Planes de desarrollo

Aunque en el tráfago de la vida social y política que se ha vivido recientemente no siempre se presenta la debida atención a noticias esenciales, lo cierto es que pocas cosas son tan importantes para el devenir de un estado que contar con un verdadero y fundamentado Plan Estatal de Desarrollo. A veces pareciera que se tratara de un documento simplemente obligado legalmente y en el que solamente figuran buenas intenciones del gobierno en turno. Pero no es así, sobre todo cuando nos percatamos que una administración sin objetivos arrastraría a la improvisación y la anarquía en el ejercicio público.

Estos planes, en efecto, no son nada nuevos. Por la historia sabemos que en nuestro país quizá fue el presidente Lázaro Cárdenas quien, posiblemente inspirado en la planeación quinquenal de los soviéticos, formuló un primer plan sexenal en México. Sin embargo, seguramente fue la llegada de los gobiernos calificados como “tecnócratas”, lo que llevó a la formulación de una planeación más certera y realista de las metas gubernamentales. Así, se recordará que Miguel de la Madrid lo hizo de esta forma para los años 83-88 y, posteriormente, Carlos Salinas de Gortari  para el periodo de 89-94.

Por lo que toca a Jalisco, desde luego que se ha dado el paralelismo en estas acciones y así con De la Madrid, el gobierno estatal de Enrique Álvarez del Castillo formuló también un plan de similares características. En lo sucesivo, los planes estatales de desarrollo se generalizaron en todo el país.

En la actualidad, hay que atender que no es asunto irrelevante si bien no tan publicitado y difundido como debiera, contar con un Plan Estatal de Desarrollo fincado en la investigación y el análisis como el que se ha logrado en el gobierno de Aristóteles Sandoval y que, naturalmente, se significa por buscar congruencia con el establecido a nivel nacional por Enrique Peña Nieto. Hay aspectos, por ello, que se advierten tan parecidos, como la búsqueda de un gobierno incluyente y lo que se ha dado en llamar la “democratización de la productividad” que involucra dar prosperidad a todos los sectores y regiones. Para el caso del gobernador Aristóteles Sandoval, esto se refleja en procurar la “equidad de oportunidades”, como lo manifiesta el documento dado a conocer aquí en días pasados.

Claro que atender al análisis de todo el PED, establecido con una visión que rebasa con mucho éste y los próximos tres o cuatro sexenios –lo cual es entendible por la perspectiva que se busca a futuro–, observa tantos puntos que resultaría prolijo siquiera nombrarlos pero, a primera vista, resalta el hecho de que no se trata ya únicamente de una formulación interminable de propósitos sino de una tónica básica que se unifica en la palabra bienestar. El documento se ocupa de puntualizar metas en relación a los aspectos que preocupan más a los ciudadanos, como la seguridad y el empleo, pero se da el espacio necesario a tema que van del entorno, a la atención de género –política también remarcada nacionalmente– y el rubro “calidad de vida” que es mucho más que un enunciado en dicho plan.

Desde luego que un plan, por bien elaborado que sea, no serviría de mucho sin su correcta aplicación, medición y seguimiento. De ahí la importancia que se traduzca en hechos y programas concretos lo expresado por el gobernador de Jalisco en el sentido que la entidad camine con rumbo y que el PED sea la base técnica de un actuar ordenado por la administración que ya pronto cumplirá su primer año de ejercicio.

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