El alza de Santa Claus

Se podría pensar que las manifestaciones contra la consumada alza al transporte se dan por escasa información acerca de los motivos que llevaron a la toma de decisión de la respectiva comisión pero, la verdad, la causa del mayor enojo es otra. El aumento por supuesto que molesta a los ciudadanos comunes, y no solamente a los que protagonizan marchas y protestas públicas, y claro que es por el innegable impacto en la economía familiar pero, en gran medida, por lo injusta que se presenta en lo que toca al total desorden e impune incumplimiento de los prestadores del servicio.

De haberse manifestado al menos la voluntad evidente de mejorar el transporte urbano por parte de los permisionarios, los argumentos para el alza, debidamente detallados y explicados, claro, quizá llevarían a una toma de conciencia de que no habría de otra para mantener las operaciones que subir las tarifas. Pero la cuestión es que los usuarios están inconformes por la contumaz actitud de los propietarios de camiones que una y otra vez, ante su nueva solicitud de incremento, burlaron promesas anteriores y llegaron a la siguiente petición con iguales o peores fallas y defectos.

No es historia nueva. Se ha repetido hasta la saciedad, incluso cuando se dio la extraña mezcla de liderazgos obreros con empresarios transportistas que una vez terminó por provocar serios enfrentamientos con el propio gobierno estatal. De uno de estos choques, precisamente ya al final de la administración del gobernador Flavio Romero de Velasco y por un paro artero, surgió como medida desesperada la creación del Sistecozome, combis primero, minibuses después.

Sabemos que las presiones por debajo de la mesa siempre han estado presentes y conllevan mucho de amenaza a una eventual paralización del servicio, cosa a la que ningún gobierno está dispuesto a enfrentar por su cuenta. De manera que, con todo y la famosa nueva ley de movilidad –que falta mucho por demostrar sus bondades–, mejor hay que esperar para ver qué dictan los señores camioneros a los que parece nadie está dispuesto a meter al orden.

¿Ahora sí se cumplirán los acuerdos para mejorar la calidad del servicio?, ¿se actuará para que los chóferes de unidad estén mejor capacitados y ya no traten como les viene en gana y según su humor a los usuarios?, ¿se impedirá por fin que los autobuses sigan siendo una de las principales causas de contaminación en la metrópoli?, ¿se decidirán ya a implementar el sistema de prepago que supuestamente estaba previsto desde el anterior aumento? Son tal vez solamente algunas de las interrogantes a los permisionarios que habría que refrescar ahora que tan dócilmente fueron beneficiados con el alza.

Existe una comisión y hay que confiar en que ha hecho su labor con criterios más técnicos que políticos –al menos se tiene conocimiento que el denominado Instituto de Movilidad sí actúa con los primeros– pero la responsabilidad oficial no está excluida y tendrá que acometer su encomienda con mayor determinación. Por ejemplo, algo que ya se ve inaplazable es el reordenamiento de las rutas y la conversión del concepto hombre-camión hacia el de ruta-empresa, para ver si de esta manera se alcanza una mayor eficiencia y seguridad en el servicio que, dicho sea de paso, provoca por la competencia tras la comisión, graves y mortales accidentes.

En cuanto a las rutas, valdría la pena traer a la memoria que en el pasado un visionario técnico, el ingeniero Jorge Matute Remus, en la época de Enrique Álvarez del Castillo, ideó un plan de reordenamiento que llamó “las ortogonales” y se asegura que con él estaríamos hablando de otro mundo en el transporte público metropolitano. Lo malo es que nuevamente aparecieron las presiones y la renuencia ciudadana al cambio, así que un concepto que pudo haber transformado el servicio radicalmente, fue echado abajo en cuestión de horas.

No hubo la anhelada decisión gubernamental de última hora y ya nadie salvará al vapuleado usuario de esta nueva alza que llegó con Santa Claus pero, aunque parezca ingenuo, ¿no habría forma de ahora sí meter en cintura a los camioneros y hacerles cumplir sus promesas? Veremos.

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