni siquiera la de devolver a los mayores de 65 años sus fondos de ahorro y que si no lo han logrado no ha sido porque no han querido sino por las trabas anticonstitucionales que se les han impuesto. Por ejemplo, el tener que demandar a INFONAVIT, en juicios que duran años para recuperar fondos de vivienda y cosas por el estilo. Así que el gobierno no tiene por qué jugarla de redentor en ello.

Y en la firma del “Acuerdo” no faltaron los que siguen confundiendo su papel con el de comparsas convenencieros. No es de extrañar que el líder de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, se sume a los llamados presidenciales -con hurra y comentarios zalameros- cuando ha sido ése el principal papel histórico del organismo. Lo que sorprende es la presteza con que lo han hecho otros grupos como los empresariales, empezando por el presidente del mismo Consejo Coordinador, Juan Pablo Castañón. Y nuevamente fue la COPARMEX a cargo de Antonio de Hoyos Walther, la que se significó al no participar en lo que consideró una simple “estrategia de imagen pública”. Dignidad, señores.

Mejor papel han hecho los políticos locales, quienes a pesar del activismo propio de un año preelectoral, han lanzado iniciativas interesantes. No puede negarse que el gobernador Aristóteles Sandoval tuvo tino en la formulación de varias medidas emergentes ante el impacto del alza en los combustibles (lo de restarle subsidio a partidos luce genial), como también los alcaldes emecistas encabezados por Enrique Alfaro en su acción de controversia constitucional en México, con todo y lo mucho o poco viable que se le quiera ver, es hasta ahora de lo muy escaso en manifestaciones por la vía jurídica ante las decisiones presidenciales. ¿Que ambos no podrían usar ese ingenio para trabajar unidos por Jalisco? De menos hacen pensar que Jalisco ya no es tanto el “gallinero de la república”, como lo calificaban Obregón y Calles.

Ahora el que habla de gallinas es el actual Presidente de la República, cuando para justificar (¡otra vez!) el gasolinazo, manifiesta que ya se nos acabó la “gallina de los huevos de oro”, refiriéndose al gigantesco yacimiento petrolero de Cantarell y que está por agotarse explotado en solo doce años…. La pregunta es ¿Hasta cuándo se le acabara la gallina de los huevos de oro a la clase dorada política? Pero algo de razón tiene Peña Nieto. Los mexicanos somos expertos en acabarnos los recursos, el dinero y las oportunidades.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: MiguelZarate_12