¿Será que el “Trump” no es como lo pintan?

Mientras aquí el presidente Enrique Peña Nieto -ojo, con el nivel histórico más bajo en popularidad para un mandatario nacional-, usa la tribuna de su segundo tercio de gobierno para extender la mano del diálogo al inminente nuevo régimen estadounidense, allá el “electo” Donald Trump festina a más no poder haber contenido el traslado de una planta de refrigeración de Indiana a México. Hay que aceptarlo. En México igual se hubiera celebrado impedir la “fuga” de capital y empleos hacia cualquier otra nación. Sin embargo, lo que inquieta es que el acaudalado candidato triunfante definitivamente parece más que dispuesto a cumplir, al menos por ahora, sus “promesas” de campaña.

A nuestro país le va a llover tupido y nadie está como para defendernos. En tanto Peña Nieto habla de que el nuevo gobierno norteamericano será acaso un “reto”, así, tranquilo, como si el chaparrón que se avecina se aliviara con un paraguas, en tanto Trump sigue hablando que los “maravillosos” mexicanos no se quedarán más con sus fuentes de trabajo. Vamos, hasta Bernie Sanders, demócrata, pero de siempre también enemigo del TLCAN, primero atizó para que Trump “cumpliera” castigando a empresas que osaren invertir o irse fuera de su país, ahora resulta que le censura lo de Carrier ya que servirá de ejemplo para que otras muchas empresas más chantajeen al gobierno en busca de lo que los enfriadores de aire ya consiguieron: beneficios en impuestos y sin duda jugosos contratos oficiales. No es fácil buscar y rebuscar en la historia para encontrar cómo una elección en el vecino país pueda habernos afectado tanto como ésta. Bueno, las cosas están para que ya cualquier viento se convierta en turbulencia. Además de todo lo acontecido, el peso continúa en picada -seamos claros, en franca devaluación-, ahora que porque el gobernador del Banco de México, Agustín Cartens, renunció (¿graciosa huida o desencuentro con los esquemas presidenciales?) o porque una posible alza en las tasas de la Fed siga aterrorizando a los timoratos capitales locales como si solamente estuvieran en el arrancadero para terminar de sacar su dinero que, mal que bien, hicieron con el esfuerzo de todos los mexicanos.

Y para el señor Trump la cuestión es proseguir esa especie de marcha triunfal por los estados que le dieron el voto supuestamente por su política de proteger las fuentes de trabajo. La mirilla de su escopeta sigue estando en México. O al menos para dar la muestra de que va en serio. Claro que seguramente no le serán fáciles muchas cosas. Incluso con la ayuda de su designado titular de Comercio, el octogenario Wilbur Ross, a quien Trump debe unos “favorcillos” en el pasado cuando se emproblemó con sus casinos en Atlantic City, salvándolos de la bancarrota, habrá denodado afán por “rectificar” el TLCAN que, según señalan, no ha favorecido a la Unión Americana sino a México. Y para acabar este “desastre” de Tratado, ya el señor Ross dice algo así como que México depende de Estados Unidos lo suficiente como para “ceder” en lo que se quiera. Y créase que no tienen pensado para nada en lo que beneficie a nuestro país.

Y como ya está entrado en gastos, pues Trump de paso ratificó su intención de construir su muro, como para que le quede claro a los que aún dudan de su factibilidad. Total, simplemente parece que el ya “electo” sigue en campaña, con el mismo tono vociferante del que no se escapó la propia prensa de su país y a la que calificó una y otra vez como “deshonesta”. ¿Querrá pasarse cuatro años con el martilleo constante en su contra? ¿o se siente listo para acabar con una de las más preciadas libertades? Pero, ante tanto ataque continuado, lo que no deja de sorprender es la tibia y hasta medrosa postura de la mayoría de los líderes responsables del gobierno de México. Veamos, a Peña Nieto le tocará todavía cuando menos la mitad de la administración Trump, en la que desde luego se darán las sacudidas más severas. Pero nada, para el Presidente no pasa de ser cosa de buscar una relación “constructiva”, y todos felices y contentos. Claro que el reciente mensaje presidencial fue cuidadosamente preparado para tener como público a la burocracia más leal. Sin embargo, ni se dude que los sectores ausentes, incluyendo cúpulas, se harán eco del optimismo del mandatario aunque, más bien, podrían dedicar más empeño también a enfrentar el futuro incierto con algo más que discursos planos y lugares comunes. De verdad que se extraña aquellos tiempos en que México se reconocía en el mundo entre otras cosas por su acertada política internacional. Pues acciones concretas deberían ya estar en proceso. Con llamados a la “unidad” o “mexicanos al grito de guerra”, no se resolverán los verdaderos retos ante un gobierno hostil al otro lado de la frontera, ni ante todos los demás problemas de distinto origen. Quizá, y es probable que así sea, el nuevo presidente de Estados Unidos tome juramento el 20 de enero próximo con otros discursos, más equilibrados y sensatos. Sólo entonces el optimismo tendrá sentido. Si en realidad el “Trump” no es como lo pintan, podremos respirar tranquilos. Ojalá y así sea.

miguel.zarateh@hotmail.com

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