¿Habrá “buen fin” en el municipio tapatío?

Ramiro Hernández, quizá a punto de perder todas las batallas. Ante un panorama nada halagador desde el punto de vista electoral, lo que podrían ser buenos activos para rescatar lo rescatable de esta administración, se están convirtiendo en lo contrario, factores que crean desconfianza sobre el sano ejercicio administrativo y cuestionamientos en torno a la sinceridad de propósitos para sacar adelante planes de desarrollo y obras públicas sin la mácula de una maraña de intereses encubiertos.

Se ha dicho de tiempo atrás que al alcalde tapatío le ha faltado buena asesoría en la materia pero  tampoco él se ha mostrado muy dispuesto a aceptar lo evidente: su equipo le ha estado fallando y al paso del tiempo queda claro que hay fuerzas ocultas que hacen todo lo posible porque las cosas sigan como están y en otras se sigan dando sospechosas actitudes que nada tienen que ver con lo técnico, como es el caso del mercado Corona.

Ojalá y sea mera impresión que al presidente municipal no parece quitarle el sueño que el área de obra pública siga en total desaseo. Y eso que hace no mucho tomó hasta la determinación de remover al anterior titular. Sin embargo, los problemas siguen, la mala calidad de las obras aflora, como en la avenida Chapultepec, quedan muchas dudas en los trabajos del parque Revolución, la concesión del Agua Azul, los falsos proyectos de vivienda para “repoblar” el centro y muchos más. No se puede juzgar así como así a Ramiro Hernández puesto que goza de antecedentes de profesionalismo político pero su incursión en lo administrativo pudiera ser un descarrilamiento total.

Para hablar en concreto hay que advertir lo que pasa en cuanto a los planes parciales. Acaba de terminar la consulta sobre la materia y crecen los rumores de el proceso será impugnado. Ciertamente no hay perfección posible pero de entrada se ve que hay capacidad del responsable de tal consulta (Diego Delfín), así que de lo que se trata es seguir dando largas al tema, posponer determinaciones y continuar con el estatus presente, lo que beneficiaría a los interesados en que nada cambie o se mantenga una situación ambigua para seguir lucrando con un mercado negro de derechos y permisos. Así de sencillo.

De manera que no era de esperar que todo fuera a darse en la medida de lo deseable pero, en efecto, persiste la expectativa de contar ya con tales planes parciales en el municipio que den certeza a la ciudad, que se fomente la inversión y se ponga fin al desorden. A pesar de los defectos que puedan darse, lo peor es que se pretenda, otra vez, echar abajo lo que se está logrando. Todo hace suponer que el propósito es seguir desestabilizando este proceso. Incongruencias y fallas puede haberlas y hay recursos para corregirlas pero esto no es lo que parece importar a algunos funcionarios y a otros sino demorar dichos planes para seguir encontrando resquicios de mayor provecho.

En otro aspecto está el tan traído y llevado mercado Corona. Daba la impresión que el alcalde se podría deshacer de sus fantasmas. A pesar de que no estaba previsto en ningún esquema y que producto del siniestro había que tomar medidas urgentes, se observó inicialmente interés en la reconstrucción de dicho mercado como el signo de transformación de la actual administración. Todo indicaba que podrían sacudirse muchos lastres y mala imagen para abrir una oportunidad de que la gestión de Ramiro no pasara tan inadvertida.

Pues nada que, luego de realizadas la convocatoria y la decisión sobre el proyecto arquitectónico, que recayó en la firma de Leopoldo y Fernando Fernández, se dieron las inquietudes ya no tanto de su concepto sino de lo que tendría que ser el siguiente paso, su realización. Siempre faltó tomar en cuenta a los más directamente interesados, o sea los comerciantes y locatarios del mercado. Es decir, no se socializó el proyecto desde un principio y las consecuencias podrían ser graves.

Y aquí es donde empiezan los verdaderos problemas ya que entraron factores como los tiempos electorales y la recta final de la administración, lo que da pie a acelerar los procesos de licitación. También, como seguramente alguien le “aconsejó”, el alcalde tomó la decisión de arrancar la obra del mercado con el socavón que vendría a ser el estacionamiento, sin saber si realmente era lo más conveniente, al menos en cuanto sus características de ejecución. Claro, un contratista equis salió de la nada prestarse a tan urgente interés de los responsables de obras públicas en el municipio.

Ahora los cuestionamientos no se han hecho esperar ya que la convocatoria para la construcción y concesión de la obra, se presenta en forma confusa, con conceptos y términos que lo único que parece es anticipar un fracaso absoluto. Y vaya que cualquiera con un poco de sentido común, puede ver que no es fácil construir algo así como 30 mil metros cuadrados en unos diez meses, de los cuales serían tres o cuatro solamente en el proyecto e ingenierías correspondientes. Lo más grave, claro, es que dicha convocatoria también se apremia para se cumplan criterios y condiciones que no quedan claros, lo cual conduce a pensar que se trata de una acción irresponsable.

En fin, este asunto va para convertirse en otro gran problema de la administración de Ramiro Hernández, a quien sus allegados no parecen ayudar mucho y que, en cambio, hacen prevalecer quizá otros intereses. Aquí en MILENIO se dijo que solo 20 empresas han hecho el 80 por ciento de las obras municipales. Así ni duda cabe de que hay favoritos y que el caso del mercado Corona será uno más el escogido, con una convocatoria hecha a la medida para ello. Lástima porque sí había esperanza de que la gestión de Ramiro tuviera al menos buen fin.