La consultoría profesional en Jalisco y en México

Sin duda que la consultoría profesional ha debido enfrentar muchos retos a lo largo de tres décadas que logró su integración como órgano profesional reconocido. Ahora, precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de su fundación, la Cámara Nacional de Empresas Consultoras –CNEC-, extiende su actividad por todo el país gracias a una visionaria iniciativa de quienes la iniciaron, Oscar Vega Argüelles, Edwin Simpson Espinosa  y que continuaron los líderes que la consolidaron y fortalecieron.

Y vaya que no ha sido tarea fácil. Uno de los primeros problemas encontrados ha sido, y lo continúa siendo, la competencia desleal. La charlatanería y el “chambismo” en distintas esferas, principalmente oficiales, vienen a resultar tan perjudiciales a la consultoría como el ambulantaje sin freno ni control para el comercio organizado, por utilizar un parámetro. Sin embargo, en el caso de la actividad consultora, hay daños irreparables cuando las decisiones trascendentales se toman sin el soporte de un juicio y apreciación técnica debidos.

Para quienes establecieron la CNEC en México en un año crucial para nuestro país, 1985, marcado por grandes avances económicos y tecnológicos pero también con la amenaza de los desplomes financieros de los gobiernos anteriores al de Miguel de la Madrid, y luego una catástrofe como signo de tiempos perniciosos, la consultoría mostró su provechoso actuar en muchos campos de participación con la comunidad y de importantes aportaciones al gobierno de aquel entonces.

Así, la evolución del país ha sido acompañada de la labor de los consultores aunque y de manera muy especial en distintas estructuras de gobierno, se sigan fomentando prácticas que resultan a estas alturas inexplicables. Para la determinación de políticas públicas se ha arriesgado la intervención de falsos consultores, muchos de ellos incluidos bajo ese pretexto en las nóminas oficiales y que, con ello, desprestigian el oficio sin importar consecuencias. Y, para completar el daño, no faltan gobiernos de todos los niveles que mal utilizan sus recursos para contratar empresas oportunistas como las que suelen venir hasta del extranjero, tan solo para dar respuesta a los “egos” de algunos gobernantes y, naturalmente, cobrar sumas exorbitantes, en muchos casos sale ser el consultor local, el experto que conoce a fondo la problemática local quien termina subcontratado por estas empresas y realiza el trabajo. Así los consultores nacionales y locales deben asumir su papel en condiciones de inequidad en muchos de los casos. Inclusive, no es nada infrecuente que autoridades establecidas vayan en contra de la opinión profesional ya que esta suele ser el peor enemigo de la improvisación, de los favoritismos y de la corrupción.

Hay muchos ejemplos de ello pero, en el caso particular de Jalisco, la consultoría ha debido enfrentar –como pasa seguramente en otros estados del país-, condiciones casi más adversas dado que la profesionalización enfrenta un medio que todavía hace prevalecer criterios obsoletos y en el que los funcionarios públicos no aceptan fácilmente la necesidad de corregir errores y de contar con elementos de juicio más acordes con la realidad.

Por citar un solo caso, las empresas consultoras de Jalisco han participado con entusiasmo en organismos diversos de tipo público o de participación ciudadana, a fin de coadyuvar en determinaciones importantes. Desde hace tiempo ha sido el tema de los planes parciales en Guadalajara y su zona metropolitana. Pero pese a que fue una labor fundamental, desdeñada por varias administraciones municipales precedentes, la llegada a conclusiones con respecto a una normatividad básica, prevista y ordenada por la ley, ha sido detenida, al menos temporalmente, por la simple decisión de un órgano como el Tribunal Administrativo del Estado y de manera específica por uno de sus magistrados, quien aparece regularmente por lo controvertido de sus decisiones.

De golpe se frena, se busca echar abajo el trabajo de muchos participantes importantes que debieron aportar innumerables horas de trabajo a la integración de los indispensables planes urbanos. Simplemente se trata de hacer fracasar a los que pretenden, por medio de la opinión técnica, como es el caso de los consultores profesionales, acciones necesarias. Lo grave, claro, es que la única explicación posible para que estas cosas sucedan es la preponderancia de los intereses particulares sobre los intereses comunitarios. Y luego se sorprenden en el TAE que surjan de inmediato las sospechas de corrupción.

Por ello no deja de ser inspiradora la labor desempeñada por la actual dirigencia nacional de la CNEC. Su presidente, Mario Salazar Lazcano, tiene metas muy claras y objetivos que serán definitivos para el futuro de esta organización cuyo principal capital radica precisamente en la inteligencia. Lo que se trata es de que cada vez más se tome en cuenta a los verdaderos consultores para así contribuir con los gobiernos, las empresas de distintos giros, hacia la toma de decisiones.

Una de las políticas de Mario Salazar se centra tanto en continuar con la creación de delegaciones de la CNEC en el país como fortalecer a las existentes y la intención de todas ellas es similar, al procurar consolidarse como órganos de consulta y colaboración del estado y de intensificar su vinculación con otras cámaras como las del sector industrial, entre otras.

La interacción de la genuina consultoría con el gobierno y con los empresarios y el sector social, dará finalmente sus resultados. Es tiempo que la ahora llamada “industria del conocimiento”, tome el sitio que le corresponde ante la sociedad y rinda cada vez mejores frutos en beneficio de México.


miguel.zarateh@hotmail.com  

Twitter: MiguelZarate_12