Las cuentas pendientes de los alcaldes metropolitanos

Cada uno a su manera, los alcaldes de la zona metropolitana de la capital jalisciense más que informar se defendieron como pudieron del cúmulo de carencias y problemas que enfrentan prácticamente sin excepción todos los municipios. Mejor librados unos que otros pero, la verdad, nada exenta esta pasarela anual de contextos políticos ya que será muy posiblemente esta la última ocasión en que cada quien haga gala de sus logros, ya que en un año más o no estarán en tal función o pocos atenderán a su dicho.

Así, nuestros alcaldes gastaron ya las dos terceras partes de su corta tarea y quizá tengan la sanción o el premio popular de alguna manera en las urnas de las próximas elecciones. Independiente a los candidatos que aspiren a sustituirlos, habrán contribuido a sacar adelante o hacer retroceder sus colores.

Sin embargo, lo que sí interesa a los ciudadanos es cuál es la verdadera situación de la administración pública y perspectivas hacia el futuro. Los tránsitos administrativos siempre producen retrasos e incertidumbres ya que la continuidad en acciones y programas suele formar parte de los discursos pero casi nunca de las realidades. Tan es así que, en ocasiones hasta en gestiones sucesivas del mismo partido, cada nuevo gobernante reinventa el municipio y encuentra las fórmulas para atender sus problemas.

Hay muchos casos en los que la falta de continuidad anula los beneficios de un buen programa y no pocas veces entorpece a los ayuntamientos y frena el crecimiento de manera abrupta. Uno de los ejemplos se encuentra en los planes de desarrollo urbano. Lo que es una atribución concedida por la ley, o sea la evaluación de los respectivos programas municipales de desarrollo urbano durante el primer año de Administración, es simplemente soslayada pese a que tal facultad se confiere con el fin de que se complementen y actualicen los planes de desarrollo y los planes parciales más de acuerdo a la realidad vigente.

Esta atribución debería cumplirse al pie de la letra, especialmente por parte de los municipios conurbados o los de las ciudades medias del estado aunque se trate de una obligación que incluye a todos que quizá por su dimensión puedan contar para ello con el apoyo de las autoridades estatales. Lo grave es que cada alcalde más bien encuentra la forma de evadir tal responsabilidad y simple y llanamente busca mil pretextos para omitir su cumplimiento.

¿Por qué esta actitud displicente y altamente perjudicial para el desarrollo de los centros de población? Habría que preguntar principalmente a los alcaldes que van sorteando y malabareando tal deber sin una explicación clara, a no ser que en el fondo se trata de crear vacíos legales que permitan otorgar permisos de manera discrecional y bajo un esquema de intereses ajenos a los de la población.

Desafortunadamente el caso más significativo se encuentra en Guadalajara y vaya como muestra un hecho en verdad insólito e incomprensible: la capital del estado cumple ya una década sin que se actualicen los planes de desarrollo urbano. Aquí ya no cabría ni siquiera el pretexto de que se han interpuesto factores políticos por cuestión de partido político. En diez años esto ya sucedió con el PAN y vinieron dos Administraciones priistas. Consecuencia de ello ha sido el caótico crecimiento urbano sin regulación y, al parecer, sin mucha voluntad para hacerla.

No sabemos con precisión si esto ha sido deliberado o no aunque casi estamos por inclinarnos por lo primero y ni siquiera fue suficiente el despido de dos funcionarios municipales, en Obras Públicas y en Coplaur, a raíz del virtual enfrentamiento de intereses entre Carlos Felipe Arias y José Luis Valencia, secundados por una lucha paralela entre los regidores que con ello excedieron incluso sus funciones, para que el alcalde Ramiro Hernández diera la celeridad debida a tal proceso.

Apenas hace unos días que se aprobó una consulta pública para la revisión de los planes, aunque esta vez lo que alienta es que hubo tino en poner la dirección de Coplaur en manos de un especialista, Diego Delfín Álvarez del Castillo que, además, posee el don del diálogo. Por la importancia de lo que está en juego, naturalmente habrá que conceder todo apoyo para esta nueva aunque demorada intención.

Lo importante es que la ciudad vuelva a tomar rumbo en materia urbana, que haya consensos para revisar, evaluar, opinar y hacer propuestas congruentes y fundamentadas. Se trata de un asunto en efecto trascendente y de dar a Guadalajara el liderazgo que por razón obvia le corresponde en este sentido ya que de ahí podrán partir líneas de mayor coordinación.

La verdad poco se escuchó en los informes de los alcaldes la ocupación y preocupación hacia estos aspectos. En lo general ni siquiera se concedió un espacio importante a lo que habrá de significar acciones para retomar el control del espacio urbano y de todo lo que le complementa en la regeneración de los barrios y de las colonias tradicionales y, además, también en lo que contribuya de fondo y en el fondo para recobrar la tranquilidad ya que la inseguridad sigue siendo una herida abierta en la confianza ciudadana.

Ya los protocolos quedaron atrás y los actos de lucimiento que cada quien tuvo como reflejo de su propia personalidad. Sin embargo, el listado de pendientes es aún bastante grande y hay cuentas sin saldar que los munícipes tendrán que cubrir con un año de trabajo trascendente aunque por adelantado sabemos que ya y desde ahora, varios de ellos si no todos, hacen los preparativos consecuentes para continuar con su aventurerismo político.

 

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