¿Y el aeropuerto tapatío cuándo?

Sin duda que la buena noticia y también la más espectacular del reciente informe presidencial de Enrique Peña Nieto fue el anuncio de la construcción de la nueva terminal aérea de la Ciudad de México. Aunque tardía la magna obra —dada la falta de determinación y carácter al respecto del expresidente Vicente Fox, así como el evidente desinterés culposo del exmandatario Felipe Calderón—, no podía demorar más.  Enrique Peña aceptó el reto y hay que resaltar el hecho de que muy posiblemente ni siquiera le servirá a causa política, ya que los tiempos rebasarán su propio mandato.

Se trata pues de una acción inobjetable aunque no faltarán, como siempre, inconformidades prefabricadas y alegatos en contra poco fundamentados. Mejor, desde luego, que se ponga atención a los escollos técnicos reales como la cuestión de infraestructura hídrica que de entrada representa ya el adelanto más considerable de la inversión prevista o el planteamiento del plan maestro de la zona, movilidad, entorno urbano e integración a lo existente. Pasarán años para ver al primer avión aterrizar en el nuevo AICM pero ya es un compromiso hacia el futuro más próximo de lo pensado.

Sin embargo, con todo y los enormes beneficios de los que se ha hablado en torno a este aeropuerto, no dejamos de percibir cierto empeño por fortalecer la tendencia centralista del país.

Los grandes aeropuertos en todo el mundo requieren de otros alternos. Ese es el sentido en la capital del país con el de Toluca y algunos más aledaños pero muy pequeños. Por razón lógica, el carácter de auténtico aeropuerto alterno, sobre todo para vuelos internacionales y de gran alcance o con aparatos enormes como los de reciente generación, corresponde a la ciudad de Guadalajara. No obstante, la capital jalisciense no cuenta con un aeropuerto de calidad y, pese a todos los parches y “ampliaciones”, sigue básicamente dentro de un esquema legado nada menos que del periodo de Díaz Ordaz cuando fue sustituida la vieja terminal de “Las Animas”, hoy erigida con el pomposo nombre de “terminal dos”.

Lo mejor de aquella herencia fue una pista de aterrizaje que sigue siendo quizá la más larga del país pero que ya resulta inexplicable siga siendo la única puesto que aunque se ha hablado insistentemente de una más “proyectada” para los años venideros, nada se ha confirmado a la fecha. Posiblemente, y esto es seguramente lo más importante, el gobierno federal deba tomar en sus manos el tema del aeropuerto tapatío, como lo está empezando a hacer con el de México. A cualquier jalisciense se le puede cuestionar acerca de nuestro aeropuerto y será muy difícil encontrar una opinión positiva. Y hay sobrados motivos de insatisfacción al respecto.

Lenta, desesperantemente lenta, ha sido la actuación del Grupo Aeroportuario del Pacífico para tratar de mejorar sustancial y de manera consistente la terminal tapatía que, dicho sea de paso, también cobra alto el derecho de uso a los pasajeros. El tema, en realidad, no es poner a juicio si los aeropuertos deban seguir bajo esquemas de manejo privado pero lo que sí resulta fundamental es que se tomen decisiones cuando no se cumplen los objetivos propuestos.

Bien por el aeropuerto de México ya que servirá como puerta de entrada al país pero valdría la pena que también se robusteciera la red nacional y se atendieran las necesidades de crecimiento en otras ciudades importantes. Entonces, ¿y el aeropuerto tapatío cuándo?


miguel.zarateh@hotmail.com 

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