Nuevas campañas, antiguas promesas

Reformas y reformas y, la verdad, nada parece haber cambiado en el panorama electoral que ya hizo su arribo triunfal a través de los múltiples “spots” publicitarios, así como actos que solamente el que no quiere verlos asegura que “no son” anticipos de campaña, cuando se suponía que la aparentemente endeble estructura local del INE ya debía haber intervenido con más decisión. Así que, sin más, abre el año con la consabida retahíla de promesas que los “precandidatos” nos endilgan a diestra y siniestra. ¿No se trata en este momento de convencer a sus correligionarios de partido para resultar electos formalmente candidatos? Pues no, ahora es toda la población la que debe soportar la escalada de mensajes, anuncios, brigadas en las calles y todo lo demás.

Vamos, ahora sí que ni siquiera la disfrazan. Los candidatos están ya definidos y casi en todos los partidos es mero trámite, el que  acompañados de “paleros” como precandidatos, mismos que posteriormente resultarían premiados con alguna otra postulación o cargo como agradecimiento a su colaboración y comparsería. Sin embargo, un tanto al margen de la legalidad o ilegalidad de las mencionadas “precampañas”, lo cierto es que ya se trasluce que todos los aspirantes andan por las mismas, como queriendo reciclar las antiguas promesas y, aun cuando se trate de suceder a alguien de su propio partido, afirmar que “ahora sí” se van a resolver todos los problemas ciudadanos.

Y es aquí donde realmente hay que poner atención porque los precandidatos siguen haciendo referencia a cuestiones que apuestan más al impacto mediático que a las verdaderas soluciones y programas requeridos. Lo malo es que esto se pondrá definitivamente peor cuando vengan las verdaderas campañas ya que entonces aparecerá la “guerra sucia” en su máximo esplendor, recurso al que ya no puede sustraerse candidato alguno. Veremos si aquí sí se aplica la ley respectiva que claramente señala que no debe haber denostaciones ni ataques personales y directos.

Yo la verdad no animo muchas esperanzas de que prevalezca la civilidad y la cordura, de que las campañas se traduzcan en propuestas serias y trascendentes aunque, por otra parte, cuán importante sería que, principalmente con respecto a la zona metropolitana de Guadalajara, empiecen a tomarse decisiones para alcanzar la tan anhelada planeación urbana y, sobre todo, la coordinación entre los distintos niveles de gobierno con los demás sectores económicos y sociales, para poner término a la anarquía que ya podía haber sido corregida pero que las autoridades actuales no han querido o no han podido poner remedio alguno.

Planeación y coordinación son, en efecto, los ejes que deben regir en toda administración municipal y, también, poder así proceder a las mejoras regulatorias indispensables, simplificar la todavía pesada y engorrosa, cuando no intencionada tramitología que entorpece el desarrollo, así como otras acciones que también fueron en su momento prometidas por los candidatos de hace apenas tres años y que, lamentablemente, incumplieron.

La verdad es que el ofrecimiento de que los ciudadanos mismos tendrán una mayor participación en la toma de decisiones se ha quedado como el “slogan”, la frase más socorrida por los aspirantes que pedirán el voto próximamente pero que constituye uno de los aspectos más oscuros y mentirosos de las autoridades municipales en turno.

Si de coordinación se trata, también habrá que ver qué sucede si, cosa bastante probable, quedan los municipios metropolitanos en partidos distintos. Si la tal coordinación no se ha dado cuando son del mismo color, habrá qué imaginar todo lo que va a suceder cuando un municipio quiere imponer su voluntad sobre los otros por el simple diferendo político.

Ahora que, suponiendo que efectivamente se pusieran de acuerdo haciendo a un lado criterios que no vayan directamente en relación al beneficio social –lo cual sería ideal pero honestamente muy difícil-, los municipios tendrán que afrontar diversos problemas financieros para realizar obras y dotar servicios. Habría que empezar por analizar seriamente por la estructura burocrática en la que también cada partido ha dejado su herencia y que en unos casos soporta la nómina y en otros corre peligro de mayores daños patrimoniales ante la cantidad enorme de demandas laborales de los que fueron simplemente cesados por pertenecer a administraciones diferentes.

De manera que los municipios en adelante se las verán con problemas cada vez más difíciles de superar, razón por la cual el gasto habrá de aplicarse de una manera exageradamente eficiente y evitar, cancelar, impedir a toda costa que lo poco que hay vaya a parar a manos de los vivales de siempre, los contratistas favorecidos, las asignaciones sin licitación y cosas por el estilo. Esto acabaría prácticamente con el anhelo de sanear las finanzas y canalizar el gasto con mayor certeza y honestidad.

Hasta ahora las promesas huecas siguen pululando en sus últimos estertores dentro de los municipios. Vamos, ni los regidores de “oposición” hacen nada al respecto excepto cuando buscan algún lucimiento ante la prensa. Cosas dignas de tomarse en cuenta ya que la catarata de nuevas promesas ya está llegando y aunque otra vez dicen abanderar las causas sociales, suelen terminar en lo de siempre, en decisiones autónomas que hacen a un lado la participación y el interés de las mayorías.