Verde que te quiero verde

Todo hace pensar en que el tema de la “tenencia verde” no sobrevivirá mucho tiempo. Sin embargo, vale la pena analizar distintos aspectos que entrañan, de menos, la inquietud por seguir buscando la fórmula adecuada para frenar la amenaza de un futuro y nada lejano colapso ambiental. Como ya pasa en la Ciudad de México. Y no está mal que organismos como el Observatorio de Movilidad presenten iniciativas aunque de entrada para la mayoría de las personas parezcan descabelladas o inviables por sus implicaciones políticas o sociales. Quizá, a lo sumo, lo de la “tenencia verde” sería un prospecto de solución con aristas positivas pero bastante debatible por el trasfondo de que el ciudadano siga pagando los platos rotos.

Nadie puede dudar de que para conseguir objetivos concretos en mejoramiento del medio ambiente se necesitan recursos, muchos recursos. Los técnicos y especialistas siempre plantean que hay que construir nuevas rutas de BTR, otros que más líneas de tren eléctrico, que crear vialidades especiales a vehículos no motorizados, que corregir el problema de la infición por automotores y muchas, muchas cosas más. Todo, de manera evidente, representa inversiones, algunas ya casi incuantificables. Pero para ello, en principio, no hay que empezar por quitarle responsabilidades al gobierno, mismo que no se ha caracterizado precisamente por hacer el mejor uso y razonable de los recursos con los que ya se cuenta.

Veamos solo algunas de las experiencias ya habidas. Nos cuentan que la instalación de los primeros estacionómetros en Guadalajara, allá a fines de los sesenta, tuvo como motivo mejorar el estado de las calles, bacheo, etcétera. Ahora no solamente ignoramos a dónde va a dar su recaudación y multas, excepto que empresas particulares se encargan de sus beneficios. Otras acciones más recientes, como las foto-infracciones, las sanciones del alcoholímetro, el aprovechamiento de los refrendos y emplacamientos y varias más en las que los conductores suman aportaciones muy considerables, ¿en realidad irán a algún fondo comprobable para invertir en temas de movilidad? ¿quién lo ha informado con precisión y detalle? ¿quién lo sabe?

Claro que también la cuestión tiene referencias culturales como la de rechazar en automático cualquier incremento en cargas impositivas. Veamos que en Estados Unidos los impuestos no son cosa de juego. El órgano responsable, el temido Internal Revenue Service (IRS) equivalente a “Lolita” de nuestro SAT, tiene más poder en muchos sentidos que el propio gobierno. Pero, con todo y el berrinche, los norteamericanos van, pagan, hacen coraje y se les quita cuando se suben a sus modernas autopistas, tienen opción de dejar el auto para viajar en tren o Metro, disfrutan todos los servicios públicos, cuentan con una seguridad eficiente, etcétera. Y aquí ni siquiera sabemos a dónde va a parar nuestro dinero. Solamente nos damos cuenta de los despilfarros, de las nóminas abultadas, de los sueldos exagerados, de los abusos constantes, de los “desvíos” como pomposamente se llama a los viles robos.

Cierto que bajo estas condiciones decirle a la gente que si quiere mejora ambiental debe pagar por ello, incluso con impuestos regresivos -lo de la tenencia, todos sabemos, fue lo que jurídicamente se conoce por alcabala, un pago injusto por usar lo que en principio ya había cubierto su impuesto-, pues es lógico que no se vea como el mejor de los caminos. Pero no hay que entramparse con ello, ni mucho menos caer en posiciones un tanto a modo como la del Gobernador del estado que, sin más, descarta no solo la “tenencia verde” sino todo aquello que afecte su propio plan, que no es sino el de las verificaciones que bien sabemos -y si no pregunten a cualquier ciudadano en México-, son el mejor negocio del mundo, pero aplicadas solamente así por sí mismas, para nada son la solución.

¿Pues que todavía no nos damos cuenta de lo que pasa en la capital del país? ¿vamos a ir hacia otro caos similar solamente porque el Gobernador cree en la propuesta de la Secretaría del Medio Ambiente,  quienes quizá buscan ser un simple  émulo de la titular capitalina Tanya Müller? A lo mejor simplemente el gobierno de la entidad busca salirse por la tangente y “verificar” para castigar, para exaccionar, para obtener recursos sí pero que, como todo aquí, no va a parar siempre a los mejores destinos ni a las mejores manos.

Hay que recordar, no perder de vista que lo que se pretende es encontrar una solución i-n-t-e-g-r-a-l. Procurar que el ciudadano se decida por otros medios de transporte por su conveniencia y conciencia, no por “desmotivar” el uso del automóvil que, por ahora, ante un sistema de transportación masiva decadente y pésimo, es su única alternativa. En México la población está pagando muy caro la falta de planeación, la carencia de proyectos y de acciones reales, fincadas en rígidos principios técnicos y congruentes. Cierto que habrá que buscar recursos y que de alguna manera la población tendrá que aportar su parte y que está tendrá que ser justa y equitativa (no otra tenencia, por favor), podría ser a través de un impuesto a la gasolina -¿otro? Pero ahora estatal-, el cobro a los cajones de estacionamiento -pero no a un privado-, el peaje a zonas restringidas como los centros urbanos y zonas turísticas pero, por lo que se ve, no hay quien dé pie con bola en el asunto ni cómo solucionarlo.

Hay que voltear a ver qué tanto contamina la industria y otras fuentes de desechos, hay que resolver el problema del periférico con el macro-libramiento, hay que implementar horarios restringidos  para el paso de camiones de carga y suministros de víveres e insumos, hay que implementar el transporte escolar obligatorio, hay que empezar por cumplir la ley, hay que hacer demasiado sin duda, y es ahí donde habrá que empeñar todo esfuerzo. De inventos y ocurrencias ya estamos hartos. El problema ambiental ya está aquí y es urgente. No es tema político, es una cuestión vital y de supervivencia. Ojalá y así lo entiendan todos los actores responsables, digo, por decirles de algún modo.

miguel.zarateh@hotmail.com  

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