Un día sin auto… ¿y luego?

Jalisco participará en la celebración mundial del Día sin Auto, o World Carfree, como se le conoce internacionalmente. Resulta altamente positivo que las autoridades promuevan e incluso participen en esta experiencia que se vive desde hace cuando menos un par de décadas.

Es un hecho que tal celebración constituye, por ahora, una simple toma de conciencia. Lo más probable es que para muchos pase inadvertida, aunque no se dude que sobre todo nuestra clase política buscará notoriedad a través de los medios para “lucir” respeto por la fecha y utilizar bicicletas o transporte público “para la foto”. Pocas oportunidades como esta para que los promotores de algunas causas ambientalistas, se esmeren en hacer destacar sus empeños en la materia.

Sin embargo, la cuestión no es para temas políticos ni como una simple moda que hay que adoptar. El asunto conlleva un trasfondo que debería llevar a reflexión ya que los esquemas de movilidad se vuelven cada vez más complejos. Y está bien que sea el gobierno quien busque poner la muestra ya que, a fin de cuentas, ha sido el principal responsable del caos y la inoperancia del transporte público.

Así es de fácil la cuestión: si la población contara con un transporte público realmente eficiente, seguro, confortable y bien planeado, ¿cuántos no dejarían gustosos sus automóviles en casa o en un estacionamiento periférico para dirigirse a sus escuelas, trabajos u otras actividades? La búsqueda de otras alternativas de movilidad implica condiciones que están lejos de generalizarse. Por ejemplo, el uso de la bicicleta alentado por las famosas ciclovías. Esto se dice fácil cuando las distancias en la metrópoli no permitirían tal utilización de una manera habitual y cotidiana. No es Alemania donde los metros y trenes suburbanos cuentan con espacios para alojar bicicletas y así combinar ambos medios.

La verdad es que vivir un día sin auto no parece un sacrificio tan extremo. De hecho cualquiera lo ha vivido por haber sufrido un accidente o descompostura del auto. Sin embargo, es en estas circunstancias cuando en verdad nos damos cuenta de las carencias que vive a diario la mayor parte de los habitantes de la urbe.

Volvamos un poco la vista hacia lo que sucede en otras partes del mundo. En efecto, el World Carfree (o Día sin Auto) nace en Inglaterra, donde se han estado aplicando desde hace mucho medidas mucho más drásticas para la circulación vehicular. En Londres, entrar al centro urbano implica el pago de una cuota (cargo de congestión le llaman, equivalente a unos 20 dólares diarios), ahora modernizada hasta con sistemas electrónicos similares a nuestra IAVE. En otras ciudades europeas el ejemplo ha cundido –Milán es otro caso- mientras que en Estados Unidos, el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, fracasó en el intento de aplicarla ya que, para muchos, de hecho pocos usan autos particulares en Manhattan para sus traslados ya que la movilidad es casi nula y los precios de los estacionamientos son irracionales.

Por otra parte, las restricciones al tránsito vehicular han sido tomadas como una medida emergente y obligatoria para frenar el avance de la contaminación ambiental y esto ha acontecido desde Atenas hasta Sao Paulo, en varias ciudades de Colombia y de manera considerada hasta autoritaria en el mismísimo Distrito Federal.

Por supuesto que en Guadalajara y su zona aplicar restricciones a la circulación de vehículos particulares similares al valle de México, que con todo y sus evidentes bondades no se advierte muy sensato aquí más que nada porque esto es un hecho incontrovertible, nuestra capacidad y condiciones de transporte público no lo permiten.

De manera que aquí hay que seguir alentando, eso sí, alternativas viables y posibles, realistas en fin, para que efectivamente aun por segmentos se vaya incorporando al ciudadano a la utilización de la bicicleta lo cual necesariamente nos lleva a otras consideraciones. Una de ellas, primordial, es el desarrollo de una auténtica cultura vial de la que tanto ciclistas como automovilistas aún carecen, ya no digamos motociclistas, conductores de camiones y de otros transportes de servicio.

Todo ello nos lleva a observar que, efectivamente, hace el gobierno bien en tratar de hacer conciencia en torno a la movilidad alternativa pero, en principio, debería ser el propio gobierno quien adopte las medidas necesarias para resolverla. Hemos visto que sencillamente para hacer una ciclovía –que en muchas ciudades no son sino rayas pintadas en el pavimento-, se crean grandes conflictos hasta con vecinos y se programan inversiones cuantiosas, o al menos eso nos dice -esto sin contar las dudas que genera los costos de las obras-. Lo cierto es que no se necesita tanto si de manera paralela se aplicaran determinados reglamentos y se fomentara la educación vial desde las mismas escuelas.

Si lo que se busca es transformar a la sociedad, lo cual definitivamente sería el fin más trascedente de estas medidas, habrá que hacer muchas cosas más que celebrar el Día sin auto, sin olvidar todo lo colateral que significa dejar el automóvil y tomar la bicicleta e incluso caminar saludablemente, entre lo cual bien está recordar que la seguridad es un factor para muchos clave, sobre todo en determinadas zonas de la ciudad.

Bienvenida la conmemoración del Día sin Auto. Ojalá y sea el principio de otras acciones que contribuyan a esa toma de conciencia que se busca para que el automóvil deje de ser el amo de las calles y el privilegiado de los gobiernos. Sin embargo, lo importante será pensar en lo mucho que nos toca por hacer para que las alternativas de movilidad no sean cosa de un día -una moda como hoy se percibe- sino una nueva realidad de todas las semanas, los meses y los años. Antes, claro, que el destino nos alcance.

 

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