Prebendas, componendas y encubrimientos políticos

Cuando se pensaba que las cosas cambiarían, todo ha resultado igual  que antes. No hace mucho que los entonces candidatos a diputados recorrían las calles y hacían proclamas de una nueva ética en el ejercicio público, de que el Congreso sería saneado, levantado de una situación infame, obesa y corrupta de legislaturas anteriores. Todo sería diferente, según dijeron y finalmente se recuperaría la confianza y la respetabilidad de tan importante poder del Estado. Pero nada de eso ha sucedido. Simplemente se desoyen voces y se acalla el clamor de los sectores sociales para mantener mismas prebendas, mismos vicios, aumentar la nómina por compromisos y la continuidad de un régimen de componendas y de encubrimientos mutuos entre actores políticos y entre partidos.

Qué triste y lamentable imagen da el Congreso de Jalisco. Sus integrantes siempre apuestan al olvido o quizá al desinterés ante sus actos, por despreciables que estos sean. Y quizá lo más grave es que no hay colores que se salven, al menos no del todo. ¿Cómo ajustará cuentas el ciudadano digamos en el siguiente proceso electoral si no hay organismo político que haya quedado limpio?

El máximo ejemplo, bastante reciente, fue la exoneración de cuanto político había sido acusado y hasta inducido a juicio por la propia Comisión de Responsabilidades. Durante muchos meses, años en algunos casos, las organizaciones empresariales, las no gubernamentales, los grupos de la sociedad civil organizada, etcétera, han externado su reprobación a los abusos de legislaturas pasadas y de sus coordinadores, del auditor superior, Alonso Godoy Pelayo, del ex titular del Comité Administrador del Programa Estatal de Construcción de Escuelas (CAPECE), Salvador Uribe Avín, de ex alcaldes como Antonio Tatengo, de consejeros de la Judicatura, sólo por mencionar algunos.

Sin embargo, ante un cúmulo de evidencias, como fue el caso de Godoy, de qué manera no influirían las conveniencias partidistas que su propuesta de juicio político fue desechada nada menos que por casi treinta de los diputados de todos colores. Fue un total asalto a la conciencia, a la inteligencia de la población, pero quedó, como siempre, impune, sin importar que este mismo año el tan mentado Auditor siguió retando a la sociedad adquiriendo lujosos vehículos, aumentando sueldos, basificando sesenta empleados, y todo con cargo a nuestros impuestos. Aquí  sí que la austeridad no sirve ni de remedo.

Y en lo que toca a Uribe Avín, igual los sectores levantaron la voz para denunciar la forma en que a su discreción se hicieron adjudicaciones en un renglón tan delicado como el de construcción de escuelas, mediante sobreprecios, contrataciones directas a  familiares, amigos y otras linduras. Lo mismo, una votación mayoritaria aplastó las aspiraciones de dar un cauce legal, ni siquiera la oportunidad que en un juicio político se deslindara la situación.

Luego, en el colmo de la obscenidad, los diputados –y diputadas claro–, aunque esta vez hubo también excepciones, defienden contra viento y marea su sobresueldo disfrazado de gastos de “casas de enlace”, muy a pesar de los avatares financieros en que está sumido el Congreso.

Pero los ejemplos no están únicamente ahí. Qué tal el reciente escándalo provocado por una regidora tapatía, Elisa Ayón, quien a su prepotencia, malhabladuría y otras características, le sumergieron en una nueva repulsa pública que, pese a todo lo que se reaccionó aunque después de la presión mediática, no deja bien paradas a las autoridades municipales ni corrige por su supuesto destierro partidista, lo que se sabe plenamente: la fragmentación del poder en cotos y repartos en las nóminas –esto será tema de otra reflexión. Así están las cosas y habrá que ver hasta cuándo y de qué manera se dará la respuesta ciudadana a la impunidad política que vivimos.

@MiguelZarate_12