Obras: querer es poder

Hay ejemplos que muestran claramente la capacidad de las empresas locales para afrontar desafíos y acometer obras de grandes proporciones y en tiempos digamos razonables o de acuerdo a lo programado. Hace unos meses así se determinó la construcción del paso a desnivel y nodo vial Ramón Corona que, hay que reconocerlo, causó innumerables molestias que parecían interminables por las largas filas de vehículos y otras cuestiones que alteraron la vida en la zona por espacio de casi medio año.

En general tales molestias pudieron al menos en parte evitarse con una organización de vialidades alternas, señalamientos apropiados y otras medidas que bien habrían quitado tantos dolores de cabeza a quienes tenían que cruzar por el punto, sobre todo a determinadas horas del día. Pero esto ya está quedando en la historia y, en cambio, la obra está empezando a rendir sus frutos y ya la disfrutan quienes hace pocos días todavía las sufrían.

Lo cierto es que cualquier obra magna y casi de cualquier dimensión, causa molestias pero hay que advertir el beneficio correspondiente. Y en el caso del nodo vial mencionado, lo importante es que pudo efectuarse gracias a que las autoridades estatales del ramo (la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública, conocida por sus siglas SIOP) y el Ayuntamiento de Tlajomulco, junto con las áreas de supervisión y los propios constructores, lograron coordinarse en tal forma que no se rebasaron los tiempos establecidos y, lo más relevante del caso, sin sacrificar aspectos de calidad que suelen irse omitiendo cuando las prisas apremian.

Pero no todo es igual en la zona metropolitana. Tenemos en otro rumbo un caso contrario, el de las obras todavía en proceso en la avenida Chapultepec y que, a juzgar por lo informado en principio, hace tiempo debían haberse concluido totalmente. Las autoridades del Ayuntamiento de Guadalajara, responsables del proyecto, por algún motivo, siguen tomando el camino de las preferencias y favores cuando de asignaciones se trata y éste suele ser el caso en Chapultepec. Por ello los tiempos simple y llanamente no se respetaron y falta por ver si la calidad –que ya ha sido impugnada en algunos aspectos y hasta supuestamente con correcciones sobre la marcha–, realmente corresponde a lo proyectado.

Lo cierto es que el calvario se ha prolongado en dicha zona. Aun con la premisa que la obra acarreará pretendidamente beneficios a habitantes y comerciantes del área, las molestias acumuladas durante tantos meses han llevado casi al colapso a algunos de ellos. Y es hora que no terminan sus problemas.

Si comparamos las dos obras citadas tan solo como ejemplo, nos damos cuenta que hubo una gran diferencia en cuanto a las asignaciones que se dan a las empresas responsables y capaces y las que se otorgan graciosamente o por compromisos de diverso tipo. La coordinación de las autoridades con todos los sectores involucrados es el otro punto y está visto que en el caso de Chapultepec se ha procedido muy irregularmente en ese sentido.

Seguramente pronto nos dará la sorpresa el ayuntamiento de finiquitar la obra en su totalidad y hasta habrá muchas fotos, inauguraciones y cosas de esa naturaleza ya que bastante le falta al gobierno municipal para recuperar algo de la confianza e imagen que tanto ha perdido en el camino, pero la verdad, cuántas molestias podrían haberse ahorrado si simplemente las cosas se hicieran a través de los canales debidos, con las licitaciones sin amañar y con una voluntad más decidida y firme no solo por hacer obras sino por hacerlas como es debido. Las obras públicas, como muchas cosas en la vida, se pueden y hacen bien cuando realmente se quiere.

 

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