El caos vial… y lo que falta

Que se recuerde, quizá ni en los tiempos de la apertura de la avenida Federalismo (con Alberto Orozco Romero en los lejanos setentas) o de la construcción –subterránea pero a cielo abierto- de la línea 2 del tren ligero (con Guillermo Cosío Vidaurri), se había presentado en la ciudad caos igual a causa de esta clase de construcciones que, si bien conllevan innegable fin de servicio comunitario, por su total desorden, falta de información y evidente descoordinación entre autoridades, se han convertido ya en la pesadilla de la capital jalisciense  y su conurbación.

Todo lo que se temía prácticamente se ha convertido en realidad, una realidad punzante que afecta la vida diaria, que trastorna comercios, que arroja pérdidas incalculables de horas y horas en el tráfago que ya se muestra, sobre todo en algunas zonas, prácticamente insoportable. Podría decirse que no hay ciudadano, automovilista, peatón, ciclista o usuario de transporte público, que no se vea dañado por las obras. Algunos, claro, los que las resienten con mayor cercanía a sus viviendas o centros de trabajo, son los que mayormente levantan la voz y exigen, con bastante razón, que alguien ponga orden y por lo menos alivie los problemas causados.

Vamos, nadie está en contra del beneficio esperado por los trabajos en proceso pero, ¿por qué no se tomaron providencias suficientes? ¿Qué no se supone que los distintos niveles y oficinas públicas involucradas deberían ponerse de acuerdo para atenuar los efectos? Y, lo más grave, nunca se había dado un caso similar de total menosprecio a la opinión ciudadana, a las sugerencias, a las cotidianas peticiones y solicitudes de corrección de problemas.

En cambio, hay funcionarios que parecen actuar totalmente a la inversa. Un ejemplo de esa falta de respeto es el anuncio del titular del Siteur, sobre el cierre de la circulación en la confluencia de prolongación Américas, Laureles y Avila Camacho nada menos que por 18 meses, ¡apenas a dos días de concretarse! Bueno, ni los integrantes del propio consejo técnico de la línea 3 se habían enterado, menos fueron consultados de la medida. Y eso que se supone que dicho consejo se integró, entre otras cosas importantes, precisamente para integrar a los sectores especializados de la construcción y como un enlace con la sociedad.

Dicho de otra manera, a tal consejo lo dejaron haciendo un papelón, mientras que la molestia ciudadana crece. Y no se trata de algo aislado, la suma de todos los problemas es lo que acentúa la inconformidad. Cualquiera que ha duplicado o más el tiempo de su traslado a causa de las imprevisiones oficiales para informar, sobre todo cuando lo único que está claro es la falta de coordinación de los organismos y funcionarios involucrados.

Y por si fuera poco, hasta los fracasos priistas en la zona metropolitana parecen haber contribuido a acentuar las cosas ya que, por lo visto, los ayuntamientos están dejando de atender la culminación de diversos trabajos. En Zapopan, por citar algo, las obras en proceso van siendo casi olvidadas por no decir abandonadas a los ojos supervisores tanto del Alcalde Héctor Robles Peiro como de José Carmelo Muñoz, director de Obras Públicas. Las vialidades laterales de López Mateos sur-norte ya entraron en la construcción eterna y se repite el error cometido del otro lado que al no comenzar  con el reforzamiento de los puentes peatonales que permitan retirar las estructuras intermedias  que las soportan y ya trabajando en la superficie de rodamiento extenderán aún más el de por sí ya muy largo tiempo de molestias e interminables filas de autos y camiones.

Pero lo cierto es que la lista es mucho más larga de lo imaginable. Además de todo el impacto de la construcción de la línea 3, hay que tener presentes las obras del paso a desnivel en Santa Esther, la ampliación de la línea 1 y los estrangulamientos entre Periférico y Federalismo, la ampliación de la carretera a Colotlán, la desesperante avenida Aviación, el paso a desnivel para liberar la vía frente a Rancho Contento.

Y en el caso del municipio de Guadalajara, ni hablar de todos los cierres en el trayecto de la obra del tren, desde Zapopan hasta Tlaquepaque, incluido el centro histórico de la ciudad, además de los efectos colaterales por la construcción del mercado Corona y la ya inminente clausura del túnel de Hidalgo por las modificaciones a que estará sujeto, y por agregado, los trabajos en Pedro Moreno y en López Cotilla, etcétera.

¿Cómo no entender el enojo de la población? ¿Cómo no comprender algunos casos incluso más angustiosos como el de la colonia Seattle que lleva ya a los vecinos a la toma de acciones decisivas y para mostrar su inconformidad? Y todo ello sin contar que de la obra misma aún quedan grandes dudas por la falta de información que incluso ya fue pedida por los alcaldes naranjas  electos.

Vaya tarea la que están dejando pendiente la SCT, los ayuntamientos –especialmente Zapopan-, como si de plano ignoraran al ciudadano. Que se recuerde, nunca en la historia de la obra pública jalisciense se había dado tanto desorden, nunca se había ocasionado tanto caos, no solo por los trabajos sino como producto de la falta de coordinación, la desinformación y la irresponsabilidad de los funcionarios.  

 

miguel.zarateh@hotmail.com  

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