El amargo despertar del 2015

El despertar del 2015 está muy lejos de ser prometedor para el país. Naturalmente que el gobierno federal se está esmerando en apaciguar ánimos y despejar dudas pero la verdad no ha sido convincente del todo. Pensamos que el fin de 2014 sería como darle vuelta a la página de los terribles sucesos acaecidos en los últimos meses del año y lo que menos se esperaba era el golpe económico que, dígase lo que se quiera, representará la baja en los precios internacionales del crudo. Quizá México está un poco mejor que una economía tan petrolizada como la de Venezuela pero esto no le quita lo vulnerable a un impacto tan fuerte que ya se anticipa durará todo el año.

Dentro de este preocupante esquema nacional, donde se están conjuntando los efectos de la inseguridad, la ya escandalosa impunidad tolerada por el Estado y las nada alentadoras perspectivas económicas y financieras, para Jalisco la cuestión debe ser también motivo de preocupación que, pese a los hechos, no asoma siquiera a ser motivo de acciones concretas. Más bien se busca el “impass” de tipo electoral para dejar muchas cosas como están sin reconocer que hay problemas que deben atenderse y de manera urgente.

Las noticias “tranquilizadoras” que nos da el gobierno de la República en todos estos días, pronto tendrán su verdadero peso y veracidad. No obstante, lo que más se advierte es una bastante notoria preocupación porque los temas de seguridad, los sociales y los económicos, no rebasen los criterios de la autoridad y dañen más su imagen pública. Pero esto no parece el mejor antídoto para la inquietud colectiva que día con día se intensifica ya que es imposible pasar por alto lo que sucede. Por ejemplo, qué garantías ofrece a sus ciudadanos un gobierno que permite los desmanes desmedidos de los supuestos inconformes y grupos de poder en Guerrero, Oaxaca o Michoacán.

Pareciera que el gobierno tiembla ante las hordas -¿se les puede llamar de maestros?- que saquean, bloquean, destruyen, incendian para ejercer su “libertad de expresión”. ¿A qué le teme el gobierno para no aplicar la ley, poner orden y someter y castigar a los delincuentes? ¿Por qué no atiende la problemática real por la que luchan? Por lo que vemos, al contrario, el gobierno cede, siempre cede, desdibuja totalmente el principio de autoridad, da un mal ejemplo para el resto del país que sí ha esmerado en cumplir y en hacer esfuerzos para superar problemas. Lo más grave, también, es que se detenga in fraganti a verdaderos asesinos enfrentados entre sí y con las fuerzas federales en Michoacán y un juez de un plumazo, así, sin más, los libere por “falta de elementos”.

Y en Jalisco la cuestión no es para menos. Datos nacionales confirman que tienen razón las autoridades estatales en cuanto a la disminución de delitos de alto impacto pero esto no quiere decir que las cosas estén tan bien. Algunos ejemplos de ellos: la tasa de homicidios culposos bajó en un 25 por ciento pero por su cifra sigue estando solamente por abajo de Chihuahua, Guerrero, EdoMex, Michoacán y Sinaloa; los secuestros bajaron de 67 a 21 entre 2013 y 2014 pero hay que ver estados como Yucatán que no tuvieron ninguno; la extorsión casi bajó un 40 por ciento pero sigue siendo la peor tasa del país y, por citar otro caso, el robo de autos también bajó y es incomparable en número -1,593 casos- con Edomex que registró más de 22 mil aunque, por otro lado, nuevamente valdría le pena recordar a Yucatán que no tuvo un solo caso de este tipo de robo.

Ahora la preocupación está en el sector restaurantero y alarmados deben de estar los de CANIRAC Jalisco. Los atracos a comensales, convertidos ya al menos en un caso fatal, han encontrado eco en la autoridad local pero con un dejo de tendencia a minimizar su importancia. Vamos, hasta el Fiscal General interpreta los lamentables hechos de este tipo que ya perturban a industriales del ramo y ciudadanos en general, como “incursiones” de delincuentes “de otras partes”, como si esto fuera suficiente como para tranquilizarnos.

Quizá valga la pena recordar que desde hace décadas las frases favoritas de los gobernantes jaliscienses ante los crímenes de alto impacto han sido “son hechos aislados” y “son gente de fuera”. Hoy esas mismas expresiones utiliza el Secretario de Gobierno, habrá que ver con qué otra frase responden los responsables de la seguridad en el estado ante las denuncias de los restauranteros de López Cotilla por lo que parece toda una red de extorsión y de tráfico de drogas que les golpea, tal vez ya una punta del “iceberg” de lo que puede estar sucediendo en muchos otros giros. Y hay que tener presente que así empezó a agravarse el caso de Michoacán.

Ahora hay que ver lo que sucede con el impacto económico. Un gobierno con menos recursos necesariamente tiene que recurrir, bajo alguna modalidad disfrazada o no, a la restricción del gasto. Y aunque para muchos sería lo mejor la austeridad, para otros no ya que, por ejemplo, los partidos políticos de manera descarada y ofensiva,  no renunciarían a los casi seis mil millones de pesos que emplearán para sus campañas en los próximos meses, lo que suena algo así como dinero, mucho dinero tirado prácticamente a la basura. Pero así es México, la crisis encima y los gastos superfluos en su esplendor.

A pesar de todo, nos queda conservar cierto optimismo sobre el devenir de los próximos meses y que a fin de cuentas no sea tan malo el 2015 como parece. No hay que perder la esperanza de que los gobiernos federal y estatal reaccionen y que en vez de preocuparse tanto por las próximas votaciones, dediquen sus empeños a actuar apegados a la verdad y a la aplicación de la ley sin impunidades. Así a todos, sin duda, nos iría mejor.