La ciudad y los candidatos

Quizá era de esperar. Los candidatos a las presidencias municipales de la zona metropolitana de Guadalajara no han dicho nada trascendental en cuanto al panorama futuro de la ciudad. Lo que es más, ni en sus “debates” -bastante sosos, incoloros e insípidos por cierto-, han aprovechado la tribuna para ofrecer su visión en cuanto a los temas más importantes, los que más afectan e importan a los ciudadanos, claro. Y con lo poco que queda de campaña ya no habrá tiempo ni modo de que muestren mayor cosa.

En cambio, los problemas ahí están, a la vista de todos, latentes y sin duda enfrentando un mar de pendientes que en la transición de los ayuntamientos quedarán igual o peor. A veces pareciera que los aspirantes –recurrentes, pero ni siquiera ocurrentes para atacarse entre sí-, se hubiesen puesto de acuerdo en algunas cuestiones: por ejemplo, todos hablan de “re-densificar la ciudad”, de obtener las millonarias cifras (¿más créditos o qué?) para algunos servicios y obras aunque sin modo claro de cómo obtenerlo. Abatiendo la corrupción, dicen algunos, pero esto se expresa fácil, habrá que verlo aunque cualquiera sabe que ya la única forma de lograr recursos importantes es a través de nuevos financiamientos.

Solamente habría que recordar a los candidatos que de por sí Jalisco se encuentra entre los estados más endeudados del país, precedido acaso por el Distrito Federal, Nuevo León, Veracruz, Coahuila y Chihuahua, mientras que también la cifra de números rojos en cuanto a los municipios, tampoco nos favorecen en nada. Si a esto sumamos las restricciones y recortes previstos en las participaciones federales, valdría la pena ver cómo le harán los futuros alcaldes para cumplir sus generosas promesas.

Y hay otra cosa en que coinciden: ninguno le entra al problema urbano originado por las obras de la línea tres del tren. Desde luego que estamos conscientes del beneficio final resultante pero, que se vea, nadie, ni los actuales funcionarios municipales y por lo visto ni los próximos, se han dado a la tarea de poner orden y tomar providencia a efecto de que dichas obras no ocasionen más trastornos que los normales. Se entiende, pues, que existe un especie de “pacto” para que no se politice este proyecto como ha ocurrido en muchos otros y eso es bueno, pero solo para asegurar la conclusión de la obra. Los trabajos están próximos a acometerse en el centro histórico pero si se siguen los criterios de que hay que tumbar lo que estorbe, así, sin más, como ya aconteció con el puente peatonal de la Normal o igual destino que le espera al de Plaza Patria (ambos de valor incluso arquitectónico), la verdad preocupa lo que los contratistas quieran hacer en el corazón mismo de la ciudad.

Se recordará que el inconveniente en la construcción de dicha línea ha sido, al menos para los locales, el hecho de que todo corre por cuenta del gobierno central y que las firmas participantes son extranjeras o de otras partes del país. A ellos no les importa ni entienden  los intereses de los que aquí vivimos.  Se oyó bonito cuando hablaban de otorgar trabajos a las empresas jaliscienses pero todo indica que estas solamente intervienen en mínima parte, a manera simbólica y representativa. Nada más. La consecuencia de ello es que no existe opinión local que valga ni a los constructores o a las autoridades de la federación ni a las estatales les importa un bledo el entorno de la obra. Vamos, ni a la SCT ni a su director en Jalisco, Bernardo Gutiérrez, interesa nada que no sea simplemente llevar a cabo estos trabajos adelante, en tiempo y a como caiga lo que caiga, se percibe un trato como otra obra ferroviaria más en el país. Ahora sí que ni quién nos defienda.

Sin embargo, para ello el Consejo Ciudadano del Instituto Metropolitano de Planeación sí ha expuesto su postura y recomendaciones, similares a las expuestas dentro del seno del llamado “Consejo Técnico de la Línea Tres”, que ante el nulo caso que le hacen,  más se  semeja ya  a solo una comparsa de la SCT, (“que no digan que no consultamos” ya los estoy escuchando). Lo importante es que se vea que, con todo y lo pesado de la magna  obra, pueden subsanarse e incluso evitarse muchos de sus problemas colaterales, incluyendo aminorar los problemas de circulación, restituir de inmediato arroyos y banquetas afectados, ir implementando la integración urbana, diseño de zonas de transferencia e interconexión con otros medios de transporte, normar espacios públicos.

Igual se puede trabajar paralelamente en potenciar zonas, identificar oportunidades para inversionistas y vecinos propietarios de inmuebles, buscar vocacionamientos especiales por zona, respetar identidad y tradiciones de barrios y acciones de apoyo a vecinos, comercios y servicios afectados por los trabajos, vamos, que valga la pena una construcción de este tamaño para beneficio general de todos en la ciudad. En fin, cuando hay voluntad de hacer las cosas bien, se nota, pero no es el caso.

Lo anterior es tan solo un ejemplo, desde luego importante, muy importante para la ciudad y su futuro próximo. No obstante, los candidatos y candidatas a las presidencias conurbadas seguramente esto no les sirve a sus frases hechas, a sus promesas huecas ni a las peroratas con las que buscan atraer el voto de los ciudadanos. Los retos reales son muchos, pero la verdad inquieta y mucho que nuestros prospectos no den prueba de que conocen los problemas, menos que identifiquen sus posibles soluciones. Difícil la ponen, en realidad, a la hora de escoger de manera consciente en las urnas.