Nubarrones en la planeación y desarrollo urbano

Los pronósticos de crecimiento y expansión urbana en la Zona Metropolitana de Guadalajara no dejan lugar a dudas de que las medidas que se tomen ahora serán determinantes para evitar los errores del pasado y propiciar que el incremento poblacional esperado, cuente con satisfactores fundamentales como es naturalmente el caso de la vivienda.

El punto es que hay muchos cabos sueltos en la planeación requerida para ello y, por qué no decirlo, parece que los intereses particulares siguen prevaleciendo en la toma de decisiones trascendentes. Hay ejemplos de ello. Como que en el proceso de formulación, evaluación y aprobación de los planes parciales en Guadalajara -¡por fin!- pudieron llevarse a cabo; sin embargo, extrañamente la comisión edilicia del ramo, la de desarrollo urbano, ha venido ocultando información ocasionando el total desconcierto de los actores involucrados.

Es hora que, pese a los tan esperados planes ya efectuados, subsiste confusión acerca de puntos torales ventilados como inquietudes esenciales que van desde si el modelo de desarrollo es de verticalidad o no, que si debe alentarse o restringirse el levantamiento de torres habitacionales, si se puede construir vivienda en zonas consolidadas con todo y la controversia que se causa en el aspecto de cajones de estacionamiento, o bien, en otro aspecto, la viabilidad de las mini-viviendas que ya popularmente se conocen como “huevitos”. Así las cosas, está visto que los planes mencionados de poco servirán si no se aclaran tales premisas que, por lo demás, constituyen el principal foco de incertidumbre e inconformidades entre los colonos de distintas zonas.

Por otra parte, no menos importante es tratar de entender las posturas oficiales de algunos municipios. Veamos así la pretensión en Zapopan que por presiones, en vez de propiciar una concentración habitacional que pueda también aprovechar los recursos disponibles destinados a cubrir requerimientos de servicios e infraestructura, se marca ya una perspectiva de expansión hacia la carretera a Colotlán quizá en el orden de unas 30 mil viviendas en el lapso de dos o tres años, lo que equivale aproximadamente a 150 mil habitantes que irían a poblar esa parte del norponiente capitalino.

Y es aquí donde, en ambos temas, por un lado que, pese a contarse con planes parciales se haga todo lo posible por seguirlos frenando y opacando tal vez intencionalmente y, por otro, existan proyectos de crecimiento que van más bien de la mano de los intereses de los desarrolladores quienes, por supuesto, lo que buscan es utilizar sus reservas de tierra barata que seguramente adquirieron bajo el supuesto de que, una vez construidos los núcleos habitacionales, será problema de los ayuntamientos resolver todos los servicios indispensables. En otras palabras, la dispersión urbana tiene razones ocultas que más bien se refieren a los intereses de unos cuantos.

La verdad es que sí se requerirá de un gran esfuerzo para cubrir la necesidad de vivienda en las décadas inmediatas ya que, de acuerdo a los pronósticos serios, efectivamente se sumará un millón de habitantes a la zona metropolitana en el término de treinta años.

Si se observa, con todo y que es indudable la presión derivada del crecimiento poblacional, la planeación no se aprecia imposible, siempre y cuando se puedan privilegiar acciones y proyectos que no respondan a quienes interesa mantener el desorden –por la vía de entrampar los planes parciales, por ejemplo- o bien fomentar de alguna manera la dispersión –aunque sea a título de colaborar “generosamente” en la satisfacción de necesidades habitacionales, para luego propiciar todo tipo de problemas que tendrán que atender las autoridades municipales. Para hablar claro, las posibilidades de renovación urbana por las vías de la repoblación y re-densificación no parecen estar en los métodos que se están sugiriendo e implementando ya que pondrían en riesgo el próspero negocio inmobiliario que se da en sentido opuesto a un crecimiento planeado y ordenado.

De ahí la importancia de que los ayuntamientos y particularmente los regidores integrantes de sus respectivos cabildos, entiendan que los intereses de los desarrolladores seguirán presionando por alternativas que no siempre son precisamente las que mejor convienen ni a la población ni a las autoridades que terminarán por pagar el costo de infraestructura y servicios básicos, lo que va desde lo esencial y primario como agua, drenaje, etcétera, hasta temas de otro nivel como el transporte público y muchos más. ¿No tenemos de todo esto ya suficientes pruebas en nuestro entorno, principalmente en Tonalá, Tlaquepaque, Tlajomulco y desde luego Zapopan? ¿No se llenaron ya bastante los bolsillos autoridades en turno y desarrolladores que dejaron unidades completas a la deriva y en el abandono de servicios a sus habitantes?

Por supuesto que necesitamos pensar en la vivienda que se necesita en el presente y la que se requerirá a corto, mediano y hasta largo plazo pero no es el camino del desorden y menos de los intereses particulares lo que habrá de satisfacerla. Lo verdaderamente imperioso es que se integren todas las partes, que sumen esfuerzos en trabajo de equipo, gobierno estatal (INJALVI) autoridades municipales, desarrolladores de vivienda (CANADEVI), constructores (CMIC), urbanistas y consultores (CNEC) como otros organismos involucrados en el tema, a efecto de consolidar todos los intereses y de manera conjunta gestionar en la Federación, ¿por que no?  Los recursos que permitan ordenar, crecer y construir la infraestructura necesaria para dotar de vivienda necesaria a la ciudad, que la planeación y el crecimiento se den con sustentación jurídica y financiera pero, sobre todo, con la premisa de que impere en todo el interés común.