Mandar desarrolladores a la Chin...a

No hay que buscarle mucho. Si se tiene en cuenta que la actualización de los planes parciales tiene un atraso de alrededor de quince años, las consecuencias saltan a la vista al igual que los problemas generados en materia de construcción de edificios. El diferendo, que a veces toca los límites de pleito de vecindad, por la aplicación de sanciones a desarrolladores que levantaron inmuebles más allá de lo permitido, aprovechando sin duda todos los resquicios de una normatividad defectuosa, tiene sin duda su origen en el pasado, pero no aguanta para seguir así por más tiempo.

Veamos, por principio de cuentas, que el crecimiento vertical no tiene nada de negativo. Incluso podría decirse que es de lo más deseable, sobre todo cuando se trata de procurar la densificación urbana. Lo que no está bien es la anarquía, el hecho de que pueda construir donde se me pegue la gana y a la altura que me convenga, de acuerdo a mis intereses particulares. Todo ello escapa ya a la mesura y al orden que debe existir en el crecimiento de una ciudad y, asegúrelo, no hay metrópoli que no regule y planifique, que no tenga previsto se puedan cometer desvíos de la ley y, a no dudarlo, tampoco se tientan la mano para proceder incluso a la demolición.

Pero aquí hemos sido muy tolerantes. Acaso de vez en vez alguna voz se levanta para llamar la atención de las autoridades y, con el apoyo de algunos medios y recursos como las redes, se logra dar algunos pasos para corregir. Sin embargo, hay que aclarar que esas voces no siempre representan a la comunidad. Un ejemplo de ese afán de tratar de representar a todos cuando en realidad se representa a pocos es el mal llamado “parlamento de colonias”, figura que dista mucho de comprender a todos los habitantes de todas las zonas. Bueno, al menos esa es la impresión que quieren dar y no falta quien les otorgue ingenuamente tal nivel.

Para empezar, el mentado “parlamento” es por ahora el culpable del desorden ya que fue quien promovió y obtuvo la impugnación de los planes que, luego de años y años y múltiples consultas públicas, pudo lograrse. Perfectibles, sí, todos los planes lo son, por eso deben ser revisados periódicamente de acuerdo a la ley. Pero la carencia de ellos lleva al mismo caos, a la incertidumbre y no pocas veces al contubernio entre autoridades y particulares para llevar adelante acciones temerarias y francamente ilegítimas. Pareciera que tal “impugnación” tuvo su origen precisamente en el ánimo intencionado de mantener las cosas en el limbo para, de esta forma, dar manos libres a los que de antemano buscan sus ganancias en el río revuelto.

La experiencia de la ciudad es casi dramática en cuestión de ordenamiento urbano. Sabemos que muchos fraccionamientos y colonias se levantaron contra cualquier regla de sentido común. Desde los que se construyeron sobre barrancas y rellenos sanitarios hasta los que evidentemente pasaron por alto cauces, bosques, descargas naturales, etcétera. Pese a todos los males generados, no hay quien pare ni ponga freno. De ahí que no puede criticarse a la autoridad municipal por las medidas adoptadas en contra de los que se dieron gusto en construir pisos y más pisos sin ninguna regulación y que, como es sabido, ahora adoptan posición de víctimas cuando -de menos-, se les aplican sanciones económicas en la llamada “compensación”.

Claro que esto no es una solución definitiva. Lo hecho ya está hecho y habría que valorar hasta qué punto vale la pena demoler parte de lo realizado cuando ya puede haber terceros afectados (compradores de buena fe, por ejemplo) pero, por otra parte, mal haría el gobierno tapatío -como el de otros puntos de la zona metropolitana-, en permitir se sigan dando estas tropelías a cambio de sanciones pecuniarias que no resarcen para nada los potenciales perjuicios del desorden.

No obstante, habría que esperar que el alcalde Enrique Alfaro siguiera más por la línea de la aplicación de la ley que a dejarse ganar por sus propias expresiones no siempre afortunadas. Mandar a la Chin…a a sus detractores en la materia, no parece congruente con su nivel aunque, como es natural, cada uno a nuestro modo estemos de acuerdo con él.

El asunto que fue controversia en los días recientes tiene, como se ve, raíces profundas y las soluciones no son fáciles. Quizá lo bueno es que de nuevo vuelva a tomarse en cuenta y con seriedad la necesidad, urgencia vital diríamos, de una planeación genuina. De ahí la importancia de dar continuidad al trabajo de Ricardo Gutiérrez del IMEPLAN, el Plan de Ordenamiento Territorial y lograr -con la participación de organismos como la Cámara Nacional de Empresas Consultoras y otras más- el Plan de Desarrollo Municipal. Lo que falta es impulsar se trabaje sobre formatos más dinámicos que permitan al municipio ir adecuando sus opciones de desarrollo.

La verdad es que no hay que buscarle mucho. Ojalá y la ley se aplique ya en el futuro en forma irrestricta. Las medidas pragmáticas son sólo emergentes. Lo que falta es poner orden finalmente, acabar con el caos subsistente, quitarle frenos a las inversiones legales, conservar el patrimonio de la ciudad y, en suma, dar rumbo al crecimiento para generar auténticas oportunidades de desarrollo. Esto sí es por el bien de todos.

miguel.zarateh@hotmail.com  

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