Relaciones Peligrosas

Con el escándalo de la actriz Kate del Castillo y su supuesta relación de negocios con Joaquín Guzmán Loera, se pone "de moda" el tema del blanqueo de dinero aunque la verdad es que se trata de un asunto tan serio que pone a México entre un "top" de países que se han distinguido como paraísos para esta clase de actividad ilícita, digamos al nivel de España o Italia, según los enterados. Y, más preocupante todavía, el hecho de que Jalisco está precisamente considerado uno de los estados de occidente y del Pacífico donde el lavado se ha convertido en todo un eje para los movimientos financieros de los narcotraficantes.

La señora Kate no es ninguna ilusa ni inexperta como para no percatarse de que entrar en tratos con el delincuente más buscado del mundo representaba un riesgo demasiado grande para sus particulares aspiraciones personales. Sin embargo, es hora que nadie ha dado con alguna razón específica para que fomentara esa relación y concretarla, llevándose de paso al galardonado actor Sean Penn que ya prácticamente se deslindó y hasta se arrepintió del encuentro. Vaya condición en la que se deja a la bella artista mexicana quien hasta ahora mejor cierra la boca hasta que, seguramente, elabore una defensa legal pertinente. Y la va a necesitar ya que por sabido se da que en los Estados Unidos el gobierno no se anda con miramientos para aplicar la ley de la materia. Pende pues, sobre ella, la posibilidad de una acusación que le podría costar no solamente sus empresas y sus bienes sino quizá la ciudadanía estadounidense o hasta su libertad. Todo por cuestión principalmente atribuida a lavado de dinero.

Lo cierto es que en México las cosas se manejan mucho más a la ligera. Aquí el asunto no ha pasado gran cosa de la temática en los programas de espectáculos y poco, quizá muy poco, del análisis adecuado en cuestión legal. Pareciera que se tratara de una variante tropicalizada a la historia de Bonnie y Clyde (al menos en la mente del capo) y no de un asunto de enormes consecuencias en el ámbito jurídico. Habrá que esperar lo que diga la propia Kate en su momento y quizá no lo haga necesariamente a su particular deseo y con los reflectores a que está acostumbrada sino ante la autoridad judicial norteamericana y quizá ante la nuestra, si es que en México llega a pesar más la justicia que la personalidad mediática de un artista.

El lavado de dinero, de acuerdo a la legislación y de los acuerdos internacionales firmados por nuestro país, sanciona esta actividad por "adquirir, enajenar, administrar, custodiar, cambiar, depositar, dar en garantía, INVERTIR, transportar o transferir dentro del territorio nacional, desde o hacia al extranjero, recursos, derechos o bienes con conocimiento de que proceden o representan el producto de una actividad ilícita". El supuesto es muy amplio y, por tanto, si Tequila Honor del Castillo tuvo algo que ver con dinero proveniente de esa fuente, los efectos serán indiscutibles. No se ha llegado al fondo, pero por ahora no deja de ser extraña la coincidencia en tiempos entre el desarrollo de la empresa de la artista y sus "chateos" con el delincuente ahora capturado y que le prometió hasta el fin cuidarla más que a sus ojos.

El lavado de dinero en México alcanza proporciones difíciles de imaginar, con sumas que crecen en vez de disminuir dentro del Producto Interno Bruto del país y que, en cifras globales, está en el orden de los 200 mil millones de pesos anuales (más de 10 mil millones de dólares) aunque esta cantidad es mucho menor a la de las ganancias que arroja la narcoactividad, quizá establecida en un promedio de cuatro veces lo que logran colocar en los canales financieros "legales" los hampones y capos. De ahí su evidente desesperación por seguir buscando prestanombres y testaferros que canalicen sus recursos hacia actividades económicas convencionales y pretendidamente legales.

Pese a que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos suele identificar los casos y personas entregadas al lavado de dinero en México, e incluso a la solicitud de extradición de algunos de sus principales perseguidos en México -como fue el caso de hace unos días en Jalisco con la detención de Mauricio Sánchez Garza, a quien no le bastó con entregarse a varias actividades de blanqueo sino que involucró a buena parte de su familia en ello-, lo lamentable es que en nuestro país el lavado sigue rampante y casi impune. Los gobiernos se han dedicado más a atacar frontalmente a los delincuentes, pero se olvida irresponsablemente del origen y del seguimiento de sus recursos financieros. Por ello detenciones y muertes de capos y seguidores termina por ser casi inútil.

Las empresas "fachada" constituyen, por ejemplo, método invariable de los cárteles. Se dice que Guzmán Loera así ha constituido casi cien empresas en los últimos años. Pero no es algo desconocido en Jalisco ya que aquí se desarrolló el lavado desde los setentas y el capo ahora fugitivo Rafael Caro Quintero, tenía en los ochentas de ello todo un imperio. Y quizá sigue aún vigente.

Ahora con la detención de Humberto Moreira (por fin) en España, se pone en relieve otra clase de lavado, la de la sustracción ilícita de fondos públicos, tan grave como la de la delincuencia. Todo ello nos deja una gran lección: el dinero sucio no debe ser camino para nadie y mejor estar advertidos de que las relaciones peligrosas, como la liaison de Kate y su gran admirador capo, terminarán tarde o temprano con su futuro, con su tranquilidad personal, con su libertad y a veces hasta con sus vidas.

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