Transporte, acciones y reacciones

Después de la tragedia –con énfasis en el después–, todo el aparato gubernamental parece estar orientado a resolver, ahora sí, de inmediato y supuestamente a fondo, el complejo problema del transporte público. Sin embargo, además de las decisiones drásticas y de la aplicación de algunas acciones que también tienen que ver con lo mediático del momento, habrá que ver qué tan reales y definitivas podrán ser las medidas para mejorar sustancialmente el básico servicio.

Nadie niega de la voluntad de ir a la raíz pero extraña un tanto que no se haya actuado previamente ya que, a fin de cuentas, se terminó por dar la razón a los sectores inconformes con la pasada alza de la tarifa, lo que quedó comprobado incluso con la reversa a la misma. A la Secretaría de Movilidad seguramente no le deben faltar estudios sobre el tema, el caso es que no pudo o no supo aplicar los criterios necesarios para evitar que el propio titular del Ejecutivo se viera precisado a tomar la determinación ya en un momento de coyuntura.

¿Por qué no se hizo al revés? ¿Por qué no se condicionó previamente el aumento a la mejoría de todo lo que ahora se está exigiendo? Mucho tiene que ver la presión de los permisionarios quienes ya en el pasado han demostrado su capacidad para salirse con la suya. Las promesas han sobrado y los incumplimientos también.

Pero, luego de lo acontecido, ahora que se está actuando con aparente determinación, valdría la pena tomar un momento para analizar si realmente todo lo que se pregona terminará por ir hacia la solución auténtica si, a pesar de todo, persisten los vicios que han dado origen a los problemas. Estamos de acuerdo en que el momento no está para una estatización, ya que este proceso tampoco es garantía de mejoramiento integral. No obstante, el desmesurado crecimiento del pulpo camionero, el tráfico de concesiones sin la debida transparencia y la falta de reglas claras en mantenimiento de unidades y muchos otros aspectos, acabarán por volver quizá a las fallas de origen.

Nadie lo ha dicho pero nuevamente hay que volver décadas atrás para apreciar todavía más la importante aportación que el bien recordado Jorge Matute Remus realizó en materia de planeación. Las rutas ortogonales, que pretendieron poner fin al desorden, el verdadero caos del sistema de transporte tapatío, aun habiendo fracasado por una decisión que tuvo que tomar forzadamente el mismo gobierno que la aplicó.

Y aquí habría que señalar que también no solamente los sectores responsables participan. También hay que cambiar algunos criterios ciudadanos. Las ortogonales fallaron en un punto que representó un poco de costumbre del usuario: el camión ya no pararía necesariamente en la esquina de su casa. Esta fue la base del manejo político que se le dio.

Así que, después de la tragedia, más valdría que se enfatizaran soluciones no mediáticas que tratan, hasta cierto punto, de calmar los ánimos y provocar una especie de venganza social. Lo fundamental es que exista una planeación técnica que retome todos los criterios bien sabidos y conocidos, más las oportunidades de solución que muchas otras ciudades y muchos otros países ya han encontrado.

No es, pues, necesario descubrir nuevamente el Mediterráneo. Hay toda una metodología y conceptos suficientes para que, en vez de decisiones reactivas, se llegue a una reestructuración trascendente y efectiva. Creemos que ya la merecen los jaliscienses.

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