Las cuentas y cuentos de Peña Nieto

El bombardeo fue incesante. Ya antes del informe se veía venir el perfil que daría el Presidente de la República a su quinto reporte bajo el mismo “eslogan” que ha manejado hace algún tiempo con un agregado que algunos suspicaces han denunciado como amenazante: “lo bueno cuenta… y queremos que siga contando”. Es decir, leen la posibilidad de que finalmente, pese a todos los pronósticos, exista continuidad en el régimen, o al menos afinidades. Y quizá no estén tan equivocados si nos atenemos a los últimos desaguisados en los partidos de oposición.

Y es que en las “cuentas”, que tal vez leyeron algunos diputados tras la entrega del documento escrito pero que aplaudieron mucho los invitados a la lectura del “mensaje” en Palacio Nacional y transmitido a toda la nación -versión un tanto forzada del anterior “Día del Presidente” y que se implantó habitual luego del desastre precisamente en el quinto informe de Vicente Fox en San Lázaro-, la verdad hay rubros que efectivamente son positivos, bastante positivos. Así se anota, por ejemplo, la creación de empleos ya que la inscripción en el Seguro Social -hasta hoy el indicador más confiable del trabajo formal-, muestra que en este sexenio se han creado 1.6 millones de plazas laborales. Y esto es mucho si se compara con la caída de casi medio millón en tiempos de Fox o el estancamiento en la administración de Calderón. Y la meta es llegar a los 3 millones. Ojalá.

De esta manera se advierte que lo señalado por Enrique Peña Nieto en cuanto a lograr un país más competitivo y productivo, con todos los cuestionamientos que se quiera -los bajos salarios entre ellos-, no es una exageración, incluso si se añaden otros factores como el nivel de inflación (un 3.9 por ciento calculado en promedio para el sexenio), el incremento en la inversión extranjera directa, la relativa estabilidad económica, los avances en reformas, obras públicas trascendentales y algunas hasta espectaculares, etcétera.

Sin embargo, por otro lado, las cuentas positivas, a pesar de ser innegablemente trascendentes, no parecen a la vista de la opinión pública tener el mismo peso que las negativas. Al llegar al quinto informe es invariable el “efecto desgaste” de todas las administraciones. De hecho, se considera el último válido ya que el sexto se da con un nuevo presidente electo. El problema de Peña Nieto no son sus cuentas que cuenta sino las que no cuenta.

La bajísima popularidad del Presidente no es tampoco gratuita. Se ha venido acumulando una serie de errores que han dado al traste con la percepción de su gestión y, lo peor, de su persona. La inseguridad es un tema lacerante, más que cualquier otro, y a pesar de las medidas drásticas que ha tenido que adoptar, el saqueo desmedido y la corrupción galopante serán prácticamente el signo de su administración. Lo mismo podría decirse de la defensa a ultranza de asuntos llamemos domésticos, como la compra por su esposa de la Casa Blanca -y que nadie olvida-, como la obcecación de mantener en su puesto a funcionarios como el titular de SCT, Gerardo Ruiz Esparza; las fallas terribles en la procuración de justicia como Ayotzinapa y muchos más; el evidente fracaso de la lucha contra el crimen organizado; el atraco a los ciudadanos con el gasolinazo de principio de año aunque se prometió que no habría uno más. De manera que los cuentos derivados de todo ello también cuentan y cuentan mucho.

Será difícil, muy difícil para el priismo mantener el poder. Peña mismo lo sabe, aunque esto no significa que se quede de brazos cruzados. Confía -y alienta en lo posible-, en las luchas intestinas de los partidos: el PAN se resquebraja ante la ambición insólita de su joven presidente, la formación de corrientes alternas promovidas por los calderonistas que buscan posicionar a Margarita pero que se ve cada día más lejano la posibilidad de obtener la candidatura, el derrumbe de los liderazgos perredistas y sus tránsfugas a Morena, el casi inminente primer rompimiento del férreo dominio dictatorial de López Obrador en la primera decisión importante en la postulación a la Ciudad de México, las acciones de los demás partidos satélites -o rémoras se podría decir-, incluso algunos mercenarios, sujetos a la oferta y demanda y disponibles al mejor postor. Todo ello, si se conjuga, podría ser la única alternativa de que, en una votación muy dividida y repartida, el PRI pueda, por irónico que parezca, sí, resultar ganador.

Aún falta camino para llegar a la transición. Hay luchas frontales e importantes por delante como las que se libran con nuestros vecinos, el TLCAN, el muro, los “dreamers”, etcétera, que son como negociar la comida con un T-Rex. Luego habrá que ver en qué termina la crisis provocada por la designación del Fiscal General y si el Presidente cede en ello para dar alguna oportunidad a su propio partido. Falta mucho por ver todavía a escalada nacional (Lo que sucede en los estados y en especial en Jalisco es otra historia que valdrá la pena analizar en el futuro, que aunque ligada está a lo que acontece en el centro se van hilvanando acciones que se encaminan a formar un nuevo movimiento de pretensiones nacionales). Pasó ya el quinto informe pero aún Peña Nieto no cierra del todo sus cuentas ni termina, tampoco, de poner fin a sus cuentos.

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