Retos del crecimiento

Tal parece que todas las advertencias que se formularon en el pasado con respecto al crecimiento de la mancha urbana de Guadalajara, se han ido cumpliendo puntualmente.Por lo menos de dos generaciones atrás se advirtieron los problemas. Lo que más se temía en la capital jalisciense era convertirse, sin ofender desde luego, en un “México chiquito”, haciendo referencia específica a lo difícil de ir resolviendo tardíamente los inconvenientes del desarrollo urbano, desmedido y desordenado.A los expertos que pronosticaban problemas y pedían atención, se les llegó a calificar de “catastrofistas”. Así se buscaba evadir lo que, después, fue simplemente inevitable.

Y eso que lo peor ni siquiera se sospechaba ya que las otrora “villas” de Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, se fueron expandiendo arrasando no solamente predios de cultivo  sino que también fueron llenando de asfalto y construcciones hasta llegar a la conurbación que hoy se vive, con estos municipios y otros que se fueron agregando. Sin embargo, la delimitación política de las localidades acentuó la necesidad de una coordinación que no siempre ha funcionado y que, a fin de cuentas, por su omisión llegó a agravar deficiencias y diferencias en la población.

Además, cada tres años, como en todo, las sucesivas administraciones fueron reinventando soluciones y, al amparo de este desorden,desarrolladores con pocos o nulos escrúpulos y el contubernio con autoridades, abundaron los “permisos” irregulares y hasta ilegales, dejando una estela de problemas no sólo de urbanización sino de la atención a temas como seguridad, comercio informal, el destino de los desechos sólidos, y hasta otros que inciden en la violencia y la desintegración social y familiar. Para entender la importancia del nuevo Instituto Mexicano de Planeación tiene que verse por ello un conjunto de situaciones dadas de tiempo atrás. Lo malo, lo pésimo quizá, sería dejar pasar esta oportunidad para que nuevamente los políticos se adueñaran del organismo y terminara en un enclave burocrático.

Para los habitantes de la zona metropolitana, excepción de algunos señalamientos, no es fácil distinguir ya cuando se pasa de un municipio a otro. Inicialmente su realidad original pudo ser distinta pero la fusión hace desaparecer esas divisiones. Ojalá y no se pierda su identidad –que es otro riesgo– pero lo cierto es que en otros sentidos deben los municipios ponerse de acuerdo para atender lo que son cuestiones comunes. No será fácil dejar de lado los celos y ambiciones políticas, partidistas y hasta personales, pero el hecho es que o funciona la mencionada planeación metropolitana o estamos condenados, sin exageraciones, a un verdadero desastre.

Hay ejemplos nacionales y hasta mundiales de que las grandes conurbaciones, integradas por entes políticos diferentes, trátese de municipios, condados o ciudades, pueden coordinarse con voluntad, para resolver los problemas que no conocen límites ni fronteras.

 Es de desear que el naciente Instituto de Planeación Metropolitana, vea así las cosas y que los responsables del sector público involucrados permitan generar el cambio esperado más allá de sus partidos o de sus términos gubernamentales. Se vale levantar la mano, mostrar aspiración genuina por encabezar al IMPLAN, sin embargo es deseable que tal elección sea realizada con una valoración completa, que además de considerar la experiencia, lo profesional y su comportamiento ético, contemple la capacidad de gestión, liderazgo y ¿por qué no?, la estirpe política. La planeación integral no permite demora alguna, ni tampoco improvisaciones.

miguel.zarateh@hotmail.com

http://twitter.com/MiguelZarate_12